Estoy de acuerdo en que Urdangarín es la palabra menos “flamenca” del mundo

Amigos, prometí responder a vuestros mensajes en este blog y allá voy. Como muchos preguntáis lo mismo, han seleccionado 3 preguntas sobre el mismo tema y que más o menos se repiten. Hoy va sobre las letras que canto pero por lo que más me preguntáis, en los cientos de mensajes por responder, es cuándo voy a cantar en vuestro pueblo o por qué no quiero cantar allí… Pero son muchos mensajes, los tienen que agrupar por ciudad y ya responderé. Os dejo con las preguntas

  • “¿…. Alguno de los fandangos que grabaste los quitarías de tu discografía si pudieras?” #JuanAntonioRodriguez

Alguno, si pudiera, lo mejoraría. Por ejemplo, ese que dice: en lo alto de un olivo / la escopeta voy a colgar / me he llegao a convencer / que si sirve pa matar / no la volveré a coger… Porque yo nunca tuve una escopeta, ni cualquier otro tipo de arma, ni me gusta la caza. Y como letra no vale mucho… Seguramente hay más de estas pero he grabado cientos y muchas ni las recuerdo. Yo soy bastante exigente con lo que grabo pero puede uno tener un mal momento al montar un disco… Esas letras luego, nunca las canto en directo.

  • “José, tu eres de los maestros puros que nos quedan y por eso te seguimos los que nos gusta el cante por derecho pero ¿no crees que algunas palabras o algunas coplas quedan mal en el cante, no suenan muy flamencas, y hasta te perjudican porque le dan carnaza a tus enemigos?” #pacoglezgil

Y me manda, con algún error sin importancia en la letra, unos fandangos de ejemplo:“A los que hacen las guerras / les voy a decir una cosa / que se metan bajo tierra / pa que el mundo huela a rosas / porque huele mucho a mierda

Recuerdo que, hace ya un montón de años, en un festival me dijeron que, entre bastidores, me estaban escuchando algunos compañeros cantaores y que un gran maestro, al que admiro y respeto, exclamó cuando terminé el fandango: “¡Ya lo ha dicho!” Y surgieron algunos  “eso es falta de respeto al flamenco… eso sobraba… la gente se lo aplaude to…” Me parece cursi llamarle a la mierda otra cosa. Yo seré un cantaor mu raro porque, lo que no cantaría nunca, es, por ejemplo : “al que no sepa istinguir / que le corten la cabeza / y me la traigan a mí”. Pero eso sí, la letra es mu flamenca, y tiene mucho arte, según “los  cabales”… Y tampoco cantaría “A mí me pueden mandar / a servir a dios y al rey / pero dejar a tu persona / eso no lo manda la ley”… que también es mu flamenca y por eso la han cantao, con todo el derecho del  mundo, hasta algunos cantaores de los llamados “rebeldes”, porque “es flamenca”…. Pues muy bien, yo que soy republicano y también mu flamenco, con no cantarla tengo bastante y no me meto en lo que hagan otros.

El Cabrero por Toni Blanco (2015)

El Cabrero por Toni Blanco (2015)

El segundo fandango que apunta es “Algo tendrá que decir / jefe de todo el condado / porque rodan por ahí / rumores de alto calado / de tu yerno Urdangarín”  Y estoy de acuerdo en que Urdangarín es la palabra menos “flamenca” del mundo, es más, yo aún no la he aprendío a pronunciar bien y unas veces digo Undangarín, otras Undargarín… un lío, pero la gente me entiende. Algunos flamencos ignoran que el fandango, en el Alosno, es casi una crónica de la actualidad local y se presta hasta al chascarrillo y a mandarse indirectas entre vecinos… y lo ignoran porque no han profundizao en el tema y no se han parao a analizar ciertas letras ya tradicionales y otras del Toronjo: “Verraco! / Eres el mayor verraco / que entra en una zahúrda / y aquí traigo el sacatraco / pa sacudirte las pulgas / que tienes en el sobaco” y esta otra “Lo coronaron de espinas / a nuestro pare JesúCristo / lo coronaron de espinas / por poco lo dejan tuerto / los hijos de la gran puta / ¿No es pa cagarse en sus muertos?”

Estos dos fandangos son de Paco Toronjo y, el segundo lo había cantao Paco hasta delante de la “guardia siví”. Nadie se ha molestao ni nadie ha dicho que las letras de Paco no fueran flamencas. Mi repertorio es bastante denso en contenido, no es un paseo por lo frívolo y hace más bien cavilar que otra cosa. Por eso a veces, en los finales, cuando ya me he relajao algo, me gusta darle a la gente un momento diferente: una tanda de fandangos que les hagan sonreír o reír. Entre ellos, alguna vez estos dos del Toronjo y la gente se ríe pero, en mi voz, a algunos les molesta y yo de eso no me alegro pero tampoco me deshago: voy a lo mío.  Y que conste que no pretendo ser más que otros: todos los cantaores cantamos lo que nos sale de las tripas, lo que nos gusta y lo que sentimos ¡No faltaba más! Eso sí: todos no tenemos los mismos gustos ni las mismas opiniones ni el mismo sentir. Y menos mal porque lo contrario iba a ser mu aburrío.

  • Me podría decir si escribe usted las canciones o su mujer y cuáles son sus preferidas? #MARIDELVALLE

Unas las escribe Elena, mi compañera, otras yo y otras los dos. ¿Mis preferidas?… Bueno, lo que no falta en mis actuaciones es la soleá, la seguiriya, la malagueña, los fandangos, las tonás y ahí las letras las voy decidiendo sobre la marcha y se entremezclan algunas tradicionales, otras nuestras pero ya antiguas, es por lo que me dé. Luego, de lo que tengo adaptado al flamenco, el Soneto de Borges, con música de Alberto Cortez, es muy raro que no lo cante. La letra es bellísima y Alberto ha hecho una obra maestra de la composición musical. Me gusta Como el viento de poniente y Pastor de nubes, los dos letra de Elena y esas canciones por bulería, Luz de Luna o Con el viento y con el agua… que muchas veces las mezclo y me las siguen pidiendo la gente después de 30 años. Las canciones de Alberto Cortez, todas y últimamente no falta Si se calla el cantor, de Guarany y siempre El Macho Montés, con letra mía, que habla de un animal muy hermoso al que algunos matan por diversión.

Hasta la próxima, amigos. Gracias por escribir, por preguntar y por vuestro apoyo. Un abrazo

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Yo no he sido

Hubo una época en que tos los daños que había en el campo los hacía el del Tío Crespo, que era yo. Y estaba un día sí y otro no en el cuartel de la guardia civil, denunciao por los dueños o los guardas. Pero yo no era… y casi siempre sabía quiénes habían entrado en los sembraos pero nunca me escudé en la espalda de otro pa salvarme yo:  me conformaba con repetir mil veces “Yo no he sido”.

Yo quiero a mi pueblo y es más bien para mis paisanos que escribo esto y porque no vivo allí y no tengo otro sitio para decir ese: “Yo no he sido”

Me han llegado copias de un escrito por wasap que está difundiendo, presuntamente, el alcalde sobre mi ausencia al festival de Aznalcóllar. Y digo presuntamente porque, si no es él, lo puede desmentir y yo me disculparé y averiguaré de dónde proviene el escrito.

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Festival 2012

Lo que dice el escrito que, presuntamente, envía el alcalde:

“Por parte de este ayuntamiento Aseguro que no ha cantado porque no ha querido”
Es cierto

– “Se ha puesto todo en las condiciones que pidió su manager”
No es cierto. Lo pactado era participar en un festival del mismo formato y en las mismas condiciones que los tres anteriores. NO se cumplió

“Una vez colgado el cartel en varios pueblos como El Castillo, Aracena y otros más pidió que se pusiera otro cantaor más de renombre”.
Eso tampoco es cierto. El día en que mi manager le dijo al alcalde que, en esas condiciones, yo no cantaba, el cartel estaba sobre la mesa del alcalde porque “el diseño era tan malo que no lo podía imprimir y acababa de pedir que se hiciera otro. Ni en las páginas de Facebook del Ayuntamiento, ni de la Peña Flamenca había algún tipo de anuncio sobre el festival. Y yo no pedí otro cantaor por capricho: pedí que se mantuviera el formato del festival que yo había apoyado los 3 últimos años. Sólo eso.

“Aún así pidió a productor o empresa que pusiéramos a una cantaora que no nombraré y una vez tratado el precio aceptamos el precio también para que ésta cerrara”.
Eso tampoco es cierto. Yo no pedí en ningún momento a ningún artista determinado, ni cantaor ni cantaora, sólo que se mantuviera el formato.

– “Después de aceptar todo nos pone otra cosa cambiar festival a otra fecha”
Tampoco es cierto; yo no había aceptado participar por dos cosas que iban parejas: el formato del festival modificado y tiempo insuficiente para hacer la promoción que se merece y necesita un gran festival flamenco.

Lo que pasó cronológicamente:

Finales de mayo, celebradas las elecciones, Agapito – aún alcalde en funciones – nos dice que el nuevo alcalde mantiene el festival tal como se celebró los últimos años. Mismas condiciones -o mejores –  que los tres últimos años y fecha primer sábado de agosto. La cerramos.

Un día de junio nos llama un representante y nos dice que el festival de Aznalcóllar se ha cambiado de fecha y se hará el día 8. Preguntamos al representante quién había decidido el cambio de fecha y nos dice que El Montero, que es el que elige a los artistas y hace el festival. Pues muy bien… pero no estaría mal consultar antes la disponibilidad del que se supone que era el cabeza de cartel… Pues nadie nos había llamado.

Ese mismo día hablamos con el Ayuntamiento y dijeron que ellos no sabían nada del cambio de fechas y que mantendrían la fecha tradicional del primer sábado de agosto.

Mediados de julio (Todo el mismo día), preocupados de no ver promoción del festival, llamamos al alcalde. Nos dice eso del cartel, que aún no se había impreso porque el diseño era cutre, y que estaba esperando que hicieran otro. Nos lee el cartel y vemos que no habían contratado el artista que faltaba para mantener el formato del festival y se lo decimos.

– El alcalde le pide a mi manager que le aconseje un artista. Ella dice que no se mete en eso. Quedan en que le diremos a Bernardo, el que hizo el resto de contratos con El Montero, que llame al alcalde y que ellos decidan. Bernardo, que ese día está libre La Macanita y se la va a proponer. Nos alegramos: gran cantaora!

– Mi manager le dice al alcalde que, de todas formas, es tiempo insuficiente para promocionar con un mínimo de profesionalidad un Festival Flamenco (ni dos semanas los carteles expuestos y nada aún en internet). Que de un gran festival como había no se podía hacer una chapuza. Que la única manera de hacerlo apropiadamente era trasladar excepcionalmente la fecha a la segunda quincena de agosto para tener mínimo 4 semanas de promoción. El alcalde, de acuerdo con lo que era una realidad, la falta de tiempo, dijo que arreglaría el tema y que por la tarde lo llamáramos para ver la nueva fecha y el cartel definitivo.

– Llamamos por la tarde y la respuesta del alcalde fue, sorpresivamente, que el cartel se quedaba como estaba, aunque no se mantuviera el formato del festival y que la fecha también se quedaba en el 1 de agosto. Preguntamos qué había pasado en tan pocas horas y la respuesta fue: No se cambia porque dice el Montero que no se puede. Y punto, sin más argumentos.

– Mi manager le responde que yo en esas condiciones no participaré en el festival. Y ya está.

¿Qué otros motivos podría tener yo para no participar en el festival de mi pueblo si  estaba orgulloso de él y lo estaba esperando con mucha ilusión? Ese no era el festival que yo apoyé durante 3 años y el que pacté desde el primer día y el alcalde es dueño de poner al frente del festival a quien le de la gana y hacerlo como le apetezca y yo soy libre de decir NO.

Me gusta que se trate al Flamenco con mucho respeto y profesionalidad. Eso está por encima de mi propia conveniencia… Porque yo podía haber cantado, cobrado, vuelta pa mi casa, y quedo bien con todo el mundo… pero

Yo no soy el animal
que se calla por un pienso
Yo no soy ese animal
Porque tengo en mis adentros
Una disconformidad
Que me sirve de alimento.

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“Pero, so imbécil ¿no ves las estrellas en la bandera? ¡Que es el General!”

El 4 de julio vuelvo a Zambra, que me voy a tener que empadronar allí, por lo que me quieren, y porque ya no sé cuántas veces he cantao en su Noche Flamenca, festival puntero en Andalucía. Esta edición 2015 se la dedican a Calixto Sánchez, gran cantaor, gran compañero y amigo.

Con Calixto compartí tantas y tantas noches de cante por derecho, como es el suyo. Se lo merece sobrao y estoy deseando darle un abrazo y escucharlo cantar.

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Y una anécdota que cuenta el genial Kalvellido hoy me recuerda algo que me pasó allí, en Zambra, hace unos años,  cuando yo era ya “más manyao que el tango La Cumparsita”[1].

Al llegar al recinto, después de saludar a un chorro amigos que me esperaban en la entrada y hacerme otras tantas fotos con ellos, me fui directamente a los camerinos.

Habían puesto un guarda de seguridad en la zona de artistas para que sólo entraran allí los músicos y sus equipos. Y el guarda me miró de arriba abajo y me dijo que no podía pasar. Pero hombre, cómo no voy a pasar si yo canto aquí esta noche… ¿No ve Ud los carteles ahí con mi foto? ¿Soy yo, o no soy yo? Pues, con cartel y sin cartel,  era que no, que sin autorización de la organización allí no entraba nadie… los que iban conmigo se cabrearon con el guarda, pero yo no, yo me jarté reír aquella noche y ahora os cuento por qué.

Cuando estaba haciendo la mili en el cuartel de Maestranza, donde está hoy el teatro, me pusieron de guarda en la puerta y me dijeron que no dejara entrar ningún vehículo. El primero, y único que llegó, fue uno mu aparatoso y, cuando dije que no podía pasar, el chófer se quedó de piedra: “Pero, so imbécil ¿no ves las estrellas en la bandera? ¡Que es el General!”… Vale, pero yo cumplo órdenes y aquí no entra ni dios.

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Con unos compañeros en el polvorín de la Sierra San Cristóbal

Luego, claro que al final entró, como yo en los camerinos: cuando intervino “La Organización”! A los pocos días me mandaron, castigao, de paquete en una motito, sin casco, sin comer, a cumplir el resto de la mili en un polvorín de la Sierra San Cristóbal, en la provincia de Cádiz.

Pero lo mío fue distinto a lo del guarda de seguridad de Zambra: yo, en el ejército, sólo me tomaba a rajatabla lo que me convenía.

[1] Manyao (del Lunfardo: conocido, famoso) “Pero si sos más manyiá que el tango La Cumparsita” del tango Tortazos, letra de Enrique P. Maroni

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“¡El Cabrero! Ah! Pero ¿Sigue vivo?”

Hace un año se publicó una novela corta inspirada en la figura de El Cabrero: Debo ser muy buena presa… cuando tengo tantas escopetas apuntándome, frase acuñada por el cantaor con respecto a la persecución de que fuera objeto en su reivindicación de las Vías Pecuarias. El autor de la novela, Eduardo Izquierdo, hizo algunas entrevistas en radio y de ellas y ciertos artículos sobre la novela se desprendió que algunos periodistas lo daban por retirado de la profesión, o directamente por muerto…

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Esta mañana, en Onda Cero, el gran Fernando González Lucini llevó su voz al programa de Isabel Gemio, Te doy mi palabra, del que es colaborador: “¡El Cabrero! Ah! Pero ¿Sigue vivo?”… Isabel, que lo conoció vía Jesús Quintero hace alrededor de treinta años, obviamente, lo daba por muerto.

Puede parecer inexplicable porque El Cabrero, 42 años de carrera, nunca cesó su actividad y siempre tuvo, y tiene, una destacada presencia en los escenarios; Madrid, años alternos en Veranos de la Villa y llenazos, en Jardines de Sabatini o Teatros, Auditorios y cualquier recinto donde haya sido programado. Por no hablar de los grandes Festivales de Flamenco y de cómo éstos multiplican su aforo cuando nuestro “fallecido” encabeza el cartel. También se porta bien el “finado” en las giras internacionales, abarrotando allende Pirineos… Pero de todo eso ¿quién se entera, si los medios callan?

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 Por eso no me molestó, ni sorprendió, la pregunta de Isabel Gemio a Lucini porque, en efecto, tiene sus motivos. Mediados de los 80, la dinámica de los medios, paralela al veto de la Instituciones Públicas, fue primero negar su calidad de cantaor: era un “ídolo de multitudes” pero no sabía cantar. Como esto no mellaba su popularidad, optaron por descalificar a sus seguidores: mismo festival, idéntico público que era tratado como “el respetable” si aplaudía a otro cantaor de la terna y “la masa” cuando ovacionaba a El Cabrero. Pero los aficionados seguían llenando recintos y fue entonces cuando medios e instituciones pasaron al ninguneo y luego al ostracismo; hasta el extremo ridículo de vetarlo en una guía de flamenco publicada por la Junta de Andalucía hace unos 12 años, donde figuran todos los flamencos, hasta los principiantes, pero ni rastro de El Cabrero. Y  de estos mimbres, una canasta.

Así se explica que los de Radio3 y  hoy Isabel Gemio lo dieran por muerto… ¡Y bien muerto! Si canta en Jardines de Sabatini, al día siguiente TVE cierra informativos con su concierto  y emiten sólo imágenes de la cantaora que habíamos invitado de telonera…

Si cortan las calles en Córdoba, en La Noche Blanca, porque no cabía más gente en el Auditorio de la Axerquía, Canal Sur lo entrevista entre un gentío impresionante y al día siguiente emite imágenes de Niña Pastori, Enrique Morente y Pitingo, esa noche también en distintos recintos de Córdoba y en la misma programación, pero ni una de El Cabrero

 Si la Televisión pública francesa produce un documental sobre El Cabrero, lo premian en el Festival de la Rose d’Or de Montreux, lo emiten más de 40 cadenas en cinco continentes y en el país de origen del protagonista tienen que esperar sus seguidores 25 años para verlo y gracias a que alguien lo grabó de la tv francesa y lo colgó en youtube… Así, un libro entero.

Claro que está muerto para los grandes medios que son, ellos y las Instituciones Públicas, quienes le han dado la cicuta. Sin embargo, no han podido evitar que uno que no existe ande por ahí cosechando ovaciones y molestando a gente con mucho poder.

Queridos amigos: visto lo visto, más vale recordar aquí que El Cabrero sigue en activo y que cantará precedido de su hijo, Emiliano Domínguez Zapata, el 8 de mayo en el Auditorio Pilar Bardem, de Rivas Vaciamadrid.

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Y si no, que se lo pregunten a las borregas

Un amigo ecologista me envió unas fotos de las borregas por el Paseo de la Castellana de Madrid y es pa ponerse a cavilar.  Porque eso es hacerles pasar un mal rato; ni hierba, ni monte: hormigón, contaminación y al paso que le conviene al pastor, no a ellas… ¿Agua? ¿Alguien se ha preguntado cómo sienta en las pezuñas el asfalto caliente?

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Está claro que los compañeros, los pastores que van a esa Fiesta de la Trashumancia, no opinan, como yo, que es una tortura para los animales. Hasta para mí lo sería, que me llevaran, para una fiesta, andando desde la Casa de Campo hasta el centro de Madrid. Y es que yo veo las cosas como un animal más, eso sí: “un animal que canta, por el hecho de pensar”

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Yo digo que las vereas hay que reivindicarlas en el tajo, donde el ganao tiene el paso natural, el careo, y si es preciso, comerse lo que esté sembrao en terreno público, que eso es lo que les duele a los terratenientes. Porque, las Cañadas tienen 75 metros de ancho; los Cordeles 37,5 y las Veredas 20 metros y  la mayoría, los propietarios colindantes, las han sembrado o vallado y han dejado justo el espacio para poder pasar ellos con sus cosechadoras.

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A principios de los años setenta me puse a reivindicar las Vías Pecuarias, en mi pueblo, con la ayuda de Elena que era la que procuraba que no me metieran preso por desobediencia a la autoridad. Ya ni recuerdo cuántas veces fui al Cuartel de la Guardia Civil y a juicio. Entonces no había “Ecologistas” ni nadie que hablara de esos caminos de ganado. Ni el abogado sabía qué eran las Vías Pecuarias pero salí siempre absuelto porque la información que me había dado Elena sobre las medidas de cada verea era de ley.

Durante más de diez años fue una lucha sólo en familia pero en 1989 tuve un altercado con la guardia civil de mi pueblo en una verea y fue bastante sonado en los medios de comunicación. IUCA llevó el asunto al Parlamento Andaluz, con un escrito que escribió Elena, exigiendo que se cumpliera la ley y normativa de las Vías Pecuarias y que se deslindara. Lo aprobaron por unanimidad. Luego, no hicieron nada… y Elena, cada año, mandaba un telegrama a todos los grupos políticos recordándoles que lo que habían votado no lo habían cumplido y nunca le contestaron sus señorías.

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Bueno sí, uno se prestó pa lo que se necesitara y fue nuestro viejo amigo Antonio Romero. Era diputado en Madrid por IU y Elena le pidió que le hiciera en el Pleno del Congreso una pregunta al Ministro de Defensa: Si era cierto que las Vías Pecuarias, usurpadas, cercadas y hasta cortadas, constaban, en la cartografía del ejército, como vías de evacuación de la población en caso de catástrofe. Y el ministro dijo que sí y “fin de la cita”

O sea, que el tema ha entrado en Congreso y en el Parlamento de Andalucía pero no en las vereas que ahí están: usurpadas, cortadas, valladas y envenenadas porque llega la química que le echan a los sembrados hasta el borde del camino.

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Por eso les digo a mis compañeros, los pastores y cabreros, que creo que esto no se arregla ni con “Sus Señorías” ni con reivindicaciones en el Paseo de la Castellana. Se arregla, en el tajo.

Y que piensen que a lo del Paseo de la Castellana le llaman Fiesta de la Trashumancia y, siempre que se utiliza a algún animal para una fiesta, maltrato seguro. Y si no, que se lo pregunten a las borregas.

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No me gustan los premios, ni los privilegios: con que no me veten, me conformo (El Cabrero)

Desde octubre 2014 han resurgido varias iniciativas con objeto de solicitar, para El Cabrero, ciertas medallas o premios de esos que las instituciones suelen otorgar en fechas destacadas. Venían de Córdoba, Málaga y Madrid; aficionados al flamenco y “cabreristas de toda la vida” que querían nuestra aprobación para recoger firmas con ese propósito.

El Cabrero en un reportaje reciente de Juan Pablo Pereda

Tardé en comprender por qué coincidían las tres propuestas en el tiempo hasta que recordé que todos hacían mención a los setenta años que José cumplió el 19 de octubre y a la preocupación de todos ellos ante la posibilidad de que “abandone los escenarios sin que se le haga justicia”.

¿Podría un premio, una medalla o cualquier distinción, por importante que fuera, reparar décadas de veto, discriminación, ninguneo y trabas, de toda índole, a su carrera? Yo, que he tenido – y tengo – que sortear todo eso para evitar que su voz sea silenciada, afirmo que no. Y no señalo aquí causas-efecto porque son obvias.

El Cabrero nunca ha sido amigo de distinciones, ya lo comentamos en este blog, por eso nunca se ha sentido excluido del ranking de “premiados” y, cuando le han sugerido que estaba siendo discriminado en el reparto , su respuesta ha sido siempre: “No me gustan los premios, ni los privilegios: con que no me veten, me conformo”.

No fue cómodo tener que rechazar las tres iniciativas y enfrentarnos a la decepción inicial de sus promotores que habían puesto mucho entusiasmo en ellas. Pero al final, lo entendieron porque, si bien tenían sus razones y eran solidarios y nobles sus propósitos, se equivocaban en lo fundamental: a El Cabrero se le hace justicia cada vez que se llena un recinto donde lo anuncian y el público se emociona con su cante. Cuando pasa horas, después del concierto, saludando y recibiendo el cariño de tanta gente que espera, hasta la madrugada, para estrechar su mano y cuando los grandes medios de comunicación desprecian los discos que publica y los aficionados los compran porque hacen correr la voz, de boca en boca.

Aunque lo haya dejado para el final, se me ocurrió esta entrada en el blog al recibir hoy un comentario en un vídeo de los que tenemos publicados en youtube, el documental El Cabrero, el Canto de la Sierra:

Tengo 15 años y en el instituto propuse este documental en Filosofía, la gente se quedó pasmada y desde entonces se interesan por El Cabrero”

A El Cabrero se le hace justicia, cuando vienen a sus conciertos los hijos y nietos de sus primeros seguidores y le dicen: te escucho desde niño.

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De pesebres y pesebreros

En cuarenta años dedicada a la producción y distribución de música, he visto pesebreros de todos los colores y rangos que comparten factores: pocos escrúpulos, hipocresía elevada al cuadrado y “pelaje” de camaleón. El denominador común: la ambición.

El pesebrero suele pensar, opinar y creer ad hoc, según el interlocutor y, cuando las circunstancias lo obligan a disentir, se las apaña para dar una de cal y otra de arena. Se declare “apolítico”, de derechas de toda la vida, de centro, o de izquierda con carnet, siempre es políticamente correcto.

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JORDI SAVALL ha renunciado al Premio Nacional de Música en desacuerdo con la política cultural del gobierno. Chapeau!

El pesebrero – o aspirante – nunca se cierra puertas, no tiene enemigos profesionales ni políticos, es un tipo sociable, complaciente y astuto. No opina de política ni de temas sociales, salvo en los camerinos, “porque eso no tiene nada que ver con el arte”. No hay afrenta, injusticia o escándalo político, por repulsivo que sea, que merezca su reprobación pública y, si lo hace, impulsado por su militancia activa en algún partido, es maestro en nadar y guardar la ropa.

El pesebrero tiene necesidad vital del pesebre para trepar en la profesión porque, generalmente, su tirón popular es insignificante y más por su incapacidad de transmitir emociones al respetable que por falta de oportunidades. Pero, cuando el pesebrero alcanza notoriedad e influencia entre los que reparten el pienso, le crecen los alumnos, seguidores e incondicionales dispuestos a proclamarlo el más grande, adularlo hasta el empalago y denostar a sus rivales profesionales, a cambio de las sobras, de los granos que se caen al suelo.

COLITA

COLITA renuncia al Premio Nacional de Fotografía y le dice al ministro de cultura que no le apetece fotografiarse con él. Grande, Colita!

Ayer, hablando de dos grandes, el músico Jordi Savall y la fotógrafa Colita, que acaban de rechazar sendos Premios Nacionales en desacuerdo con la política cultural que está perpetrando el gobierno, me decía una amiga: “si la mayoría actuara así, otro gallo cantaría… pero es al revés, pocos le hacen asco a un premio nacional y 30.000 euros”.

Primero fue el pesebre, esa parte del presupuesto que sirve a los que gobiernan, y no se salva ninguno, para modelar las artes a su conveniencia, controlar el mensaje del creador o intérprete, manipular la realidad artística, servirse de personalidades destacadas de la cultura para su propaganda y condenar al ostracismo a los desobedientes.

Pesebre y pesebrero se necesitan como la mina al minero, y viceversa, y hay cola de aspirantes en lista de espera. Luego están los otros, los que no se postulan pero, si cae algo, no miran la mano que reparte. Y, finalmente, los menos, esos que son excepcionales en su profesión y, además de excelencia, poseen altura de miras, dignidad, coherencia, valentía y ejemplaridad para decir NO cuando les sale del alma.

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Mientras las piernas me aguanten, voy a ser cabrero

Cuando, a principios de los ochenta, un conocido crítico de flamenco sentenció que El Cabrero sería el cantaor de la transición, acertó: octubre 2014 y la transición aún no se ha hecho porque siguen en los puestos de poder los herederos del régimen franquista.

Pero los tiros apuntaban a otra diana: El Cabrero era una estrella fugaz, un artista de paso ya que su fulgurante popularidad se debía, según el gurú cordobés[1], a factores ajenos al arte. A saber,  su atípico atuendo e “impresionante” aspecto físico. (sic)

Mi querido Cabrero acaba de cumplir 70 años y 42 en los escenarios, con el mismo proyecto y actitud de su primer recital, y sin haber perdido nunca ese sitio de privilegio que el Cante Jondo y la afición otorgan sólo a sus elegidos.

En 1974 produje su primer recital en solitario, en el Teatro de l’Atelier, de Ginebra y, hace sólo 10 días, un concierto en el Festival de Marne, en París. Frente a la inexperiencia de entonces, la maestría de hoy pero idéntico su compromiso con el cante por derecho y con su entorno social. Y ahora, como en su debut, su figura rotunda, sin tapujos, reivindicando rabiosamente su independencia frente a los poderes, del color que sean.

Esta mañana, igual que siempre, se levantó poco antes de salir el sol para ir a ordeñar sus cabras, ahora sólo una pequeña tropa. Como se hizo el remolón cuando sonó el despertador, le pregunté si estaba cansado y me respondió que le hubiera gustado dormir un par de horas más. Le recordé que, tarde o temprano, tendría que dejar el ganado: “Ya tengo una edad pero, mientras las piernas me aguanten, voy a ser cabrero… ¡Más que las cabras me cansan los viajes y mientras me acompañe la voz y el público voy a seguir siendo cantaor! Yo soy feliz así, haciendo lo que me gusta! Y me vino al recuerdo aquella nota de Paco Vallecillo: “Los que necesitan tan poco para sentirse felices no tienen precio, porque no se ponen en venta y, si logran transmitir su mensaje y sus valores al público y éste los sigue, son muy molestos para el poder y el castigo será siempre proporcional al fervor que despierten y a la popularidad que alcancen”

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El Cabrero, agosto 2013 (Foto de Juan Pablo Pereda)

Con motivo de su 70 cumpleaños muchos le habéis escrito y ha sido emocionante para él y para quienes lo queremos. Yo tengo por costumbre regalarle una nueva canción por estas fechas. La comparto con vosotros, con mi agradecimiento, porque vuestro apoyo ha logrado vencer, a través de los años, el ostracismo al que lo condenaran los poderes políticos y mediáticos cuando se dieron cuenta de que “su propia disconformidad le servía de alimento”

(Para El Cabrero en su 70º cumpleaños)

No lo hago por capricho
al escoger, de las aguas,
para mi sed, la que escupe
el risco de la montaña
Nunca me gusto beber
en corrientes que se estancan

Y no es por casualidad
si busco, entre los caminos,
los que están mu poco andaos,
como hace el macho cabrío.
A veces pienso que lo hago
Pa protegerme mí mismo.

Tampoco por provocar
voy a cantar lo que siento
Si estoy contento lo digo
si estoy triste me lamento
si me avasallan denuncio
si me oprimen me rebelo

Porque nací de persona
con dignidad y sentimientos
¿Pa qué me sirve la voz
si no canto lo que pienso?
Si me callara algún día
será porque me haya muerto.

Elena Bermúdez

[1] Agustín Gómez

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Así será la Autobiografía de El Cabrero

“El cante de Camarón era una besana llena de flores de mil colores y el de Juan Talega, la tierra”

Definición que dejó El Cabrero, hace poco, en una reunión en casa, con Pedro Miño y Eduardo Izquierdo. Me pareció oportuna y la anoté de inmediato. Lo vengo haciendo desde el 72, tras nuestra primera conversación en Ginebra. Entonces, hablando del campesino andaluz y el habitante de las grandes ciudades como Madrid, París, Roma, que él acababa de descubrir, me soltó un par de frases que me dejaron perpleja: estaba parafraseando al Zaratustra de Nietzsche! Se lo dije…

“¿Quién es ese Niche?” Me confesó que era casi analfabeto y que sólo había leído, con dificultad, alguna novela de Lafuente Estefanía, en la mili. Hasta altas horas de la madrugada lo escuché, intrigada, preguntándome de qué madera estaba hecho aquel “analfabeto” para hablar con tanta lucidez, concisión y hondura de temas trascendentales.

Pensaba comentarlo, por la tarde, en la tertulia de Herrera Petere[1] pero, cuando intenté anotar alguna frase, al despertarme, no las recordaba con suficiente precisión. Me sentí frustrada y decidí, en el futuro, enmendarlo.

Y lo hice: durante toda nuestra convivencia, si algo en su discurso me llamó la atención, lo anoté, en cualquier circunstancia, hora y lugar. A la vez que el cuaderno se llenaba de contenido, opté por poner una pequeña grabadora en la mesita de noche y recoger nuestras larguísimas conversaciones, esas que comenzaban de madrugada, cuando se dormían los niños, y acababan, a veces, al alba. Con esto y mi diario personal, en pocos años tuve material para una biografía. Aún así, le pedí a varios amigos, en distintas épocas, que lo entrevistaran sobre temas que quedaban por tocar o no habían sido suficientemente desarrollados. Y ahora sí tenemos mimbres sobrados para hacer la canasta.

Todo esto para anunciar, a quienes la vienen reclamando desde hace tiempo, que pronto podrán tener en sus manos, una biografía de El Cabrero amplia y bien documentada. Y, como no podía ser de otra forma, contada por él mismo. Os dejo un adelanto:

(pregunta)

Eleuterio Díaz, enviado a la ocasión de Jesús Quintero, refirió, tras vuestro encuentro, que se había sentido muy identificado contigo especialmente por la definición que le hiciste de tu infancia: “Me crié a fuerza de jinchonazos y de pasar los caminos rápido”. En términos parecidos describes tu niñez, en numerosas coplas, muy especialmente en Como el Viento de Poniente. El tema ha sido una constante en tu repertorio en directo durante toda tu carrera. Hay quien opina que tu infancia no fue diferente a la de tantos niños de tu generación en la Andalucía rural de aquellos años”

El Cabrero:

Fue diferente porque yo siempre, desde que tuve un atisbo de razón, fui un rebelde. Y como mis viejos no estaban dispuestos a tolerar la menor desobediencia y menos aún que yo me tomara la justicia por mi mano, me castigaban duramente… por eso fui diferente a la mayoría de los niños de mi tiempo porque, a cambio de mi insumisión, supe lo que era la represión desde la escuela de párvulos… La maestra tenía varas de todas las dimensiones y siempre al alcance de la mano y pegaba fuerte en los dedos… pero yo tenía chinos en los bolsillos y por cada palo, una pedrá. Se quejaba a mi madre y mi madre, encima, también me pegaba. Y yo, seguro de mis razones, porque siempre era la maestra la que pegaba primero… yo sólo me defendía

Yo hacía cosas que no hacían los otros niños y por eso “siempre fui esa oveja negra”. No levantaba un palmo del suelo que me mandó mi madre a comprar pan a casa de uno que le decían Bigotes y que vendía pan y pescao frito. Entonces las mujeres andaban en el tajo, como los hombres, escardando garbanzos, rozando monte… Al anochecer, al dar de mano, venían todas con mucha prisa y Bigotes las iba complaciendo según llegaban y yo, que no alcanzaba el mostrador, media hora esgañitao, pidiéndole un kilo pan… cuando se fueron todas y me dio el pan, se lo tiré a la cabeza y cuando mi madre vio llegar a aquel Bigotes diciendo a grito limpio que yo era un criminal, otra paliza… y sin preguntarme por qué lo había hecho… Yo reaccionaba así ante la injusticia, con los medios que tenía.

Y dices tú que tengo muchas letras que hablan de esto ¿De qué voy a hablar? ¡De lo que he vivido, de lo que veo, de lo que pienso y lo que siento! Ya que mientas “Como el Viento de Poniente”, ese tema, es el que mejor me define. Es cierto que nunca me fié de aquellos libros, ni me gustaron nunca las sotanas y el día del Corpus era la ocasión para hartarme de brevas en el corral de la vecina… porque todo el pueblo estaba en la procesión… en eso, también era diferente a los otros zagales

(Pregunta)

No debía de ser corriente en aquella época, ni creo que lo sea hoy, que un niño de tan corta edad, cuestione la religión y rechace sus símbolos y tradiciones, sobre todo cuando éstas solían ir asociadas a todo tipo de festejos… ¿Se puede decir que tú te sientes ateo desde niño?

El Cabrero:

Yo, hasta hace poco, no sabía lo que quería decir la palabra ateo. Como en la política, en religión veo y escucho y luego hago lo que siento. La religión, lo mismo que ahora, iba de la mano de la fiesta y del MIEDO. ¡Ponlo con letras grandes lo del miedo¡ En Semana Santa, no tenías cojones a cantar, ni a silbar… pero, es que a mí se me ocurrió hacer sonar un cencerro un viernes santo y me dio mi padre dos guantás, porque “le iba a buscar una ruina” … Miedo, mucho miedo… porque ellos saben que la gente obedece a la jambre y al miedo ¿O no? La Iglesia, como el poder, son expertos en dosificar el hambre y el miedo para que el ganao obedezca al silbido. A mí siempre me pareció la religión una traba para la mente y un represor más. En la mili, por no ir a misa, me metían en el calabozo. Y, la primera vez que un cabo me dio una guantá, salí corriendo detrás de él y el cobarde se metió en el cuarto de armas y cogió un CETME y yo diciéndole que apuntara bien porque, como me dejara vivo, no daba un duro por su pellejo…

Apasionante, la biografía y el personaje. Pronto nos pondremos al trabajo para el que cuento con la colaboración de Eduardo Izquierdo[2], que acaba de publicar una novela basada, precisamente, en el personaje de El Cabrero. Sobre ella os hablaré en los próximos días.

 


[1] José Herrera Petere. Poeta, comunista, republicano exiliado y gran amigo.

[2] “Debo ser muy buena presa… “ Novela publicada por Lupercalia Editorial http://www.libreriaalberti.com/libros/debo-ser-muy-buena-presa-cuando-tengo-tantas-escopetas-apuntandome-cuando-tengo-tantas-escopetas-apuntandome/9788494163920/

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El blog de El Cabrero se recicla

Hace dos años iniciamos este blog con el propósito de contar la trayectoria de El Cabrero, paso a paso.  Pretendíamos reflejar lo más destacado y terminar el relato a finales de 2012, coincidiendo con el 40º aniversario de su debut. Pero yo tuve que asumir nuevas tareas profesionales y nos paramos en 1983, dejándonos en el tintero la friolera de treinta años más de una apasionante carrera.

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El blog, con treinta y seis entradas, lleva más de cien mil lecturas y aún hoy recibimos mensajes preguntando cuándo seguiremos con la narración y por qué no publicar una biografía completa.

Y eso mismo he pensado yo cada vez que he tenido que resumir en un par de páginas anécdotas dignas de un capitulo entero: por qué no publicar ya, de una puñetera vez, esa biografía que llevo fraguando desde hace décadas…

Y en eso estoy, en el intento de contar la historia de El Cabrero, la profesional, que era el tema de este blog, y la personal, desde su infancia.

Y digo “era” porque el blog lo reciclamos: seguiremos publicando, tanto El Cabrero como yo, pero el contenido será distinto. Ya se verá lo que da de sí. Os invitamos a seguirnos, como hasta ahora.

De la biografía de El Cabrero ya os informaremos en este mismo blog. Os garantizo que será apasionante.

  • Foto reciente de Juan Pablo Pereda: El Cabrero en los campos de Valencina, con “las niñas”

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