Y en eso… llegó Fidel

Ha muerto Fidel y pese a la certitud de que el tiempo se lo llevaría más temprano que tarde, he sentido esa punzada de dolor que sólo te da cuando se pierde a alguien muy querido y cercano. Fidel, el Che, Camilo, etc forman parte de mi vida desde que tengo seis o siete años porque en mi casa se vivió la Revolución Cubana desde que empezó a gestarse hasta que triunfó.

Mi abuelo materno, Antonio, emigró a Cuba cuando tenía 13 años, allá por 1870 y tantos. Allí aprendió el oficio de carpintero y se casó con una cubana de ascendencia asturiana que murió cuando la hija de ambos, mi tía Blanca, tenía diecinueve años. A mi abuelo le costaba superar aquello, decidió volver a  Galicia y su hija abandonó su amada Cuba por acompañarlo y se instalaron en A Coruña. Construyó una vivienda de dos plantas frente al Océano; justo donde entran al puerto los barcos procedentes de América, y al mar iba siempre su primera mirada.

Pasado un tiempo, se unió a mi abuela, Elena, con quien tuvo cuatro hijos y que murió cuando mi madre, la mayor, tenía solo cinco años. Él trabajaba del amanecer hasta noche cerrada en su taller de carpintería y Blanca pasó de tener una vida confortable en Cuba a ver su juventud truncada, en una tierra que nunca adoptó, y a cargo de cuatro hermanos de muy corta edad. Más tarde nos criaría a mi y a mi hermana, la llamábamos abuela y durante mucho tiempo pensé que lo era realmente.

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Hoy la recuerdo con emoción porque ella fue quien me hizo sentir cariño y respeto, desde la infancia, hacia la revolución cubana. Algún día contaré su historia. Hoy, sólo una anécdota que la retrata bien. Blanca había estudiado magisterio en Cuba y puso una escuelita en casa, en la habitación que nos servía de zona común, con bancos de madera que se retiraban cuando se iban la docena de alumnos de edades diversas pero casi todos de primaria. Venían desde barrios distantes, la mayoría, porque era la única “escuela” en la ciudad donde no se enseñaba el catecismo ni se rezaba. Un buen día, compartiendo yo banquito con sus alumnos, se encajó allí el párroco, un tal padre Carballo y le dio un ultimatum: Era la enésima vez que le decía que, o enseñaba el catecismo o le cerraban la escuela, y éste era el último aviso. Dejó que le cerraran la escuela y se fue a fregar suelos y luego de limpiadora en una especie de geriátrico, pero no enseñó algo en lo que no creía.

Blanca creía en la revolución que se gestaba en su tierra porque tenía aún muy presente y cercano el panorama social que dejó cuando se fue de Cuba. En casa se vivió esa revolución como si estuviera sucediéndonos a nosotros. No sé cómo se las apañaba pero recibía muy a menudo paquetes, cartas, prensa e información de lo que se gestaba en Sierra Maestra y lo comentaba con mi abuelo. Yo creo que sus contactos eran marinos de los que paraban en la tabernita que había en la planta baja de casa. Ella nunca lo reveló.

Y en eso llegó Fidel (Carlos Puebla)

Hoy, tras el primer momento de profunda tristeza, me fui a escuchar a Carlos Puebla, “Y en eso llegó Fidel” y recordé lo que mi abuela Blanca decía una y otra vez mientras los barbudos luchaban desde la sierra: que los yankees eran los dueños de todo, que la gente humilde pasaba enormes temporadas sin trabajo, que les pagaban precios de esclavos segando caña, que las ciudades se habían convertido en “garito” de los norteamericanos, que la población era analfabeta, que los pobres se morían por falta de medios para curarse… Todo y más de lo que Puebla dice en su canción.

Por eso admiro y quiero tanto a Fidel desde muy niña. No todo lo que hizo lo comparto pero la inclinación de la balanza da vértigo entre lo que era la Cuba donde nació, se crió y vivió mi abuela Blanca y la Cuba que Fidel, con otros grandes revolucionarios y el gran pueblo cubano han construido a pesar del criminal bloqueo de los EEUU.

Blanca decía que ella había podido estudiar magisterio porque con los ingresos de mi abuelo en su taller de carpintero ebanista, eran clase media-alta  y aseguraba que, tras la revolución, cualquier hijo de jornalero podría estudiar una carrera y ningún pobre se moriría por falta de asistencia médica. Y así fue. ¡Viva por siempre Fidel y la Revolución Cubana!

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El “sí pero no”: una forma sutil de veto

No damos abasto a responder mensajes de aficionados quejosos de haberse enterado del recital que va a dar El Cabrero, el 16 de diciembre en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, cuando las entradas ya estaban agotadas.  Un buen número de seguidores, que esperaban verlo anunciado para invitar,  como regalo de Navidad, a familiares o amigos, nos piden que les consigamos entradas a cualquier precio. Nos reprochan no haber publicado la puesta en venta de las butacas cuando se produjo. ¿Cómo lo íbamos a publicar si nosotros también nos enteramos cuando ya habían puesto el “no hay billetes”?

El concierto de El Cabrero está incluido en la programación Andalucía Flamenca que produce la Junta de Andalucía a través del Instituto Andaluz del Flamenco. Quienes conocen su trayectoria saben que El Cabrero no es precisamente un artista que se prodigue en los eventos de la Junta de Andalucía o patrocinados por ella. Más bien se podría decir que es el gran ausente; en parte porque nunca solicitó subvención para sus giras nacionales o internacionales, ni proyecto artístico alguno y, sobre todo, porque la Junta de Andalucía lo ha venido excluyendo, por sistema, de sus programaciones habituales y de las puntuales también.  Eso sí, de tarde en tarde cuentan con él y, mira por dónde, justifican que vetado no está.

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Años 80 El Cabrero bailando a petición del público en el Festival Torre del Cante de Alhaurín de la Torre

Pero hay que leer entre líneas porque se dan varias formas de veto: explícito, sin matices; tácito, con matices; “sí pero no”, por derecho y de costao

Todos sabemos que lo que más se lee de las noticias son los titulares. Muy poca gente se enteró de que El Cabrero cantaba en el Auditorio Nacional y del inicio de la venta, porque así lo quiso el responsable de la Nota de Prensa que el Instituto Andaluz del Flamenco envió a las Agencias para anunciar el Ciclo Andalucía Flamenca y que, a su vez, difundieron los medios, titular incluido.

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Resumen temporada Flamenca 1983

Aficionados que vieron esta noticia comentan que no la relacionaron con El Cabrero. Considerando que se trata de una de las grandes figuras del Flamenco, una leyenda viva del Cante Jondo,  al no verlo en titulares pasaron página. Por eso, sólo aquellos que leyeron íntegro el artículo pudieron hacerse con las entradas porque, estar,  sí que está anunciado El Cabrero, en alguna parte del texto lo mencionan, pero no en su sitio: ése es el veto tipo “Sí pero No”, con tos sus avíos.

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Nota de prensa del Instituto Andaluz del Flamenco anunciando el ciclo y el concierto de El Cabrero

Cuarenta y cuatro años en los escenarios dan para mucho y nuestro Cabrero puede presumir de haber sido distinguido con vetos de todos los estilos conocidos hasta hoy. Pero eso lo dejamos para otra ocasión

Cumplió 72 años hace unos días y, por suerte, la madre naturaleza le está conservando la salud, la voz y las ganas de cantar. Las hemerotecas dicen que lleva en primerísima figura del cante jondo, sin baches, desde inicios de los 80. Que es el cantaor que más festivales flamencos tradicionales ha hecho de la historia. Que sigue abarrotando los recintos y que ha conseguido atraer al Flamenco a los jóvenes sin haber renunciado a expresar el cante en su forma más ortodoxa. Que ha llevado el Arte Jondo a recintos internacionales donde sólo con él ha entrado y, subrayo, sin subvenciones oficiales. Que ha sido tal su capacidad de convocatoria a lo largo de los últimos 36 años para ser saludado por la prensa especializada como un fenómeno social.

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Foto en Benalmádena Suena 2015

Todo eso, a pesar de los vetos oficiales, del nulo apoyo televisivo o mediático en general y  gracias, exclusivamente, a esos aficionados que, a lo largo de los años, siguen apoyándolo con su presencia en los conciertos.

Por eso, lamentamos que tantos amigos se queden sin poder asistir al recital del 16 de diciembre. Intentaremos producir algún concierto en Madrid o alrededores en 2017 y prometemos anunciarlo con tiempo y con los medios que manejamos las productoras independientes.

Aprovechamos para informar de los conciertos pendientes en 2016, que son todos en diciembre: Voces en resistencia, con El Cabrero y Zapata, el viernes 2 en Escenario Santander y sábado 3 en el Miguel Delibes de Valladolid. 16 en el Auditorio Nacional de Madrid (agotado) y el 17 El Cabrero recital en el Festival Flamenco de Vélez-Málaga.

Atípicos Utópicos (www.atipicosutopicos.com)

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Productores independientes, esos héroes!

Ser manager de una gran figura del Flamenco es relativamente cómodo y gratificante. Es la música patria más exportable, goza de un amplio circuito dentro del Estado, sus representantes más destacados cuentan con apoyo institucional que se traduce en subvenciones a las producciones y giras o su inclusión, casi por norma, en todos los grandes eventos que se programan con fondos públicos, y que son ampliamente difundidos por los grandes medios de comunicación. No se puede pedir más: es terreno abonado y, si tienes un top flamenco, sólo te queda gestionar agenda y producir bien los conciertos. Salvo que esa gran figura sea un maldito como El Cabrero. Entonces los pros se te vuelven contras, pero eso es otra historia.

Mi dedicación a El Cabrero, casi exclusiva desde los ochenta, me permitió conocer a fondo el territorio flamenco al tiempo que ignoraba cómo se movía cualquier otro circuito musical, sobre todo el rock y sus variantes. Nos sorprendió cuando los Reincidentes le pidieron que abriera, por tonás, uno de los temas de su disco. Más tarde, el grupo Marea versionó Como el viento de poniente, que El Cabrero había grabado por pregón por milongas y, poco a poco, le fueron llegando mensajes con piropos inusuales en el flamenco como ¡Eres el puto amo! ¡Brutal, lo tuyo mola!… que fueron in crescendo hasta hacerse habituales. Al mismo tiempo, entre el público, cada vez más camisetas de grupos de rock, punk, metal… señal inequívoca de las preferencias musicales de sus portadores. El Cabrero, siempre a lo suyo: cante jondo.

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El Cabrero y Rafael Rodríguez | Voces en resistencia Benalmádena Suena  (foto Antonio Somoza)

Entonces empezaron a llegar peticiones de salas privadas con programación fundamentalmente roquera que no podían asumir el caché más bajo en el que trabajábamos y se despedían, visiblemente entristecidos y decepcionados. Uno de ellos, el papi Alfredo, de Jimmy Jazz Gasteiz, insistió tanto que, aprovechando un concierto en el Sur Oeste de Francia, decidimos llevar allí Voces en resistencia, con Cabrero y nuestro hijo E.D. Zapata y su grupo que hacen poesía y rock andaluz. Inolvidable la experiencia: producción perfecta, sonido óptimo, trato amabilísimo – profesional y cercano – y público entusiasmado. Repetimos. Y luego hicimos el Zentral Pamplona con idéntico resultado.

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El Cabrero y Rafael Rodríguez | Voces en resistencia Zentral Pamplona (Foto Dani Fernández)

Al poco tiempo entraron en acción esos que, como las salas privadas, son promotores de la gran mayoría de los conciertos en este país: los productores independientes. Esos héroes que, o bien te compran el espectáculo y se la juegan, o vais a coproducción y también se la juegan, ellos y tú. Programan en salas, que también corren su parte de riesgo, y en recintos públicos. Estos últimos, salvo escasas excepciones, son los únicos que no arriesgan nada en términos económicos. Es al revés: algunos hasta cobran sumas abusivas por el alquiler en concepto de gastos. Y sin embargo, son estos productores independientes quienes les cubren los numerosos huecos de agenda que dejan las mermadas programaciones oficiales, ofreciendo un servicio cultural que correspondería a las instituciones responsables de los recintos de titularidad pública.

Esta forma de proceder crea una cadena de desigualdades perniciosa que repercute en las condiciones en que trabajan músicos, técnicos, road managers y productores y a veces en el precio de las entradas. El público no lo percibe pero las diferencias entre un concierto de programación oficial y otro a cargo de un productor independiente son flagrantes.

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El Cabrero y Rafael Rodríguez | Voces en resistencia en Jimmy Jazz Gasteiz (foto Dos por Dos)

 

Los espectáculos contratados por teatros o instituciones generalmente se facturan a precio de gira, los músicos cobran su caché habitual, se encuentran el recinto en orden de marcha y la publicidad corre a cargo de la sala. Los precios de entrada son en función de las políticas culturales locales; algunos conciertos se ofrecen incluso gratis.

Cuando el bolo lo produce un independiente, tiene a su cargo: impresión y pegada de carteles, publicidad en general, backline, productores de campo, catering, etc. Y… el alquiler de la sala (¡hay salas de titularidad pública, de 600 plazas que cobran 2.500€ en concepto de gastos! y paradójicamente, otras, privadas, que te las ceden gratis o en precios que rara vez superan los 500€). Luego, el productor tiene que contratar el/los grupos. Obviamente, cuando eres manager de un grupo y un independiente te propone un bolo, si te gusta trabajar con él y te apetece el concierto, ajustas al máximo el precio del espectáculo: sumas viajes, hoteles, dietas, cargas sociales, cachés o nóminas de los músicos, al mínimo, y le propones al colega un precio que le pueda dejar un beneficio digno por el curre que se está dando. El productor, en base a esto y al aforo, ajusta el precio de las entradas y sólo le queda esperar que no le peguen carteles sobre los suyos y que la sala se llene; huelga decir lo que sucede si no es así, obviamente, pierde el productor.

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Zapata, Manolo Sabugal, Rafael Rabal y el Pequeño Carlos | Voces en resistencia Gran Teatro de Huelva (foto Isabel Barrera)

Se me ocurrió hablar de esto porque ya estamos trabajando en la gira 2017 y, como en años anteriores, haremos la mayoría de los conciertos a caché en nuestro circuito habitual. Pero vamos a reservar el doble de fechas para las productoras independientes. Se lo comentaba ayer a una amiga, manager de altos vuelos y, extrañada, me preguntaba por qué lo hacía, teniendo un mito del flamenco en cartera.

Lo hago porque me gusta trabajar con ellos. La mayoría son músicos, en activo o ya reciclados, y no tienes que decirles lo que no funciona porque lo ven antes que tú. Pero, sobre todo, porque sienten verdadera pasión por la música en vivo; sólo así se puede entender que lo hagan tan bien, con tanto entusiasmo y en condiciones tan poco favorables.

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Zapata, Manolo Sabugal, Marco Gamero y El Pequeño Carlos | Voces en resistencia Sala Apolo Barcelona (foto Lucía Calatayud)

Por eso, sería de justicia que se le reconociera a los productores independientes su función social y cultural y se les facilitaran los recursos disponibles en los recintos de titularidad pública, sin coste alguno, además de ofrecerles algún apoyo económico complementario, como ya hacen algunos teatros. Sería una buena fórmula para incrementar la oferta cultural, a muy bajo coste para la Administración, y propiciar que productores, músicos y técnicos trabajen más y en condiciones viables y dignas.

Insisto en señalar que gran parte de los espectáculos programados en recintos de titularidad pública lo son gracias a los productores independientes y me atrevo a decir que, de no ser por ellos y las salas privadas, la oferta musical patria sería desoladora.

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Estoy de acuerdo en que Urdangarín es la palabra menos “flamenca” del mundo

Amigos, prometí responder a vuestros mensajes en este blog y allá voy. Como muchos preguntáis lo mismo, han seleccionado 3 preguntas sobre el mismo tema y que más o menos se repiten. Hoy va sobre las letras que canto pero por lo que más me preguntáis, en los cientos de mensajes por responder, es cuándo voy a cantar en vuestro pueblo o por qué no quiero cantar allí… Pero son muchos mensajes, los tienen que agrupar por ciudad y ya responderé. Os dejo con las preguntas

  • “¿…. Alguno de los fandangos que grabaste los quitarías de tu discografía si pudieras?” #JuanAntonioRodriguez

Alguno, si pudiera, lo mejoraría. Por ejemplo, ese que dice: en lo alto de un olivo / la escopeta voy a colgar / me he llegao a convencer / que si sirve pa matar / no la volveré a coger… Porque yo nunca tuve una escopeta, ni cualquier otro tipo de arma, ni me gusta la caza. Y como letra no vale mucho… Seguramente hay más de estas pero he grabado cientos y muchas ni las recuerdo. Yo soy bastante exigente con lo que grabo pero puede uno tener un mal momento al montar un disco… Esas letras luego, nunca las canto en directo.

  • “José, tu eres de los maestros puros que nos quedan y por eso te seguimos los que nos gusta el cante por derecho pero ¿no crees que algunas palabras o algunas coplas quedan mal en el cante, no suenan muy flamencas, y hasta te perjudican porque le dan carnaza a tus enemigos?” #pacoglezgil

Y me manda, con algún error sin importancia en la letra, unos fandangos de ejemplo:“A los que hacen las guerras / les voy a decir una cosa / que se metan bajo tierra / pa que el mundo huela a rosas / porque huele mucho a mierda

Recuerdo que, hace ya un montón de años, en un festival me dijeron que, entre bastidores, me estaban escuchando algunos compañeros cantaores y que un gran maestro, al que admiro y respeto, exclamó cuando terminé el fandango: “¡Ya lo ha dicho!” Y surgieron algunos  “eso es falta de respeto al flamenco… eso sobraba… la gente se lo aplaude to…” Me parece cursi llamarle a la mierda otra cosa. Yo seré un cantaor mu raro porque, lo que no cantaría nunca, es, por ejemplo : “al que no sepa istinguir / que le corten la cabeza / y me la traigan a mí”. Pero eso sí, la letra es mu flamenca, y tiene mucho arte, según “los  cabales”… Y tampoco cantaría “A mí me pueden mandar / a servir a dios y al rey / pero dejar a tu persona / eso no lo manda la ley”… que también es mu flamenca y por eso la han cantao, con todo el derecho del  mundo, hasta algunos cantaores de los llamados “rebeldes”, porque “es flamenca”…. Pues muy bien, yo que soy republicano y también mu flamenco, con no cantarla tengo bastante y no me meto en lo que hagan otros.

El Cabrero por Toni Blanco (2015)

El Cabrero por Toni Blanco (2015)

El segundo fandango que apunta es “Algo tendrá que decir / jefe de todo el condado / porque rodan por ahí / rumores de alto calado / de tu yerno Urdangarín”  Y estoy de acuerdo en que Urdangarín es la palabra menos “flamenca” del mundo, es más, yo aún no la he aprendío a pronunciar bien y unas veces digo Undangarín, otras Undargarín… un lío, pero la gente me entiende. Algunos flamencos ignoran que el fandango, en el Alosno, es casi una crónica de la actualidad local y se presta hasta al chascarrillo y a mandarse indirectas entre vecinos… y lo ignoran porque no han profundizao en el tema y no se han parao a analizar ciertas letras ya tradicionales y otras del Toronjo: “Verraco! / Eres el mayor verraco / que entra en una zahúrda / y aquí traigo el sacatraco / pa sacudirte las pulgas / que tienes en el sobaco” y esta otra “Lo coronaron de espinas / a nuestro pare JesúCristo / lo coronaron de espinas / por poco lo dejan tuerto / los hijos de la gran puta / ¿No es pa cagarse en sus muertos?”

Estos dos fandangos son de Paco Toronjo y, el segundo lo había cantao Paco hasta delante de la “guardia siví”. Nadie se ha molestao ni nadie ha dicho que las letras de Paco no fueran flamencas. Mi repertorio es bastante denso en contenido, no es un paseo por lo frívolo y hace más bien cavilar que otra cosa. Por eso a veces, en los finales, cuando ya me he relajao algo, me gusta darle a la gente un momento diferente: una tanda de fandangos que les hagan sonreír o reír. Entre ellos, alguna vez estos dos del Toronjo y la gente se ríe pero, en mi voz, a algunos les molesta y yo de eso no me alegro pero tampoco me deshago: voy a lo mío.  Y que conste que no pretendo ser más que otros: todos los cantaores cantamos lo que nos sale de las tripas, lo que nos gusta y lo que sentimos ¡No faltaba más! Eso sí: todos no tenemos los mismos gustos ni las mismas opiniones ni el mismo sentir. Y menos mal porque lo contrario iba a ser mu aburrío.

  • Me podría decir si escribe usted las canciones o su mujer y cuáles son sus preferidas? #MARIDELVALLE

Unas las escribe Elena, mi compañera, otras yo y otras los dos. ¿Mis preferidas?… Bueno, lo que no falta en mis actuaciones es la soleá, la seguiriya, la malagueña, los fandangos, las tonás y ahí las letras las voy decidiendo sobre la marcha y se entremezclan algunas tradicionales, otras nuestras pero ya antiguas, es por lo que me dé. Luego, de lo que tengo adaptado al flamenco, el Soneto de Borges, con música de Alberto Cortez, es muy raro que no lo cante. La letra es bellísima y Alberto ha hecho una obra maestra de la composición musical. Me gusta Como el viento de poniente y Pastor de nubes, los dos letra de Elena y esas canciones por bulería, Luz de Luna o Con el viento y con el agua… que muchas veces las mezclo y me las siguen pidiendo la gente después de 30 años. Las canciones de Alberto Cortez, todas y últimamente no falta Si se calla el cantor, de Guarany y siempre El Macho Montés, con letra mía, que habla de un animal muy hermoso al que algunos matan por diversión.

Hasta la próxima, amigos. Gracias por escribir, por preguntar y por vuestro apoyo. Un abrazo

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Yo no he sido

Hubo una época en que tos los daños que había en el campo los hacía el del Tío Crespo, que era yo. Y estaba un día sí y otro no en el cuartel de la guardia civil, denunciao por los dueños o los guardas. Pero yo no era… y casi siempre sabía quiénes habían entrado en los sembraos pero nunca me escudé en la espalda de otro pa salvarme yo:  me conformaba con repetir mil veces “Yo no he sido”.

Yo quiero a mi pueblo y es más bien para mis paisanos que escribo esto y porque no vivo allí y no tengo otro sitio para decir ese: “Yo no he sido”

Me han llegado copias de un escrito por wasap que está difundiendo, presuntamente, el alcalde sobre mi ausencia al festival de Aznalcóllar. Y digo presuntamente porque, si no es él, lo puede desmentir y yo me disculparé y averiguaré de dónde proviene el escrito.

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Festival 2012

Lo que dice el escrito que, presuntamente, envía el alcalde:

“Por parte de este ayuntamiento Aseguro que no ha cantado porque no ha querido”
Es cierto

– “Se ha puesto todo en las condiciones que pidió su manager”
No es cierto. Lo pactado era participar en un festival del mismo formato y en las mismas condiciones que los tres anteriores. NO se cumplió

“Una vez colgado el cartel en varios pueblos como El Castillo, Aracena y otros más pidió que se pusiera otro cantaor más de renombre”.
Eso tampoco es cierto. El día en que mi manager le dijo al alcalde que, en esas condiciones, yo no cantaba, el cartel estaba sobre la mesa del alcalde porque “el diseño era tan malo que no lo podía imprimir y acababa de pedir que se hiciera otro. Ni en las páginas de Facebook del Ayuntamiento, ni de la Peña Flamenca había algún tipo de anuncio sobre el festival. Y yo no pedí otro cantaor por capricho: pedí que se mantuviera el formato del festival que yo había apoyado los 3 últimos años. Sólo eso.

“Aún así pidió a productor o empresa que pusiéramos a una cantaora que no nombraré y una vez tratado el precio aceptamos el precio también para que ésta cerrara”.
Eso tampoco es cierto. Yo no pedí en ningún momento a ningún artista determinado, ni cantaor ni cantaora, sólo que se mantuviera el formato.

– “Después de aceptar todo nos pone otra cosa cambiar festival a otra fecha”
Tampoco es cierto; yo no había aceptado participar por dos cosas que iban parejas: el formato del festival modificado y tiempo insuficiente para hacer la promoción que se merece y necesita un gran festival flamenco.

Lo que pasó cronológicamente:

Finales de mayo, celebradas las elecciones, Agapito – aún alcalde en funciones – nos dice que el nuevo alcalde mantiene el festival tal como se celebró los últimos años. Mismas condiciones -o mejores –  que los tres últimos años y fecha primer sábado de agosto. La cerramos.

Un día de junio nos llama un representante y nos dice que el festival de Aznalcóllar se ha cambiado de fecha y se hará el día 8. Preguntamos al representante quién había decidido el cambio de fecha y nos dice que El Montero, que es el que elige a los artistas y hace el festival. Pues muy bien… pero no estaría mal consultar antes la disponibilidad del que se supone que era el cabeza de cartel… Pues nadie nos había llamado.

Ese mismo día hablamos con el Ayuntamiento y dijeron que ellos no sabían nada del cambio de fechas y que mantendrían la fecha tradicional del primer sábado de agosto.

Mediados de julio (Todo el mismo día), preocupados de no ver promoción del festival, llamamos al alcalde. Nos dice eso del cartel, que aún no se había impreso porque el diseño era cutre, y que estaba esperando que hicieran otro. Nos lee el cartel y vemos que no habían contratado el artista que faltaba para mantener el formato del festival y se lo decimos.

– El alcalde le pide a mi manager que le aconseje un artista. Ella dice que no se mete en eso. Quedan en que le diremos a Bernardo, el que hizo el resto de contratos con El Montero, que llame al alcalde y que ellos decidan. Bernardo, que ese día está libre La Macanita y se la va a proponer. Nos alegramos: gran cantaora!

– Mi manager le dice al alcalde que, de todas formas, es tiempo insuficiente para promocionar con un mínimo de profesionalidad un Festival Flamenco (ni dos semanas los carteles expuestos y nada aún en internet). Que de un gran festival como había no se podía hacer una chapuza. Que la única manera de hacerlo apropiadamente era trasladar excepcionalmente la fecha a la segunda quincena de agosto para tener mínimo 4 semanas de promoción. El alcalde, de acuerdo con lo que era una realidad, la falta de tiempo, dijo que arreglaría el tema y que por la tarde lo llamáramos para ver la nueva fecha y el cartel definitivo.

– Llamamos por la tarde y la respuesta del alcalde fue, sorpresivamente, que el cartel se quedaba como estaba, aunque no se mantuviera el formato del festival y que la fecha también se quedaba en el 1 de agosto. Preguntamos qué había pasado en tan pocas horas y la respuesta fue: No se cambia porque dice el Montero que no se puede. Y punto, sin más argumentos.

– Mi manager le responde que yo en esas condiciones no participaré en el festival. Y ya está.

¿Qué otros motivos podría tener yo para no participar en el festival de mi pueblo si  estaba orgulloso de él y lo estaba esperando con mucha ilusión? Ese no era el festival que yo apoyé durante 3 años y el que pacté desde el primer día y el alcalde es dueño de poner al frente del festival a quien le de la gana y hacerlo como le apetezca y yo soy libre de decir NO.

Me gusta que se trate al Flamenco con mucho respeto y profesionalidad. Eso está por encima de mi propia conveniencia… Porque yo podía haber cantado, cobrado, vuelta pa mi casa, y quedo bien con todo el mundo… pero

Yo no soy el animal
que se calla por un pienso
Yo no soy ese animal
Porque tengo en mis adentros
Una disconformidad
Que me sirve de alimento.

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“Pero, so imbécil ¿no ves las estrellas en la bandera? ¡Que es el General!”

El 4 de julio vuelvo a Zambra, que me voy a tener que empadronar allí, por lo que me quieren, y porque ya no sé cuántas veces he cantao en su Noche Flamenca, festival puntero en Andalucía. Esta edición 2015 se la dedican a Calixto Sánchez, gran cantaor, gran compañero y amigo.

Con Calixto compartí tantas y tantas noches de cante por derecho, como es el suyo. Se lo merece sobrao y estoy deseando darle un abrazo y escucharlo cantar.

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Y una anécdota que cuenta el genial Kalvellido hoy me recuerda algo que me pasó allí, en Zambra, hace unos años,  cuando yo era ya “más manyao que el tango La Cumparsita”[1].

Al llegar al recinto, después de saludar a un chorro amigos que me esperaban en la entrada y hacerme otras tantas fotos con ellos, me fui directamente a los camerinos.

Habían puesto un guarda de seguridad en la zona de artistas para que sólo entraran allí los músicos y sus equipos. Y el guarda me miró de arriba abajo y me dijo que no podía pasar. Pero hombre, cómo no voy a pasar si yo canto aquí esta noche… ¿No ve Ud los carteles ahí con mi foto? ¿Soy yo, o no soy yo? Pues, con cartel y sin cartel,  era que no, que sin autorización de la organización allí no entraba nadie… los que iban conmigo se cabrearon con el guarda, pero yo no, yo me jarté reír aquella noche y ahora os cuento por qué.

Cuando estaba haciendo la mili en el cuartel de Maestranza, donde está hoy el teatro, me pusieron de guarda en la puerta y me dijeron que no dejara entrar ningún vehículo. El primero, y único que llegó, fue uno mu aparatoso y, cuando dije que no podía pasar, el chófer se quedó de piedra: “Pero, so imbécil ¿no ves las estrellas en la bandera? ¡Que es el General!”… Vale, pero yo cumplo órdenes y aquí no entra ni dios.

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Con unos compañeros en el polvorín de la Sierra San Cristóbal

Luego, claro que al final entró, como yo en los camerinos: cuando intervino “La Organización”! A los pocos días me mandaron, castigao, de paquete en una motito, sin casco, sin comer, a cumplir el resto de la mili en un polvorín de la Sierra San Cristóbal, en la provincia de Cádiz.

Pero lo mío fue distinto a lo del guarda de seguridad de Zambra: yo, en el ejército, sólo me tomaba a rajatabla lo que me convenía.

[1] Manyao (del Lunfardo: conocido, famoso) “Pero si sos más manyiá que el tango La Cumparsita” del tango Tortazos, letra de Enrique P. Maroni

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“¡El Cabrero! Ah! Pero ¿Sigue vivo?”

Hace un año se publicó una novela corta inspirada en la figura de El Cabrero: Debo ser muy buena presa… cuando tengo tantas escopetas apuntándome, frase acuñada por el cantaor con respecto a la persecución de que fuera objeto en su reivindicación de las Vías Pecuarias. El autor de la novela, Eduardo Izquierdo, hizo algunas entrevistas en radio y de ellas y ciertos artículos sobre la novela se desprendió que algunos periodistas lo daban por retirado de la profesión, o directamente por muerto…

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Esta mañana, en Onda Cero, el gran Fernando González Lucini llevó su voz al programa de Isabel Gemio, Te doy mi palabra, del que es colaborador: “¡El Cabrero! Ah! Pero ¿Sigue vivo?”… Isabel, que lo conoció vía Jesús Quintero hace alrededor de treinta años, obviamente, lo daba por muerto.

Puede parecer inexplicable porque El Cabrero, 42 años de carrera, nunca cesó su actividad y siempre tuvo, y tiene, una destacada presencia en los escenarios; Madrid, años alternos en Veranos de la Villa y llenazos, en Jardines de Sabatini o Teatros, Auditorios y cualquier recinto donde haya sido programado. Por no hablar de los grandes Festivales de Flamenco y de cómo éstos multiplican su aforo cuando nuestro “fallecido” encabeza el cartel. También se porta bien el “finado” en las giras internacionales, abarrotando allende Pirineos… Pero de todo eso ¿quién se entera, si los medios callan?

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 Por eso no me molestó, ni sorprendió, la pregunta de Isabel Gemio a Lucini porque, en efecto, tiene sus motivos. Mediados de los 80, la dinámica de los medios, paralela al veto de la Instituciones Públicas, fue primero negar su calidad de cantaor: era un “ídolo de multitudes” pero no sabía cantar. Como esto no mellaba su popularidad, optaron por descalificar a sus seguidores: mismo festival, idéntico público que era tratado como “el respetable” si aplaudía a otro cantaor de la terna y “la masa” cuando ovacionaba a El Cabrero. Pero los aficionados seguían llenando recintos y fue entonces cuando medios e instituciones pasaron al ninguneo y luego al ostracismo; hasta el extremo ridículo de vetarlo en una guía de flamenco publicada por la Junta de Andalucía hace unos 12 años, donde figuran todos los flamencos, hasta los principiantes, pero ni rastro de El Cabrero. Y  de estos mimbres, una canasta.

Así se explica que los de Radio3 y  hoy Isabel Gemio lo dieran por muerto… ¡Y bien muerto! Si canta en Jardines de Sabatini, al día siguiente TVE cierra informativos con su concierto  y emiten sólo imágenes de la cantaora que habíamos invitado de telonera…

Si cortan las calles en Córdoba, en La Noche Blanca, porque no cabía más gente en el Auditorio de la Axerquía, Canal Sur lo entrevista entre un gentío impresionante y al día siguiente emite imágenes de Niña Pastori, Enrique Morente y Pitingo, esa noche también en distintos recintos de Córdoba y en la misma programación, pero ni una de El Cabrero

 Si la Televisión pública francesa produce un documental sobre El Cabrero, lo premian en el Festival de la Rose d’Or de Montreux, lo emiten más de 40 cadenas en cinco continentes y en el país de origen del protagonista tienen que esperar sus seguidores 25 años para verlo y gracias a que alguien lo grabó de la tv francesa y lo colgó en youtube… Así, un libro entero.

Claro que está muerto para los grandes medios que son, ellos y las Instituciones Públicas, quienes le han dado la cicuta. Sin embargo, no han podido evitar que uno que no existe ande por ahí cosechando ovaciones y molestando a gente con mucho poder.

Queridos amigos: visto lo visto, más vale recordar aquí que El Cabrero sigue en activo y que cantará precedido de su hijo, Emiliano Domínguez Zapata, el 8 de mayo en el Auditorio Pilar Bardem, de Rivas Vaciamadrid.

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Y si no, que se lo pregunten a las borregas

Un amigo ecologista me envió unas fotos de las borregas por el Paseo de la Castellana de Madrid y es pa ponerse a cavilar.  Porque eso es hacerles pasar un mal rato; ni hierba, ni monte: hormigón, contaminación y al paso que le conviene al pastor, no a ellas… ¿Agua? ¿Alguien se ha preguntado cómo sienta en las pezuñas el asfalto caliente?

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Está claro que los compañeros, los pastores que van a esa Fiesta de la Trashumancia, no opinan, como yo, que es una tortura para los animales. Hasta para mí lo sería, que me llevaran, para una fiesta, andando desde la Casa de Campo hasta el centro de Madrid. Y es que yo veo las cosas como un animal más, eso sí: “un animal que canta, por el hecho de pensar”

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Yo digo que las vereas hay que reivindicarlas en el tajo, donde el ganao tiene el paso natural, el careo, y si es preciso, comerse lo que esté sembrao en terreno público, que eso es lo que les duele a los terratenientes. Porque, las Cañadas tienen 75 metros de ancho; los Cordeles 37,5 y las Veredas 20 metros y  la mayoría, los propietarios colindantes, las han sembrado o vallado y han dejado justo el espacio para poder pasar ellos con sus cosechadoras.

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A principios de los años setenta me puse a reivindicar las Vías Pecuarias, en mi pueblo, con la ayuda de Elena que era la que procuraba que no me metieran preso por desobediencia a la autoridad. Ya ni recuerdo cuántas veces fui al Cuartel de la Guardia Civil y a juicio. Entonces no había “Ecologistas” ni nadie que hablara de esos caminos de ganado. Ni el abogado sabía qué eran las Vías Pecuarias pero salí siempre absuelto porque la información que me había dado Elena sobre las medidas de cada verea era de ley.

Durante más de diez años fue una lucha sólo en familia pero en 1989 tuve un altercado con la guardia civil de mi pueblo en una verea y fue bastante sonado en los medios de comunicación. IUCA llevó el asunto al Parlamento Andaluz, con un escrito que escribió Elena, exigiendo que se cumpliera la ley y normativa de las Vías Pecuarias y que se deslindara. Lo aprobaron por unanimidad. Luego, no hicieron nada… y Elena, cada año, mandaba un telegrama a todos los grupos políticos recordándoles que lo que habían votado no lo habían cumplido y nunca le contestaron sus señorías.

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Bueno sí, uno se prestó pa lo que se necesitara y fue nuestro viejo amigo Antonio Romero. Era diputado en Madrid por IU y Elena le pidió que le hiciera en el Pleno del Congreso una pregunta al Ministro de Defensa: Si era cierto que las Vías Pecuarias, usurpadas, cercadas y hasta cortadas, constaban, en la cartografía del ejército, como vías de evacuación de la población en caso de catástrofe. Y el ministro dijo que sí y “fin de la cita”

O sea, que el tema ha entrado en Congreso y en el Parlamento de Andalucía pero no en las vereas que ahí están: usurpadas, cortadas, valladas y envenenadas porque llega la química que le echan a los sembrados hasta el borde del camino.

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Por eso les digo a mis compañeros, los pastores y cabreros, que creo que esto no se arregla ni con “Sus Señorías” ni con reivindicaciones en el Paseo de la Castellana. Se arregla, en el tajo.

Y que piensen que a lo del Paseo de la Castellana le llaman Fiesta de la Trashumancia y, siempre que se utiliza a algún animal para una fiesta, maltrato seguro. Y si no, que se lo pregunten a las borregas.

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No me gustan los premios, ni los privilegios: con que no me veten, me conformo (El Cabrero)

Desde octubre 2014 han resurgido varias iniciativas con objeto de solicitar, para El Cabrero, ciertas medallas o premios de esos que las instituciones suelen otorgar en fechas destacadas. Venían de Córdoba, Málaga y Madrid; aficionados al flamenco y “cabreristas de toda la vida” que querían nuestra aprobación para recoger firmas con ese propósito.

El Cabrero en un reportaje reciente de Juan Pablo Pereda

Tardé en comprender por qué coincidían las tres propuestas en el tiempo hasta que recordé que todos hacían mención a los setenta años que José cumplió el 19 de octubre y a la preocupación de todos ellos ante la posibilidad de que “abandone los escenarios sin que se le haga justicia”.

¿Podría un premio, una medalla o cualquier distinción, por importante que fuera, reparar décadas de veto, discriminación, ninguneo y trabas, de toda índole, a su carrera? Yo, que he tenido – y tengo – que sortear todo eso para evitar que su voz sea silenciada, afirmo que no. Y no señalo aquí causas-efecto porque son obvias.

El Cabrero nunca ha sido amigo de distinciones, ya lo comentamos en este blog, por eso nunca se ha sentido excluido del ranking de “premiados” y, cuando le han sugerido que estaba siendo discriminado en el reparto , su respuesta ha sido siempre: “No me gustan los premios, ni los privilegios: con que no me veten, me conformo”.

No fue cómodo tener que rechazar las tres iniciativas y enfrentarnos a la decepción inicial de sus promotores que habían puesto mucho entusiasmo en ellas. Pero al final, lo entendieron porque, si bien tenían sus razones y eran solidarios y nobles sus propósitos, se equivocaban en lo fundamental: a El Cabrero se le hace justicia cada vez que se llena un recinto donde lo anuncian y el público se emociona con su cante. Cuando pasa horas, después del concierto, saludando y recibiendo el cariño de tanta gente que espera, hasta la madrugada, para estrechar su mano y cuando los grandes medios de comunicación desprecian los discos que publica y los aficionados los compran porque hacen correr la voz, de boca en boca.

Aunque lo haya dejado para el final, se me ocurrió esta entrada en el blog al recibir hoy un comentario en un vídeo de los que tenemos publicados en youtube, el documental El Cabrero, el Canto de la Sierra:

Tengo 15 años y en el instituto propuse este documental en Filosofía, la gente se quedó pasmada y desde entonces se interesan por El Cabrero”

A El Cabrero se le hace justicia, cuando vienen a sus conciertos los hijos y nietos de sus primeros seguidores y le dicen: te escucho desde niño.

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De pesebres y pesebreros

En cuarenta años dedicada a la producción y distribución de música, he visto pesebreros de todos los colores y rangos que comparten factores: pocos escrúpulos, hipocresía elevada al cuadrado y “pelaje” de camaleón. El denominador común: la ambición.

El pesebrero suele pensar, opinar y creer ad hoc, según el interlocutor y, cuando las circunstancias lo obligan a disentir, se las apaña para dar una de cal y otra de arena. Se declare “apolítico”, de derechas de toda la vida, de centro, o de izquierda con carnet, siempre es políticamente correcto.

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JORDI SAVALL ha renunciado al Premio Nacional de Música en desacuerdo con la política cultural del gobierno. Chapeau!

El pesebrero – o aspirante – nunca se cierra puertas, no tiene enemigos profesionales ni políticos, es un tipo sociable, complaciente y astuto. No opina de política ni de temas sociales, salvo en los camerinos, “porque eso no tiene nada que ver con el arte”. No hay afrenta, injusticia o escándalo político, por repulsivo que sea, que merezca su reprobación pública y, si lo hace, impulsado por su militancia activa en algún partido, es maestro en nadar y guardar la ropa.

El pesebrero tiene necesidad vital del pesebre para trepar en la profesión porque, generalmente, su tirón popular es insignificante y más por su incapacidad de transmitir emociones al respetable que por falta de oportunidades. Pero, cuando el pesebrero alcanza notoriedad e influencia entre los que reparten el pienso, le crecen los alumnos, seguidores e incondicionales dispuestos a proclamarlo el más grande, adularlo hasta el empalago y denostar a sus rivales profesionales, a cambio de las sobras, de los granos que se caen al suelo.

COLITA

COLITA renuncia al Premio Nacional de Fotografía y le dice al ministro de cultura que no le apetece fotografiarse con él. Grande, Colita!

Ayer, hablando de dos grandes, el músico Jordi Savall y la fotógrafa Colita, que acaban de rechazar sendos Premios Nacionales en desacuerdo con la política cultural que está perpetrando el gobierno, me decía una amiga: “si la mayoría actuara así, otro gallo cantaría… pero es al revés, pocos le hacen asco a un premio nacional y 30.000 euros”.

Primero fue el pesebre, esa parte del presupuesto que sirve a los que gobiernan, y no se salva ninguno, para modelar las artes a su conveniencia, controlar el mensaje del creador o intérprete, manipular la realidad artística, servirse de personalidades destacadas de la cultura para su propaganda y condenar al ostracismo a los desobedientes.

Pesebre y pesebrero se necesitan como la mina al minero, y viceversa, y hay cola de aspirantes en lista de espera. Luego están los otros, los que no se postulan pero, si cae algo, no miran la mano que reparte. Y, finalmente, los menos, esos que son excepcionales en su profesión y, además de excelencia, poseen altura de miras, dignidad, coherencia, valentía y ejemplaridad para decir NO cuando les sale del alma.

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