Archivo mensual: octubre 2012

Yo no soy el animal que se calla por un pienso

Cuesta escribir sobre hechos acaecidos en 1983 en momentos tan dramáticos como los que estamos viviendo en 2012. Entonces nos estábamos “liberando” del miedo al franquismo, había sed de emancipación, confianza en el poder del pueblo y la caverna, aplastada por el triunfo arrollador del PSOE en el 82, se disfrazaba de demócrata porque no podían jugar a lo suyo, que estaba mal visto y era garantía de rechazo social. Hoy tenemos un gobierno y un partido en el poder con maneras calcadas del franquismo, que está desahuciando al pueblo y enriqueciendo a los poderosos, que aplica la fuerza como argumento, que legisla sin la menor sensibilidad social, amparado en una mayoría absoluta ilegítima (porque la consiguió con falsas promesas) y que se puede convertir en una amenaza para la democracia que, en 1983, nos parecía inviolable.

Esto se veía venir: se empieza por hacer de los nietos del dictador figuras amables de los programas de entretenimiento televisivo y se acaba por convencer, a aquellos que no conocieron cómo las gastaba el de El Ferrol, de que el abuelo, quizá, no había sido tan mala persona. A buenos observadores, pocas sorpresas: éste es un regreso al despotismo anunciado y, lo que es peor, tolerado tácitamente por buena parte de la clase política y por millones de ciudadanos que, con sus votos, lo han avalado.

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Y no quiero decir que en 1983 el panorama patrio no fuera manifiestamente mejorable o, al menos, a José se lo parecía: “Ya veremos qué hacen con tantos votos y con la esperanza que la gente ha puesto en ellos.. pero a mí, mientras no pongan en marcha una reforma agraria y acaben con el protagonismo de la iglesia, no me van a convencer”. Y fue, con Paco Ibáñez, Javier Krahe y un buen puñado de cantautores lúcidos y rebeldes, una voz discordante entre los artistas e intelectuales de la izquierda cuando la mayoría de ellos optaron por arrimarse al partido con más poder y apoyo ciudadano conocido hasta ahora.

No critiques a mi copla
y apréndela tú también.
Que corra de boca en boca
y el pueblo se entere bien
quién lo engaña y quién lo explota.

Que lo van a arreglar to
van diciendo por ahí.
Y se inventan un sermón
que te tienes que reír
de lo embusteros que son.

Estos dos fandangos, grabados en 1983, no dejaban dudas sobre la postura de El Cabrero que compartían muchos aficionados:

“…Después de aquello parecía imposible que las dos mil personas tuviesen más capacidad de entusiasmarse. Era realmente difícil el papel de cantar tras el torrente de Juan el Lebrijano. Y salió José‚ – el hombre que ama la libertad, en palabras del presentador – y armó el taco: ­ Qué barbaridad! ­qué‚ poderío! tan sólo plantar sus botas en las tablas y ya todo el mundo metido en el pañuelo. El Cabrero, reclamado como ningún otro por los amantes del autógrafo, rodeado siempre por la admiración de quienes adoran sus maneras y cuando canta le vitorean sin desmayo. La multitud entera, allí en Lebrija, cuna de cantes, alborotando ovación para El Cabrero”(J.L. Ortiz Nuevo, Diario 16, La Caracolá de Lebrija, Julio 1983)

“Serían las cinco de la madrugada y el público quería más y más “­Otra, José‚!” y otra les daba El Cabrero, puesto ya en figura cerrando el espectáculo en ese puesto que nadie quiere para sí, manque sea el destinado al principal, porque una de dos, o no te escucha nadie o la gente, no se cansa de pedir más cante. Y todo lo que pudo se lo dio José, El Cabrero, ese mito del flamenco contemporáneo que nada más salir electriza al personal en masa y los vuelve locos, vamos completamente locos”(J. L. Ortiz Nuevo, Diario 16, Festival de Torreblanca del Sol, 1983)

1983-fest

“.. La Torre del Cante es uno de los festivales que convoca más alta concurrencia. De seis mil pasaban la otra noche, unos a escuchar otros por ir, bullendo por toda la madrugada en atención del arte… Pasaban ya las seis de la madrugada y en toda nuestra tierra, por gracia de las ondas de Radiocadena, se podían oír los vertiginosos fandangos de El Cabrero, en olor de gloria, Cabrero y Sousa, una pareja insólita: la fuerza salvaje de la sierra y el primor de un enamorado de Paco del Gastor, cosas que pasan en el Flamenco. (J. L. Ortiz Nuevo, Diario 16, Festival La Torre del Cante, 1983)

No pasó desapercibida la disconformidad de El Cabrero ni para los poderes ni para los medios afines, como se verá más adelante, y a José no lo pilló de sorpresa el precio que pagaría por no cantar a coro porque siempre sospechó que la factura sería proporcional al apoyo del respetable: cuanto más lo demandara la afición, más amplio sería el veto a su figura… y acertó de lleno.

Yo no soy el animal
que se calla por un pienso
yo no soy ese animal
porque tengo en mis adentros
una disconformidad
que me sirve de alimento

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de | 13/10/2012 · 18:16

Dale alas y volará, al pueblo de Andalucía

Han llovido e-mails por los parones en el blog. Os pido disculpas, agradezco vuestro interés y os debo una explicación: tras la gira de verano y la producción del CD Poesía en resistencia, de Zapata, acabé agotada. Hoy, al consultar mi diario para seguir contando la trayectoria de El Cabrero, concluyo que la edad pesa, que me he hecho mayor y no puedo ni con la mitad de lo que llevaba a principios de 1983, donde dejé aparcada esta historia.[i]

Tras su puesta en libertad José compró más cabras, “por si me tengo que retirar del cante tener otros recursos”, y reunió unas 500 cabezas. Pero tenía cerrados más de cien conciertos y eso suponía dejar “las niñas”[ii] a cargo de otros buena parte del año. Se trajo dos cabreros de Aznalcóllar y uno, ya mayor, de Vélez-Málaga y a mí me pareció excesivo: “este piarón, sin estar yo, no lo pueden llevar sólo dos cabreros porque no van a tener tiempo ni de respirar y yo no quiero esclavos”. Tenía razón: ni estando los cuatro daban a basto, de sol a sol. Yo ayudaba en lo que podía: llevar el Land Rover cargado de cántaras de leche cada mañana a la central de Los Palacios o Dos Hermanas pueblo y atender a los tres cabreros, que almorzaban en el campo y cenaban en casa. Con tres niños de 3, 6 y 8 años no sé de dónde sacaba tiempo y energía para llevar la carrera de José y, sobre todo, para montar los discos que se hicieron entre 1980 y 1984.

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Foto de la época, publicada por Área Crítica,  con nuestro hijo Emiliano – hoy Zapata de nombre de guerra

Todas las grabaciones, hasta ahora, han seguido el mismo proceso: José decide el guitarrista y los estilos de cante, yo hago una primera selección de letras inéditas, con temática y métrica compatibles con los cantes elegidos, y él hace la trilla final. Todo lo demás, títulos y contenido de la carpeta lo decidimos entre los dos y yo le doy cuerpo. A primera vista no supone gran dificultad pero, como José es extremadamente quisquilloso con los textos, resulta ser la parte más complicada de toda la producción. A veces hemos paralizado una grabación por un “no me acaba de gustar esta letra… hasta que no hagamos una que encaje bien, quieto parao”!

Pepe Carrasco[iii] se quejaba de eso en una entrevista a pie de festival: las letras que le gustan al Cabrero no las querría ningún cantaor y a él no le gustan las que me cantan tos los demás. No quiere que hablen de mujeres, ni de toros, ni de ferias, ni de santos… Los animales, el campo y su forma de pensar, su rebeldía… esas son las que le gustan.

Dale alas

Fueron Antonio Fortes [iv] y Sousa quienes lo animaron a grabar una antología del fandango de Huelva y creo que fue la producción más complicada en lo que a selección de letras se refiere. Las tradicionales eran tan buenas y auténticas que no encontrábamos las adecuadas para reemplazarlas. Carrasco le propuso más de cien y en nuestros archivos había otros tantos fandangos inéditos: “me suenan forasteras toas” nos repetía José, siempre acentuando ese toas que no dejaba lugar a dudas: Dale Alas tendría que ser escrito ad hoc y así se hizo.

Al pueblo de Andalucía, dale alas y volará. Que es un ave doloría, buscando la libertad que le han negao toa su vía…

Motivados por la variedad de matices y belleza de los cantes, en un par de semanas conseguimos los veinticuatro fandangos para 12 estilos diferentes y José y Sousa cuajaron un gran disco con el asesoramiento artístico de Fortes.

Varias veces, a lo largo de su carrera, le han propuesto grabar una antología del cante. Siempre se ha negado y yo sé por qué desde que comenzamos los ensayos de Dale alas: al enfrentarse a fandangos de carácter más liviano o cercanos al folklore que otros, como el de los Montes de San Benito, surgía siempre el mismo debate y paréntesis en la producción: “esto de las antologías no va conmigo porque, si la haces, tiene que entrar el fandango que te llama y el que no va con tu personalidad…” Luego sucedió como con el de Calañas que, a fuerza de cantarlo, lo adoptó. Por el contrario, el fandango de Mª la Conejilla, inédito hasta entonces, como el de Los Mtes de San Benito, lo atrajo desde el primer momento por su fuerte sabor alosnero.

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Magnífica portada de Emilio Sáenz y presentación de Onofre López, querido amigo recientemente fallecido:

“… El Cabrero es un cantaor recio; a veces dulce, a veces dramático, poseedor de una fibra sensitiva que raya en la más ortodoxa de las honduras, su cante “duele” como duele todo lo que traspasa la piel.

En su amplia gama discográfica se va notando el progreso de los que estudian. De los que van ganándole terreno a esa difícil amalgama musical que contiene el arte flamenco.

Siempre se ha dicho que para cantar “por Huelva” es absolutamente necesario haber nacido en el terruño. El “aire de Huelva” hay que beberlo en la tierra misma. Pero el aire se mueve de una parte a otra y llega, tierra adentro, hasta un pueblecito de la provincia de Sevilla llamado Aznalcóllar, tierra natal de El Cabrero. Y allí, entre minas y jarales, entre surcos y arboledas, entre riscos y olivares se va gestando estos Aires de Huelva que ustedes tienen en sus manos.

En un puro y noble desafío, la voz de El Cabrero, recorre desde la marisma a la sierra haciendo un alto en el Andévalo, con una autenticidad musical, con una pureza tan exquisita, que colma, en grado sumo, al más exigente de los aficionados.

Con los fandangos por estilos de Huelva, Montes de San Benito – muy poco oídos – como los alosneros de María la Conejilla, Antonio Abad, José Ramírez Correa, así como los del moguereño Pepe Rebollo y los representativos de los pueblos de Cabezas Rubias, Almonaster, Valverde, Encinasola, El Cerro Andévalo y Calañas, con la extraordinaria música y compás de Antonio Sousa, se inicia aquí una Antología de los Cantes de Huelva donde, con personal estilo y el debido respeto a la “Cuna del fandango”, José El Cabrero dice: Estos son mis poderes”.


[i] ¿Sabes que no había ningún rico entre los presos?

[ii]Así llama cariñosamente a sus cabras

[iii]José Carrasco escribía para prácticamente todos los cantaores flamencos en activo

[iv] Fortes, gran amigo, era un enorme aficionado y un verdadero erudito en los estilos onubenses y alosneros.

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de | 02/10/2012 · 10:29