A vueltas con Paco Toronjo y El Cabrero

Reitero mi agradecimiento por las numerosas respuestas a la pregunta que publiqué hace unos días: ¿Por qué se compara sólo a EL CABRERO con PACO TORONJO, o viceversa, siendo tantos los cantaores/as que han grabado y hacen los fandangos de Huelva y del Alosno?

Pregunta mal formulada, porque se entendió justo al revés de lo que pretendía, que no era comparar ambos cantaores, más bien todo lo contrario: señalar la aberración de tal comparación y razonar sobre los fines poco edificantes que persiguen quienes recurren a ella, hasta sin venir a cuento.

Y no son precisamente los aficionados a El Cabrero, y los cabales en general, quienes se han entretenido comparando dos cantaores incomparables, hasta que no se han sentido inducidos por mi torpeza al plantear la pregunta. Quienes se empeñan en hacerlo son aquellos que, por negar, le niegan a El Cabrero hasta su valiosa contribución a la difusión del fandango onubense, su declarado amor por esos cantes, su aportación al rescatar estilos inéditos, hoy enormemente populares, su maestría en la ejecución de los mismos y, sobre todo, su empeño en darles un sitio de privilegio en los grandes festivales flamencos cuando el fandango estaba vetado, tácita y férreamente, en esos festivales señeros por considerarlo un estilo “menor”.

Hasta los más grandes maestros, se han forjado escuchando a sus antecesores o coetáneos y a ningún buen aficionado se le ocurre reprocharles haber bebido de buenas fuentes.

Paco Toronjo no creó los fandangos de Juan María Blanco, de Bartolo, de Ramírez Correa, de Rengel, de Rebollo, de Pérez de Guzmán… ni los locales, Valverde, Santa Bárbara, Encinasola, etc. Lo suyo fue engrandecerlos, cantarlos “pa rabiar” y convertirse en el gran maestro de los cantes de su tierra, aportando además su propio estilo. Y El Cabrero, uno de los más entregados admiradores del alosnero, fue alumno del mejor pero no un imitador porque el de Aznalcóllar tiene una personalidad tan acusada que no cabe nadie más en ella.

Paco Toronjo, el más grande, a mi juicio, de cuantos flamencos ha parido Huelva, no cantó otra cosa que los estilos de su tierra: fandangos, sevillanas alosneras y cantes de trilla. El repertorio de El Cabrero, desde sus inicios, se compone de seguiriyas, soleares, tonás, serranas, malagueñas, farruca, cantes abandolaos, canciones por bulerías, entre otros, y fandangos, no sólo de Huelva y Alosno, también naturales o personales.

La discografía de Paco Toronjo es una grandiosa antología de los estilos de Huelva y Alosno. La discografía de El Cabrero, además del repertorio citado, es un amplio abanico de estilos básicos del flamenco, algunas incursiones en el folclore latinoamericano, dos discos de tango porteño y una antología, en dos volúmenes, del fandango de Huelva (Dale Alas y Le sigo cantando a Huelva) y un volumen dedicado al fandango natural y/o personal que tituló: Por la huella del fandango.

Sólo a un cretino, discúlpenme la expresión, se le puede ocurrir comparar ambos artistas a menos que alguien tan torpe como yo se lo sugiera, involuntariamente, con la pregunta antes citada.

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