Archivo mensual: enero 2015

Y si no, que se lo pregunten a las borregas

Un amigo ecologista me envió unas fotos de las borregas por el Paseo de la Castellana de Madrid y es pa ponerse a cavilar.  Porque eso es hacerles pasar un mal rato; ni hierba, ni monte: hormigón, contaminación y al paso que le conviene al pastor, no a ellas… ¿Agua? ¿Alguien se ha preguntado cómo sienta en las pezuñas el asfalto caliente?

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Está claro que los compañeros, los pastores que van a esa Fiesta de la Trashumancia, no opinan, como yo, que es una tortura para los animales. Hasta para mí lo sería, que me llevaran, para una fiesta, andando desde la Casa de Campo hasta el centro de Madrid. Y es que yo veo las cosas como un animal más, eso sí: “un animal que canta, por el hecho de pensar”

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Yo digo que las vereas hay que reivindicarlas en el tajo, donde el ganao tiene el paso natural, el careo, y si es preciso, comerse lo que esté sembrao en terreno público, que eso es lo que les duele a los terratenientes. Porque, las Cañadas tienen 75 metros de ancho; los Cordeles 37,5 y las Veredas 20 metros y  la mayoría, los propietarios colindantes, las han sembrado o vallado y han dejado justo el espacio para poder pasar ellos con sus cosechadoras.

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A principios de los años setenta me puse a reivindicar las Vías Pecuarias, en mi pueblo, con la ayuda de Elena que era la que procuraba que no me metieran preso por desobediencia a la autoridad. Ya ni recuerdo cuántas veces fui al Cuartel de la Guardia Civil y a juicio. Entonces no había “Ecologistas” ni nadie que hablara de esos caminos de ganado. Ni el abogado sabía qué eran las Vías Pecuarias pero salí siempre absuelto porque la información que me había dado Elena sobre las medidas de cada verea era de ley.

Durante más de diez años fue una lucha sólo en familia pero en 1989 tuve un altercado con la guardia civil de mi pueblo en una verea y fue bastante sonado en los medios de comunicación. IUCA llevó el asunto al Parlamento Andaluz, con un escrito que escribió Elena, exigiendo que se cumpliera la ley y normativa de las Vías Pecuarias y que se deslindara. Lo aprobaron por unanimidad. Luego, no hicieron nada… y Elena, cada año, mandaba un telegrama a todos los grupos políticos recordándoles que lo que habían votado no lo habían cumplido y nunca le contestaron sus señorías.

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Bueno sí, uno se prestó pa lo que se necesitara y fue nuestro viejo amigo Antonio Romero. Era diputado en Madrid por IU y Elena le pidió que le hiciera en el Pleno del Congreso una pregunta al Ministro de Defensa: Si era cierto que las Vías Pecuarias, usurpadas, cercadas y hasta cortadas, constaban, en la cartografía del ejército, como vías de evacuación de la población en caso de catástrofe. Y el ministro dijo que sí y “fin de la cita”

O sea, que el tema ha entrado en Congreso y en el Parlamento de Andalucía pero no en las vereas que ahí están: usurpadas, cortadas, valladas y envenenadas porque llega la química que le echan a los sembrados hasta el borde del camino.

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Por eso les digo a mis compañeros, los pastores y cabreros, que creo que esto no se arregla ni con “Sus Señorías” ni con reivindicaciones en el Paseo de la Castellana. Se arregla, en el tajo.

Y que piensen que a lo del Paseo de la Castellana le llaman Fiesta de la Trashumancia y, siempre que se utiliza a algún animal para una fiesta, maltrato seguro. Y si no, que se lo pregunten a las borregas.

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No me gustan los premios, ni los privilegios: con que no me veten, me conformo (El Cabrero)

Desde octubre 2014 han resurgido varias iniciativas con objeto de solicitar, para El Cabrero, ciertas medallas o premios de esos que las instituciones suelen otorgar en fechas destacadas. Venían de Córdoba, Málaga y Madrid; aficionados al flamenco y “cabreristas de toda la vida” que querían nuestra aprobación para recoger firmas con ese propósito.

El Cabrero en un reportaje reciente de Juan Pablo Pereda

Tardé en comprender por qué coincidían las tres propuestas en el tiempo hasta que recordé que todos hacían mención a los setenta años que José cumplió el 19 de octubre y a la preocupación de todos ellos ante la posibilidad de que “abandone los escenarios sin que se le haga justicia”.

¿Podría un premio, una medalla o cualquier distinción, por importante que fuera, reparar décadas de veto, discriminación, ninguneo y trabas, de toda índole, a su carrera? Yo, que he tenido – y tengo – que sortear todo eso para evitar que su voz sea silenciada, afirmo que no. Y no señalo aquí causas-efecto porque son obvias.

El Cabrero nunca ha sido amigo de distinciones, ya lo comentamos en este blog, por eso nunca se ha sentido excluido del ranking de “premiados” y, cuando le han sugerido que estaba siendo discriminado en el reparto , su respuesta ha sido siempre: “No me gustan los premios, ni los privilegios: con que no me veten, me conformo”.

No fue cómodo tener que rechazar las tres iniciativas y enfrentarnos a la decepción inicial de sus promotores que habían puesto mucho entusiasmo en ellas. Pero al final, lo entendieron porque, si bien tenían sus razones y eran solidarios y nobles sus propósitos, se equivocaban en lo fundamental: a El Cabrero se le hace justicia cada vez que se llena un recinto donde lo anuncian y el público se emociona con su cante. Cuando pasa horas, después del concierto, saludando y recibiendo el cariño de tanta gente que espera, hasta la madrugada, para estrechar su mano y cuando los grandes medios de comunicación desprecian los discos que publica y los aficionados los compran porque hacen correr la voz, de boca en boca.

Aunque lo haya dejado para el final, se me ocurrió esta entrada en el blog al recibir hoy un comentario en un vídeo de los que tenemos publicados en youtube, el documental El Cabrero, el Canto de la Sierra:

Tengo 15 años y en el instituto propuse este documental en Filosofía, la gente se quedó pasmada y desde entonces se interesan por El Cabrero”

A El Cabrero se le hace justicia, cuando vienen a sus conciertos los hijos y nietos de sus primeros seguidores y le dicen: te escucho desde niño.

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