Si aquellos dos tíos no hubieran tenido armas, no me llevan a la cárcel (El Cabrero, 1974)

Tras el concierto de Toulouse José pretendía volver inmediatamente a Aznalcóllar, no quería esperar ni los 30 días que yo tenía que dar a la empresa al despedirme: Me falta el aire, quiero ver otra vez el horizonte amplio, quiero que me huelan las manos a jara… y, al día siguiente, se fue solo, desde Toulouse, en tren, camino de su pueblo y yo volví a Ginebra y presenté a mi jefe el cese voluntario. Llevaba poco más de 6 meses en un puesto de cierta responsabilidad y tuve que alegar motivos…  ¿Trabajando en bolsa para comprarse cabras e irse a Andalucía al monte? ¿Elena, se ha vuelto loca? Mi jefe no estaba capacitado para entenderlo, era un bróker.

Pasaba el tiempo y no tenía noticias de José. Mientras, por las noches, yo hacía foulards, corbatas y pajaritas para la empresa en la que trabajaba mi madre. En francos suizos era una miseria, comparado lo que valía una hora de mi sueldo pero, calculado en pesetas, le sacaba cada noche al pedal de la Sigma lo suficiente para comer unos pocos de días en Aznalcóllar.

José llevaba más de diez días sin telefonear ni dar señales de vida en su pueblo, ni en ningún otro lugar de los que podía haber frecuentado. Llamé a los hospitales de varias ciudades en la trayectoria del tren… Era realmente angustioso y estaba pensando pedir a su madre que avisara a la policía de su desaparición cuando recibí una carta desde el penal de Figueres.

En la carta tan sólo decía que lo habían detenido en la frontera, que estaba enfermo, tosía mucho y que fuera a verlo cuanto antes y salí al momento con medicinas, víveres y ropa de abrigo. Tras algunas gestiones pude sacarlo de aquel inmundo penal donde convivían con las ratas y me contó:“¿Recuerdas que nos dijeron en Toulouse que había esbirros franquistas en la sala? ¡Anda que no los conocen bien!

Nada más llegar el tren a la frontera, dos de paisano lo habían esposado y metido en un coche diciéndole que había una causa pendiente contra él por una pelea en su pueblo. Pero, durante todo el trayecto, lo que le preguntaron insistentemente y de mil maneras, era quién había organizado el recital y con quiénes había tratado en Toulouse. Y él les decía que era un cabrero medio analfabeto, que cantaba y no entendía de nada más que de eso… ¿Que dónde se había alojado? Él no sabía nada de nada y así una y otra vez “…hasta que, ya dándome por imposible, uno de los polis me dijo: “Pero las tabernas de tu pueblo sí que las conoces bien eh” Se rieron como hienas y a mí me entró la del tigre, de impotencia; si aquellos dos tíos no hubieran tenido armas, no me llevan a la cárcel. Salí pa vomitar muchas veces al arcén y,  por aquellos barrancos, no me cogían a mí esos dos por pies. Por un momento pensé en pegar dos brincos y huir aprovechando la noche pero, claro, iban armados.

Juntos en Aznalcóllar de nuevo, nos hicimos de una piara de cabras y volvimos a nuestra antigua rutina. Feliz con el pastoreo y en su entorno, José aseguraba que no quería saber nada de la vida de artista. Pero llegó la convocatoria para el Concurso Nacional de Córdoba, al que lo había inscrito desde Ginebra por iniciativa de Pablo, el presidente de la Peña Fosforito, y le entró curiosidad por saber cómo era aquello.

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El Cabrero, a mediados de los 70, en nuestra casa

Nos habíamos gastado hasta el último céntimo en las cabras, los viajes internacionales y adecentar un mínimo aquella casa y tuvimos que pedir el dinero prestado para el viaje en tren Sevilla-Córdoba, en tercera clase, asientos de madera, hacinados y con un calor infernal. O sea, que lo que entonces contó el crítico cordobés, Agustín Gómez, sobre un suntuoso mercedes aparcado a la entrada de Córdoba, supuestamente de mi propiedad, es una mentira entre otras, menos inocentes, con que éste y otros “flamencólogos” lo han obsequiado a lo largo de su trayectoria.

La gala de selección se celebró en un recinto abarrotado. Nadie lo conocía y, al salir al escenario, se oyeron comentarios jocosos entre el público, algunas bromas de mal gusto y hasta un ¿dónde te has dejao el caballo? José, como si no fuera con él y, cuando empezó a cantar, se hizo el silencio. La ovación cerrada del público, al primer cante, me tranquilizó.

Apenas nos acordábamos ya del Concurso cuando supimos que había sido seleccionado para la final. Se quedó sin premio y, a mi juicio, con toda razón porque concurrían grandes artistas, con carreras asentadas, como El Lebrijano, Pansequito, Luis de Córdoba, el Chano y José sólo había protagonizado cuatro conciertos en su vida y estaba verde. Volvería a participar en 1977 y en 1980 y en ambos, pese a haber obtenido los premios por soleá y malagueña, sí que lo trataron injustamente según la opinión de aficionados de tanta relevancia como Paco Vallecillo, miembro del jurado en esa ocasión, y algunos presidentes de peñas flamencas, entre otros. [1]



[1]Hablaremos de ello en próximas entradas. Intentamos contar de manera cronológica esta trayectoria de 40 años

18 comentarios

Archivado bajo 1972-1980

18 Respuestas a “Si aquellos dos tíos no hubieran tenido armas, no me llevan a la cárcel (El Cabrero, 1974)

  1. Pingback: Si aquellos dos tíos no hubieran tenido armas, no me llevan a la cárcel (El Cabrero Blog 40º aniversario)

  2. Encantado de seguir la historia.
    Saludos desde Elche de la Sierra en Albacete

  3. leido y blog pal ferfil y digo unas palabras tuyas “LA CARA DE LA MENTIRA TE LA RETRATA EL ESPEJO LA DE LA VERDAD YA TE LA CONTARA EL TIENPO” todos los qe te han criticado y te critican no le qea mas remedio qe admirarte. un abrazo flamenco desde patena (cadiz)

  4. Yo creo que cuanto mas sepamos de tu istoria más grande seras, por eso os animo seguir con esto,
    Muchas gracias suerte y palante.
    Juan Segura.

    • Querido Juan, como te dije por e-mail, no he podido corregir “tu istoria” porque, afortunadamente el destinatario no puede modificar el mensaje pero ¡Qué importa! Gracias por leer estas confesiones y abrazos

  5. Ascen

    Gracias por ser como eres y contarnos tu vida. Un saludos desde el norte

  6. blas piñar gutierrez

    Señor Dominguez si usted hubiera padecido el totalitarismo sobietico, la tirania cubana de los Castro o la dictadura maoista sus ideas serian otras conozca mas la realidad española y europea y no se atenga al circulo cerrado del espiritu tercermundista del jornalerismo andaluz

    • José Raul

      ¿da onde habrá salio ehte Blas Piñar? der culo der enano del Ferrol, seguro

    • ¿También tienen la culpa los jornaleros del tercermundismo? A mí nunca se me hubiera ocurrido escribirle a Usted para intentar convencerle de mis ideas y eso que soy un hombre de campo. He viajado mucho por mi profesión de artista y he conocido el franquismo, con eso me basta. En cualquier caso, le agradezco el consejo.

  7. paul

    Cabrero, José, se te quiere y admira desde Euskal Herria, desde dentro del propio euskera y aunque nos separa mucha distancia y una cultura diferente, por sentimientos, justicia y corazón estamos cerca. Gora Andalucía libre y la tierra para quien la trabaja.Abajo los latifundios y las condesas, marqueses, principes y reyes. Que pasen por el monte, unos y otros, y trabajen un poquito, que vean al pueblo, a la gente llana, sencilla. Eres muy grande. Besarkada bat (Un abrazo).

  8. Ramón Ruiz Esparza

    Primero que nada un fuerte abrazo desde Tijuana la frontera norte entre México y Estados Unidos Y solo para decirle cuanto lo admiro por su cante rebelde y valiente. Fuerza mi Cabrero y que su cante siga diciendo verdades.

  9. Daniel Corsino Fernàndez Tuñón

    Grande tu arte, grande tu ejemplo, mi admiración nace por que una cosa lleva ligada a la otra.
    Corso.

  10. Antonio Carmona Haro

    Quedo iiformado de tu Historia tan maravillosa.de paso quiero decirle a este señor Piñar,que yo sufri la exsplotación infantil en el franquismo.No tengo conocimiento que los niños de estos paises que uted menciona hallan pasado por esta situación,pueden haber havido otras cosas pero la esplotación infantil no. Un saludo fraterno para ti josé,de un gran admirador SLUD

  11. Todos conocen la admiración que te tengo, como artista y ser humano, gracias ti y a mi querida Elena, por dejarme conocer estos trocitos de sus vidas en profundidad, me llenan de cariño, y porque no reconocer que también me han provocado alguna lágrima, les admiro, respeto y quiero con todo mi corazón, un abrazo enorme desde Uruguay, espero poder verles pronto.

  12. Andrés Raya Saro

    José, soy admirador y seguidor de tu obra cantaora flamenca. Sé que Agustín Gómez te trató injustamente en alguna ocasión. Pero, lo del “mercedes” en 1974 no lo recuerdo. ¿Dónde lo dijo?
    Te envío los mejores saludos de un viejo aficionado

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