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Estoy de acuerdo en que Urdangarín es la palabra menos “flamenca” del mundo

Amigos, prometí responder a vuestros mensajes en este blog y allá voy. Como muchos preguntáis lo mismo, han seleccionado 3 preguntas sobre el mismo tema y que más o menos se repiten. Hoy va sobre las letras que canto pero por lo que más me preguntáis, en los cientos de mensajes por responder, es cuándo voy a cantar en vuestro pueblo o por qué no quiero cantar allí… Pero son muchos mensajes, los tienen que agrupar por ciudad y ya responderé. Os dejo con las preguntas

  • “¿…. Alguno de los fandangos que grabaste los quitarías de tu discografía si pudieras?” #JuanAntonioRodriguez

Alguno, si pudiera, lo mejoraría. Por ejemplo, ese que dice: en lo alto de un olivo / la escopeta voy a colgar / me he llegao a convencer / que si sirve pa matar / no la volveré a coger… Porque yo nunca tuve una escopeta, ni cualquier otro tipo de arma, ni me gusta la caza. Y como letra no vale mucho… Seguramente hay más de estas pero he grabado cientos y muchas ni las recuerdo. Yo soy bastante exigente con lo que grabo pero puede uno tener un mal momento al montar un disco… Esas letras luego, nunca las canto en directo.

  • “José, tu eres de los maestros puros que nos quedan y por eso te seguimos los que nos gusta el cante por derecho pero ¿no crees que algunas palabras o algunas coplas quedan mal en el cante, no suenan muy flamencas, y hasta te perjudican porque le dan carnaza a tus enemigos?” #pacoglezgil

Y me manda, con algún error sin importancia en la letra, unos fandangos de ejemplo:“A los que hacen las guerras / les voy a decir una cosa / que se metan bajo tierra / pa que el mundo huela a rosas / porque huele mucho a mierda

Recuerdo que, hace ya un montón de años, en un festival me dijeron que, entre bastidores, me estaban escuchando algunos compañeros cantaores y que un gran maestro, al que admiro y respeto, exclamó cuando terminé el fandango: “¡Ya lo ha dicho!” Y surgieron algunos  “eso es falta de respeto al flamenco… eso sobraba… la gente se lo aplaude to…” Me parece cursi llamarle a la mierda otra cosa. Yo seré un cantaor mu raro porque, lo que no cantaría nunca, es, por ejemplo : “al que no sepa istinguir / que le corten la cabeza / y me la traigan a mí”. Pero eso sí, la letra es mu flamenca, y tiene mucho arte, según “los  cabales”… Y tampoco cantaría “A mí me pueden mandar / a servir a dios y al rey / pero dejar a tu persona / eso no lo manda la ley”… que también es mu flamenca y por eso la han cantao, con todo el derecho del  mundo, hasta algunos cantaores de los llamados “rebeldes”, porque “es flamenca”…. Pues muy bien, yo que soy republicano y también mu flamenco, con no cantarla tengo bastante y no me meto en lo que hagan otros.

El Cabrero por Toni Blanco (2015)

El Cabrero por Toni Blanco (2015)

El segundo fandango que apunta es “Algo tendrá que decir / jefe de todo el condado / porque rodan por ahí / rumores de alto calado / de tu yerno Urdangarín”  Y estoy de acuerdo en que Urdangarín es la palabra menos “flamenca” del mundo, es más, yo aún no la he aprendío a pronunciar bien y unas veces digo Undangarín, otras Undargarín… un lío, pero la gente me entiende. Algunos flamencos ignoran que el fandango, en el Alosno, es casi una crónica de la actualidad local y se presta hasta al chascarrillo y a mandarse indirectas entre vecinos… y lo ignoran porque no han profundizao en el tema y no se han parao a analizar ciertas letras ya tradicionales y otras del Toronjo: “Verraco! / Eres el mayor verraco / que entra en una zahúrda / y aquí traigo el sacatraco / pa sacudirte las pulgas / que tienes en el sobaco” y esta otra “Lo coronaron de espinas / a nuestro pare JesúCristo / lo coronaron de espinas / por poco lo dejan tuerto / los hijos de la gran puta / ¿No es pa cagarse en sus muertos?”

Estos dos fandangos son de Paco Toronjo y, el segundo lo había cantao Paco hasta delante de la “guardia siví”. Nadie se ha molestao ni nadie ha dicho que las letras de Paco no fueran flamencas. Mi repertorio es bastante denso en contenido, no es un paseo por lo frívolo y hace más bien cavilar que otra cosa. Por eso a veces, en los finales, cuando ya me he relajao algo, me gusta darle a la gente un momento diferente: una tanda de fandangos que les hagan sonreír o reír. Entre ellos, alguna vez estos dos del Toronjo y la gente se ríe pero, en mi voz, a algunos les molesta y yo de eso no me alegro pero tampoco me deshago: voy a lo mío.  Y que conste que no pretendo ser más que otros: todos los cantaores cantamos lo que nos sale de las tripas, lo que nos gusta y lo que sentimos ¡No faltaba más! Eso sí: todos no tenemos los mismos gustos ni las mismas opiniones ni el mismo sentir. Y menos mal porque lo contrario iba a ser mu aburrío.

  • Me podría decir si escribe usted las canciones o su mujer y cuáles son sus preferidas? #MARIDELVALLE

Unas las escribe Elena, mi compañera, otras yo y otras los dos. ¿Mis preferidas?… Bueno, lo que no falta en mis actuaciones es la soleá, la seguiriya, la malagueña, los fandangos, las tonás y ahí las letras las voy decidiendo sobre la marcha y se entremezclan algunas tradicionales, otras nuestras pero ya antiguas, es por lo que me dé. Luego, de lo que tengo adaptado al flamenco, el Soneto de Borges, con música de Alberto Cortez, es muy raro que no lo cante. La letra es bellísima y Alberto ha hecho una obra maestra de la composición musical. Me gusta Como el viento de poniente y Pastor de nubes, los dos letra de Elena y esas canciones por bulería, Luz de Luna o Con el viento y con el agua… que muchas veces las mezclo y me las siguen pidiendo la gente después de 30 años. Las canciones de Alberto Cortez, todas y últimamente no falta Si se calla el cantor, de Guarany y siempre El Macho Montés, con letra mía, que habla de un animal muy hermoso al que algunos matan por diversión.

Hasta la próxima, amigos. Gracias por escribir, por preguntar y por vuestro apoyo. Un abrazo

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Yo no he sido

Hubo una época en que tos los daños que había en el campo los hacía el del Tío Crespo, que era yo. Y estaba un día sí y otro no en el cuartel de la guardia civil, denunciao por los dueños o los guardas. Pero yo no era… y casi siempre sabía quiénes habían entrado en los sembraos pero nunca me escudé en la espalda de otro pa salvarme yo:  me conformaba con repetir mil veces “Yo no he sido”.

Yo quiero a mi pueblo y es más bien para mis paisanos que escribo esto y porque no vivo allí y no tengo otro sitio para decir ese: “Yo no he sido”

Me han llegado copias de un escrito por wasap que está difundiendo, presuntamente, el alcalde sobre mi ausencia al festival de Aznalcóllar. Y digo presuntamente porque, si no es él, lo puede desmentir y yo me disculparé y averiguaré de dónde proviene el escrito.

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Festival 2012

Lo que dice el escrito que, presuntamente, envía el alcalde:

“Por parte de este ayuntamiento Aseguro que no ha cantado porque no ha querido”
Es cierto

– “Se ha puesto todo en las condiciones que pidió su manager”
No es cierto. Lo pactado era participar en un festival del mismo formato y en las mismas condiciones que los tres anteriores. NO se cumplió

“Una vez colgado el cartel en varios pueblos como El Castillo, Aracena y otros más pidió que se pusiera otro cantaor más de renombre”.
Eso tampoco es cierto. El día en que mi manager le dijo al alcalde que, en esas condiciones, yo no cantaba, el cartel estaba sobre la mesa del alcalde porque “el diseño era tan malo que no lo podía imprimir y acababa de pedir que se hiciera otro. Ni en las páginas de Facebook del Ayuntamiento, ni de la Peña Flamenca había algún tipo de anuncio sobre el festival. Y yo no pedí otro cantaor por capricho: pedí que se mantuviera el formato del festival que yo había apoyado los 3 últimos años. Sólo eso.

“Aún así pidió a productor o empresa que pusiéramos a una cantaora que no nombraré y una vez tratado el precio aceptamos el precio también para que ésta cerrara”.
Eso tampoco es cierto. Yo no pedí en ningún momento a ningún artista determinado, ni cantaor ni cantaora, sólo que se mantuviera el formato.

– “Después de aceptar todo nos pone otra cosa cambiar festival a otra fecha”
Tampoco es cierto; yo no había aceptado participar por dos cosas que iban parejas: el formato del festival modificado y tiempo insuficiente para hacer la promoción que se merece y necesita un gran festival flamenco.

Lo que pasó cronológicamente:

Finales de mayo, celebradas las elecciones, Agapito – aún alcalde en funciones – nos dice que el nuevo alcalde mantiene el festival tal como se celebró los últimos años. Mismas condiciones -o mejores –  que los tres últimos años y fecha primer sábado de agosto. La cerramos.

Un día de junio nos llama un representante y nos dice que el festival de Aznalcóllar se ha cambiado de fecha y se hará el día 8. Preguntamos al representante quién había decidido el cambio de fecha y nos dice que El Montero, que es el que elige a los artistas y hace el festival. Pues muy bien… pero no estaría mal consultar antes la disponibilidad del que se supone que era el cabeza de cartel… Pues nadie nos había llamado.

Ese mismo día hablamos con el Ayuntamiento y dijeron que ellos no sabían nada del cambio de fechas y que mantendrían la fecha tradicional del primer sábado de agosto.

Mediados de julio (Todo el mismo día), preocupados de no ver promoción del festival, llamamos al alcalde. Nos dice eso del cartel, que aún no se había impreso porque el diseño era cutre, y que estaba esperando que hicieran otro. Nos lee el cartel y vemos que no habían contratado el artista que faltaba para mantener el formato del festival y se lo decimos.

– El alcalde le pide a mi manager que le aconseje un artista. Ella dice que no se mete en eso. Quedan en que le diremos a Bernardo, el que hizo el resto de contratos con El Montero, que llame al alcalde y que ellos decidan. Bernardo, que ese día está libre La Macanita y se la va a proponer. Nos alegramos: gran cantaora!

– Mi manager le dice al alcalde que, de todas formas, es tiempo insuficiente para promocionar con un mínimo de profesionalidad un Festival Flamenco (ni dos semanas los carteles expuestos y nada aún en internet). Que de un gran festival como había no se podía hacer una chapuza. Que la única manera de hacerlo apropiadamente era trasladar excepcionalmente la fecha a la segunda quincena de agosto para tener mínimo 4 semanas de promoción. El alcalde, de acuerdo con lo que era una realidad, la falta de tiempo, dijo que arreglaría el tema y que por la tarde lo llamáramos para ver la nueva fecha y el cartel definitivo.

– Llamamos por la tarde y la respuesta del alcalde fue, sorpresivamente, que el cartel se quedaba como estaba, aunque no se mantuviera el formato del festival y que la fecha también se quedaba en el 1 de agosto. Preguntamos qué había pasado en tan pocas horas y la respuesta fue: No se cambia porque dice el Montero que no se puede. Y punto, sin más argumentos.

– Mi manager le responde que yo en esas condiciones no participaré en el festival. Y ya está.

¿Qué otros motivos podría tener yo para no participar en el festival de mi pueblo si  estaba orgulloso de él y lo estaba esperando con mucha ilusión? Ese no era el festival que yo apoyé durante 3 años y el que pacté desde el primer día y el alcalde es dueño de poner al frente del festival a quien le de la gana y hacerlo como le apetezca y yo soy libre de decir NO.

Me gusta que se trate al Flamenco con mucho respeto y profesionalidad. Eso está por encima de mi propia conveniencia… Porque yo podía haber cantado, cobrado, vuelta pa mi casa, y quedo bien con todo el mundo… pero

Yo no soy el animal
que se calla por un pienso
Yo no soy ese animal
Porque tengo en mis adentros
Una disconformidad
Que me sirve de alimento.

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Y si no, que se lo pregunten a las borregas

Un amigo ecologista me envió unas fotos de las borregas por el Paseo de la Castellana de Madrid y es pa ponerse a cavilar.  Porque eso es hacerles pasar un mal rato; ni hierba, ni monte: hormigón, contaminación y al paso que le conviene al pastor, no a ellas… ¿Agua? ¿Alguien se ha preguntado cómo sienta en las pezuñas el asfalto caliente?

ovejas-calor

Está claro que los compañeros, los pastores que van a esa Fiesta de la Trashumancia, no opinan, como yo, que es una tortura para los animales. Hasta para mí lo sería, que me llevaran, para una fiesta, andando desde la Casa de Campo hasta el centro de Madrid. Y es que yo veo las cosas como un animal más, eso sí: “un animal que canta, por el hecho de pensar”

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Yo digo que las vereas hay que reivindicarlas en el tajo, donde el ganao tiene el paso natural, el careo, y si es preciso, comerse lo que esté sembrao en terreno público, que eso es lo que les duele a los terratenientes. Porque, las Cañadas tienen 75 metros de ancho; los Cordeles 37,5 y las Veredas 20 metros y  la mayoría, los propietarios colindantes, las han sembrado o vallado y han dejado justo el espacio para poder pasar ellos con sus cosechadoras.

vereas

A principios de los años setenta me puse a reivindicar las Vías Pecuarias, en mi pueblo, con la ayuda de Elena que era la que procuraba que no me metieran preso por desobediencia a la autoridad. Ya ni recuerdo cuántas veces fui al Cuartel de la Guardia Civil y a juicio. Entonces no había “Ecologistas” ni nadie que hablara de esos caminos de ganado. Ni el abogado sabía qué eran las Vías Pecuarias pero salí siempre absuelto porque la información que me había dado Elena sobre las medidas de cada verea era de ley.

Durante más de diez años fue una lucha sólo en familia pero en 1989 tuve un altercado con la guardia civil de mi pueblo en una verea y fue bastante sonado en los medios de comunicación. IUCA llevó el asunto al Parlamento Andaluz, con un escrito que escribió Elena, exigiendo que se cumpliera la ley y normativa de las Vías Pecuarias y que se deslindara. Lo aprobaron por unanimidad. Luego, no hicieron nada… y Elena, cada año, mandaba un telegrama a todos los grupos políticos recordándoles que lo que habían votado no lo habían cumplido y nunca le contestaron sus señorías.

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Bueno sí, uno se prestó pa lo que se necesitara y fue nuestro viejo amigo Antonio Romero. Era diputado en Madrid por IU y Elena le pidió que le hiciera en el Pleno del Congreso una pregunta al Ministro de Defensa: Si era cierto que las Vías Pecuarias, usurpadas, cercadas y hasta cortadas, constaban, en la cartografía del ejército, como vías de evacuación de la población en caso de catástrofe. Y el ministro dijo que sí y “fin de la cita”

O sea, que el tema ha entrado en Congreso y en el Parlamento de Andalucía pero no en las vereas que ahí están: usurpadas, cortadas, valladas y envenenadas porque llega la química que le echan a los sembrados hasta el borde del camino.

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Por eso les digo a mis compañeros, los pastores y cabreros, que creo que esto no se arregla ni con “Sus Señorías” ni con reivindicaciones en el Paseo de la Castellana. Se arregla, en el tajo.

Y que piensen que a lo del Paseo de la Castellana le llaman Fiesta de la Trashumancia y, siempre que se utiliza a algún animal para una fiesta, maltrato seguro. Y si no, que se lo pregunten a las borregas.

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Antonio Montoya El Farruco: cada día baila mejor

Hace tiempo que no decía nada en este blog pero hoy estuve viendo vídeos de Farruco, con Chocolate, Martín Revuelo y Luis Habichuela. De esto hace un buen rato y todavía sigo emocionao. Ya os hablé del Toronjo y de Camarón, y me quedé corto porque me canso pronto de escribir. Hoy quiero dejar aquí mi recuerdo a Farruco.

farruco  paco manzano

Se dice, entre los aficionaos al tango, que Gardel cada día canta mejor. Y es cierto. Hay grandes cantores pero no nació el que se arrime al Zorzal. Y, para mí, pa mi forma de entender el baile de hombre, Farruco sigue siendo el mejor, aunque ya no esté. Hay grandes bailaores, y los ha habido, pero él cada día baila mejor.

Ya se le han echao tos los piropos habidos y por haber, con justicia, porque Farruco encarnaba to lo que el baile de hombre tiene de seriedad, jondura, pasión, elegancia, fuerza, transmisión, técnica y arte a espuertas. Y ya he dicho que el flamenco ha dado grandísimos artistas del baile, algunos en su propia familia pero, pa mí, Farruco es quien más representa la esencia del baile.

Una personalidad que te impactaba aunque estuviera parao, o haciendo cualquier cosa. Hasta vendiendo en el mercaíllo atraía todas las miradas. Porque él, que era un artista descomunal, anduvo vendiendo por esos pueblos de la provincia. El y su familia de artistas. Venía a mi pueblo y, cuando podía, iba a saludarlo. Una vez, cuando ya me marchaba, uno que estaba cerca me dijo, “vaya tenderete con más arte, nosepueaguantá”. Era cierto, pero lo que yo pensé y respondí es que vaya vergüenza para una tierra, Andalucía, que sus mejores artistas tuvieran que ir de pueblo en pueblo vendiendo, por digno que eso sea.

Farruco tenía que haber bailao en esos pueblos donde iba vendiendo. En esas noches serenas de los veranos andaluces, con buen suelo, buena iluminación y buen sonido. Eso es lo que Farruco sabía hacer mejor que nadie en el mundo… Vergüenza me da escribir esto siendo andaluz. Se le reconoció, bueno… – no tanto como merece- pero no se hizo lo necesario para que artistas como él pudieran vivir dignamente de su arte, sobre todo cuando han nacido para eso: hay flamencos de academia y los hay que nacen con tos los avíos que requiere el Arte y esos son los Maestros, son el manantial, la fuente de inspiración pa los que vengan después. Farruco nació con el baile bien puesto. Él no decidió ser bailaor, tuvo que serlo porque fue el Arte quien decidió por él cuando aún estaba en el vientre de su madre.

Fuimos amigos más allá de lo profesional. Lo conocí hace muchos años, casi cuarenta. Pasé grandes momentos con él en tiempos en que los artistas que teníamos cosas en común nos hablábamos mirándonos firme a los ojos, sin prisa, como en el campo o en una choza. Y casi siempre hablábamos de cosas importantes para los dos: el cante y la familia. Tuve el privilegio de que me acompañara en alguna presentación de discos, él que no era mu aficionao a los actos de sociedad, como me pasa a mí.

Se decía que era altivo, orgulloso… Yo creo que todos los artistas, cuando estamos en el escenario, tenemos eso que se puede llamar orgullo en lo que hacemos allí y en el arte que representamos. Farruco sabía el alcance de su arte y ese orgullo se tiene pero en el trato personal era de dulce y era un Señor. Hace unos días Elena se encontró una invitación a la inauguración de su Peña… Debajo me escribía, de su puño y letra: “Si tu no vienes mi corazón llorará gotas de sangre”. Así era Antonio El Farruco, tan natural y humilde como inmenso.

Parece ser que, en lo tocante a la escritura, estaba de magisterio más o menos como yo, que junto las sílabas como me parece, pero, en lo suyo, Farruco cada día baila mejor.

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de | 01/02/2013 · 9:14

Camarón fue un cantaor viejo desde niño (blog El Cabrero 40 aniversario)

Me paso poco por este blog pero me ha recordao Elena que se cumplen 20 años que nos dejó Camarón.

Era un día de mucho calor. Yo estaba sesteando con las cabras a 17 Km. del pueblo, cerca de la finca que tiene Diego Puerta en Sanlúcar la Mayor. Vino Elena a darme la mala noticia y, menos mal que no se le ocurrió esperar a la noche pa decírmelo, porque me encontró dormido, entre las cabras, a pleno sol. Me había tendido a la sombra de un eucalipto contando dar una cabezá pero había estado cantando la noche antes y me venció el sueño. La sombra siguió su curso natural y me estaba achicharrando allí pero podía más el cansancio que la calor.

Ya estábamos enterados de lo malito que estaba Camarón pero siempre había esperanzas porque era joven y fue un mazazo.

Él y yo nos movíamos en ambientes diferentes en nuestra vida diaria pero fue con el cantaor que coincidí más veces y hasta nos organizaron algún “mano a mano”. En los años ochenta hasta en los pueblos más pequeños se podía disfrutar de las figuras del cante, del baile y de la guitarra. Recuerdo una noche con La Paquera, El Sordera, Lebrijano, Aurora Vargas, Camarón y yo y, al baile, Manuela Carrasco. Y carteles de ese tipo había muchos por esos pueblos hasta que la Agencia del Flamenco se metió a agente artístico y se cargó los festivales de los pueblos de Andalucía para llevar el flamenco a Nueva York, a París y a esas grandes ciudades donde el flamenco no es más que un espectáculo porque no forma parte de su cultura.

Camarón fue un cantaor viejo desde niño. Yo lo apreciaba y lo admiraba. Me gustaba cantar con él y siempre que podía escuchaba su recital. Era diferente a tos, tenía un grave muy hermoso y arriesgaba siempre. Transmitía, tenía carisma y conocimiento de los cantes y creó un estilo inconfundible que tiene muchos seguidores, todos a años luz de él.

En camerinos andaba muy a su aire pero siempre nos saludábamos y, si había tiempo y buen ambiente, charlábamos un momento. Más de una vez, cuando me decía que estaba “regulá”, le dije: Vente conmigo al campo. Allí tengo una casa vacía pa ti y pa tu gente. Tú y yo salimos con las cabras, al paso de ellas, yo llevaré el agua y la comida pa que tú no tengas que aguantar peso. Vamos despacio y cuando te canses paramos. Si haces eso, al mes, estás fuerte como un roble. El y Carapalo se reían y él siempre me decía “José, yo sé que tú me lo dices de corazón” Y estoy convencido de que le hubiera sentado muy bien cambiar a una vida natural un tiempo por su salud y porque encontraría otros alicientes.

Pero Camarón vivió como quiso sabiendo lo que arriesgaba y yo no sé lo intensa que fue su vida pero sé lo mucho que sembró su voz y lo profunda que es su huella. Puede que nazcan figuras de tanta personalidad y garra como él pero creo que yo no las voy a conocer.

José El Cabrero

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de | 02/07/2012 · 12:27

Mi recuerdo al gran Paco Toronjo (El Cabrero)

He recibido un buen puñao de mensajes pidiéndome que escriba más aquí pero, por el momento, no puedo y os voy a decir por qué: me levanto a las 6 de la mañana todos los días. Ordeño, barro los corrales y echo el pienso. Vuelvo a casa un momento para comer algo y echar una cabezá y salgo de nuevo para el campo. Cuando encierro las cabras es noche cerrá y, la mayoría de las veces, después de cenar me duermo porque ya no tiene uno treinta años (¡quién los pillara!). Algunas noches Elena me lee lo que hay escrito y vuestras respuestas y, hasta ahí llego.

Pero, el otro día nombré a Paco Toronjo y me quedé con ganas de hablaros más de él, porque ha sido el más grande en su especialidad y porque fuimos amigos. En mi carrera, me he llevao bien con todos mis compañeros, con algunos coincidí más veces y a esos les tengo más cariño pero hay otros, como Paco Toronjo, que han sido mis amigos en los escenarios y en la vida privada.

Cuando yo era un zagalote, participó en un concurso, Lluvia de estrellas, que duró un montón de tiempo y Paco lo ganaba to, una semana y otra… nadie podía con él y yo siempre pegao al transistor: ¡no se podía cantar mejor por fandangos de Huelva! Tenía una voz que parecía hecha pa esos cantes y aquel temperamento que, en un arrebato, te metía el cante en las tripas.

La primera vez que canté con él fue en la Feria de Sevilla. Paco seguramente estaría allí contratao y yo aún no me dedicaba a esto; me echó cuenta y estuvimos cantando un montón de tiempo… Yo, aprendiendo, pero, desde el principio, cuando que me he adentrao en los cantes de Huelva, siempre me ha parecido recorrer un paisaje familiar. Mi pueblo, Aznalcóllar, es mu aficionao al fandango, está pegao a la provincia de Huelva y el paisaje es el mismo. También los dejes, los sabores, los olores y la forma de vida se parecen; las fronteras ¿quiénes serían los mandamases que las dibujaron? Fronteras, para mí, son las montañas o el mar, puestas por la naturaleza el resto sólo son barreras artificiales entre vecinos.

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Mis primeros tiempos en La Trocha de Sevilla

Fue en la Trocha[i] donde hicimos amistad porque los dos cantábamos allí muy a menudo: él como una figura del fandango y yo que, al principio, lo mismo cantaba por fandangos o por malagueña que silbaba músicas de Ennio Morricone o cantaba Las Palmeras, de otro de mis grandes amigos: Alberto Cortez. Luego, cuando grabé el primer disco y me dediqué a esto, seguí yendo a La Trocha pero ya como cantaor.

Paco, además de su gran talento cantaor tenía mucha comunicación con el público. Una vez, en Aracena, hacíamos un mano a mano. Los dos de pie; él con un vaso de güisqui y yo con una botella de agua cuando, desde las butacas, uno, con una cabeza mu grande, le dijo: Paco, no bebas más que ya estás borracho y miró pal tío, luego pa mí, como diciéndome ahora verás, se acercó al micro: ¿De dónde habrá salío el carnero éste? Y luego: Aquí, los tontos ¿A qué hora se acuestan? y, como tenía fandangos pa to, le cantó: “Zahúrda, eres el mayor berraco, que sale de una zahúrda, y aquí tengo el sacatraco, pa sacudirte las pulgas, que tienes en el sobaco”… La gente, con Paco, se emocionaba y también se reía. Con él tengo un saco de anécdotas vividas pero lo importante, para mí, es lo que Toronjo significó como cantaor.

Fue una víctima de aquella marginación contra el fandango, en la época en que él se encontraba más potente de recursos. Su obra grabada es un monumento a los cantes de Huelva y, cuando le empezaron a fallar las fuerzas, adaptó el fandango a sus facultades y siguió emocionando y transmitiendo chorros de autenticidad y de perfumes de su tierra.

Repaso a la trayectoria de Paco Toronjo con algunos momentos impagables en el Alosno: “veinte guitarras tocando/ y toas le dan el dejillo/ que se merece el fandango”.

Su cante es puro paisaje, sin contaminación; fandangos que antes sonaban folclóricos él los engrandeció y los hizo flamencos en su voz, sin desvirtuarlos ni restarles sabor. Si Paco no hubiera existido, seguro que el fandango de Huelva nunca hubiera tenido la dimensión que él le dio. Y, sin embargo, he tenido que escuchar, más de una vez, en su propia tierra, allá por los 80, a algunos aspirantes a cantaores, que se quedaron en el intento, decir que Paco había desvirtuao el fandango… que no lo hacía como era… que a veces no lo cuadraba… “Aquí, los tontos ¿a qué hora se acuestan?” … He sentido la envidia de otros en mis propias carnes y la reconozco por la pisá y, para esos envidiosos va esto, en desagravio al gran Paco Toronjo: “To aquel que no esté a tu altura/ será quien más te critique/ Y es tan ciega su andadura/ que aunque la venda le quites/ nunca verá su estatura”

Algunas veces me había dicho “Sobrino, un día de estos le vamos a decir a la Elena que organice un espectáculo para los dos, por fandangos” y un buen día se encajó por sorpresa, a media tarde, en el corral de las cabras, cuando ya vivíamos en Dos Hermanas. Venía vestido con una gabardina que le llegaba a los tobillos, unas gafas negras mu grandes y una gorra visera encasquetá hasta el mocho y se plantó en medio la puerta: “Ya te puedes disfrazar de lo que quieras, que te conozco”, recuerdo que le dije. Nos dimos un abrazo y nos fuimos pa casa y tuvo al del taxi esperando en la puerta más de tres horas. Quedamos en que Elena iba a organizar ese espectáculo para los dos y ella le puso “Dos voces para el fandango”. Hacía Paco una primera parte de fandangos él solo, luego yo la segunda con mi repertorio – soleá, seguiriya, malagueña… y al final salíamos los dos de pie a hacer fandangos a porfía, con el acompañamiento de las dos guitarras, Paco del Gastor y Segundo, que le tocaba a Paco. Era un buen espectáculo y muy encendío, con mucho contacto con el público y las ovaciones eran apoteósicas. Todavía recuerdo la emoción de Onofre López que decía: ¡esto no está pagao con na! ¡Esto no tiene precio!

A Paco le decían que yo estaba ganando mucho dinero con sus fandangos y él, que era “el creador”, no pisaba escenario. Que eso no era cierto lo sabía Paco, yo y cualquier aficionao: ni él era el creador de su repertorio (en el flamenco sólo hay recreaciones) ni yo del mío: los dos bebimos de las fuentes que nos dio la gana y, ni Paco creó el fandango de Juan Mº Blanco, de Sta Bárbara, de Bartolo, del Comía, de Valverde…  ni yo los compases de la bulería Luz de Luna o el fandango de Calaña, o Como el Viento de Poniente que son los cantes que más me han pedido en toda mi trayectoria. Nadie mejor que un cantaor conoce la dimensión de sus compañeros aunque no siempre, cuando le preguntan, dice lo que piensa. Paco les seguía la corriente y luego, cuando nos veíamos, me lo contaba sabiendo que a mí me daba igual de to eso. Alguno, como Manolo Bohórquez[ii], le había llegao a decir que yo me estaba forrando imitándolo a él. Muy inteligente, Bohórquez… y por seguiriya, por soleá, por malagueña, serrana, bulería, también imitaba al Toronjo, como si El Cabrero no existiera. Nunca me he puesto en la personalidad de otro porque mi yo, y lo que lleva dentro, necesita espacio y no cabe nadie más.

Paco, como toda montaña que se precie, tenía sus aristas pero a los amigos se los quiere como son y yo lo quería mucho y lo admiraba aún más. Trabajamos juntos, vivimos juergas, él estuvo en mi casa y yo en la suya, nos perdimos juntos por ahí hasta tres días, cantamos, bebimos, cada uno lo que nos dio la gana, nos reímos hasta de nosotros mismos, pero nunca jamás nos perdimos el respeto.

La última actuación “profesional” que le vi fue en Ayamonte y ya estaba tocao. Luego ya sería en homenajes que se le hicieron en Huelva pero tienen mucho que contar y no es el momento.



[i] Sala de fiestas, en la Ronda de Capuchinos, de Sevilla propiedad de los hermanos que formaban el grupo de sevillanas “Los de La Trocha”.

[ii] Crítico de El Correo de Andalucía

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¿Dónde estaba escrito que no se podía cantar por fandangos?

Con el fandango me pasó lo mismo que con las vereas; las leyes decían que las cabras podían entrar y la guardia civil y los terratenientes decían que estaba prohibido.

Cuando Pulpón me avisó para los primeros grandes festivales, lo primero que me dijo es que allí no se podía cantar por fandangos. Bueno, pues si no entraba el fandango en los festivales no entraba yo. Intentó convencerme diciendo que todos los cantaores aceptaban esas normas y que eran festivales muy serios… ¡Como si el fandango fuera un chiste! Y digo que me pasó con el fandango como con las vereas porque ¿Dónde estaba escrito que no se podía cantar por fandangos?

Yo no sé el motivo de esa marginación cuando ya, en esa época, casi tos los grandes maestros habían grabao fandangos hermosos como cerros y, además, es un cante básico y patrón pa otros cantes… Y que nadie piense que es fácil, porque un fandango valiente del Alosno, o el de Juan María Blanco cuadraos y por derecho, son tan difíciles de resolver como un buen tercio de seguiriya… y sin embargo, el gran Paco Toronjo no entraba en los festivales; vivía de los tablaos y de cuatro fiestas. Él, que ha sido quien mejor ha hecho los cantes de su tierra de tos los tiempos…

La cosa estaba en entrar en esos festivales de solera renegando del fandango o ir en pos de la razón, que la tenía el fandango. Al ver que lo mío era un no rotundo, Pulpón,[i] me dijo que en los contratos que había firmado no ponía nada sobre eso; que fuera y cantara lo que me diera la gana y a ver qué pasaba. Debía de ser muy importante eso pa ellos porque, en varios festivales, los de la organización me lo advertían antes de cantar y yo, callao y luego, en la silla, donde yo mandaba, hacía varias tandas de fandangos y el público quería más… o sea, que esos aficionaos habían estao privaos de escuchar un cante que les gustaba porque a los que tenían la sartén por el mango les daba la gana. ¡Qué manera de ponerle trabas al sentir de gente!

PACO TORONJO: NADIE HA CANTAO MEJOR LOS CANTES DE SU TIERRA

En algunos festivales el veto fue descarao y hasta de por vida, pero la mayoría me siguieron llevando porque la reacción de los que llenaban los recintos mandaba. Siempre, todo lo que he podido hacer en el cante, ha sido gracias al público y no he sido yo el que impuso el fandango en los festivales, como se ha escrito, fuimos muchos; yo que me puse en contra de los organizadores y los aficionados que se pusieron de mi parte.

Así fue cómo empezó a sonar el cante por fandangos en esos festivales, rompiendo las sogas que lo sujetaban y salió con la fuerza del que ha estao revolcándose en la impotencia, amarrao. Poco a poco, al ver que la gente tenía sed de fandangos y que yo seguía ahí, se decidieron otros cantaores y, al poco tiempo, raro era el que no cantaba por fandangos en esos festivales “tan serios”.

Aquellos gerifaltes del flamenco me aceptaron pero no me perdonaron la desobediencia y me colgaron sus etiquetas: fandanguero, polémico, político, va disfrazao, un bestiajo, un rebelde… Las etiquetas son eso que dice de ti uno con mando, que parece que sabe, delante de otro con un micrófono o un bolígrafo y luego lo ves repetido, a lo largo de tu carrera, setecientas mil millones de veces pares.

La etiqueta fandanguero cuajó; todavía hay mucha gente, no los aficionados, que se creen que yo sólo canto por fandangos. Polémico…unas veces he llevao razón y otras no pero, la etiqueta de político debe de ser de otra gabardina: yo, con los políticos en el poder, los que reparten, nunca me he tratao, ni fotografiao, ni han venido a mis conciertos, ni he ido a sus conmemoraciones, aunque me invitaran. Que voy disfrazado… ¡Disfrazao iría yo si me pusiera, pa cantar, un traje y una corbata! Me visto como siempre se ha hecho en el campo. En lo de bestiajo, tendrán razón, soy más basto que un serón y muy torpe: llevo cientos de viajes y conciertos en el lomo y no sabría desenvolverme sin alguien al lado. ¡No sé ni el número de teléfono de mi casa! Digo yo que por esas cosas dirán lo de bestiajo y aciertan.

02 personal

Segundo por la izda. El Cabrero con su madre, dos de sus hermanos y vecinos

Rebelde, lo reconozco que nací así y desde niño me he rebelao contra lo que me parecía injusto: Tendría unos 8 años y me mandó mi madre a casa de uno que le decían Bigotes que, al sol puesto, vendía pan y pescao frito. Las mujeres andaban rozando monte y, al dar de mano, muchas iban allí a llevarse la cena y estaba siempre aquello mu concurrío y todas venían con prisa. Cuando llegó mi turno le grité: “¡Dame un kilo pan!” y el tío hizo que no me oyó, siguió despachándolas a ellas y yo venga a pedirle el pan a gritos. Al rato largo, cuando las atendió a todas, me miró y me dijo: Tú ¿Qué querías? Y, cuando me dio la telera, se la tiré a la cabeza; era mi forma de defenderme contra lo que, pa mí, era una injusticia. Cuando llegué a casa, sin el pan, y Bigotes detrás diciendo que yo era un criminal, me dieron una paliza. O sea, que desde niño me rebelaba y desde niño sé que eso tiene un precio. De todas las etiquetas que me han puesto, creo que ésa es la que mejor me pega.


[i] Antonio Pulpón era el manager de todos los flamencos de la época

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de | 19/01/2012 · 13:21

A los flamencos nos gusta mucho mitificar a la gente pero para mí aquello era una humillación El Cabrero (1975)

Ese invierno del 74 me di cuenta de que era imposible mantener la casa sólo con lo que dejaban las cabras ¡y eso que yo les echaba todas las horas que hiciera falta! Elena estaba embarazada y me daba vergüenza tener que pedir fiao el dinero pa que la viera el médico así que decidí bajar a buscar trabajo en Sevilla. Los de la Trocha y Los Romeros de La Puebla siempre estaban dispuestos a echarme una mano y Paco Lira también pero en La Cuadra se cantaba más por afición que por buscarse la vida.

En la Venta Vega y en el Morapio de vez en cuando entraba algún señorito a que otros le cantáramos nuestras penas mientras él se divertía y eso era denigrante pero en casa no había nada y cuando volvía, por la mañana, con cuarenta duros ya me daba por satisfecho. Pero eso de esperar, como una mujer de la calle, a que venga un cliente con ganas de juerga no iba conmigo, me sentía indigno y pienso que ése no es el ambiente que requiere el cante jondo. Y tuve más de un tropiezo por lo mismo.

Una vez, en El Morapio, tres tipos me tuvieron cantando toda la noche y, al terminar, uno me metió veinte duros en el bolsillo de la camisa que, menos mal que me dio por mirarlo, porque ya se iban. Le dije que eso de meter el dinero en el bolsillo no eran maneras y que el precio a mí trabajo lo ponía yo: que aquello valía, pa mí y pal guitarrista Antonio Sanlúcar, mil quinientas pesetas. Tuvo la poca vergüenza de decirme que allí se había comido y bebido… Yo no había comido nada y, en toda la noche, sólo me había tomao una copa de coñac y ésa, la había pagao yo… que me diera el dinero y tan amigos.

Cuando el viejo Sanlúcar vio que el tío se ponía farruco y que yo me iba pa él, me dijo que se le había nublao la vista. Luego, cuando el otro me dio las mil quinientas pesetas y las repartí con él, se le salían los ojos de las órbitas. Desde ese día, cuando entraba en la venta, los artistas me decían: “Ahí viene el que se lo lleva to” y me lo decían con admiración… A los flamencos nos gusta mucho mitificar a la gente pero para mí aquello era una humillación.

Fandangos con letra de Carrasco de mi primer disco Así canta El Cabrero

Unas mañanas, si tenía dinero, pillaba el primer coche viajero pal pueblo, y otras me iba en autostop y tal como llegaba me ponía a ordeñar, comía y dormía un rato y sacaba las cabras hasta el sol puesto y vuelta a Sevilla. ¡Aquello no había quien lo aguantara! Elena me pidió que no fuera más y al poco tiempo lo dejé. Lo único bueno que recuerdo de esas ventas fue el encontrarme con algunos artistas que luego no vi en los festivales: El Gordito, Fregenal, Niño Arahal, El Rubio de Alcalá… pero sigo diciendo que las ventas eran un lugar indigno para el flamenco.

A finales de diciembre me vino a ver mi primo, Manolito El Tasca, con Pepe Carrasco. Eran muy amigos y los dos muy flamencos, bohemios y buenas personas. El Tasca tenía entonces una tabernita en la Plaza de Curtidores y ponía siempre  muy buen cante en un pick-up  que había al fondo del mostrador: Chocolate, Tomás,Terremoto, Fernanda, Juan Talega, Caracol, el Pinto, Carbonerillo… esos eran sus favoritos. Allí paraban artistas conocidos y también maletillas del arte y, el que llegara con cara de esmallao, comía. Yo no me cansaba de escuchar la seguiriya esa de Chocolate “Al cautivo” y le pedía que me la pusiera sin parar y él encantao porque era de Chocolate a morir… Un día me dijo que en su familia había cabreros y me preguntó de dónde era y yo le pregunté a él y resulta que éramos primos segundos por parte de mi padre y de su madre.

Carrasco también tenía un bar, en los Pajaritos, y allí sí que había la mejor colección de grabaciones que yo he visto, muchas todavía en pizarra, y por eso me quedaba muchas veces en su casa, pa emborracharme de cante.  Pepe era una especie de asesor de la Bélter para el  flamenco y escribía letras a  cantaores ya conocidos entonces como Camarón, Chocolate,  Turronero… bueno, a casi todos, y era muy popular entre los artistas. Me propuso hacer un disco y acepté a cambio de que la Bélter pagara todos los gastos de clínica y médico para Elena, que iba a dar a luz a los pocos meses. Y así se hizo la cosa: ellos pagaron lo que costó el nacimiento de nuestro primer hijo, Joselito, y yo grabé “Así canta El Cabrero”.

Yo no conocía más guitarra que la de Joaquín el de Quejío, Manolo de Córdoba,  y Antonio Sanlúcar que me tocaba en El Morapio ya estaba mayor. Pero en el Festival de Mairena había escuchao al Poeta, tocaba fuerte y flamenco y pensé que pa mi cante iría bien. Fuimos a Barcelona sin haber ensayao ni un cante y algunas letras de Carrasco me las aprendí a última hora, en el hotel, y el disco lo hicimos en tres días. Luego El Poeta me comentó que había hablao con Fosforito de que iba a grabar un disco, sin ensayar, con un tal Cabrero y Antonio le había dicho: “no te preocupes, lo he escuchado y ése hace el disco”… Me escucharía en el Concurso de Córdoba porque con él no coincidí hasta más adelante, en los festivales.

Por aquel entonces ni Elena ni yo pensábamos en hacer letras; ella escribía mucho pero en un diario que parecía el Quijote, de grande, y anotaba todo lo que sucedía y cosas que yo le contaba de mi vida pero letras ninguna. La soleá apolá y la malagueña eran letras populares, la bulería por soleá de Andrés Ruiz, martinete con letras de Quejío y el resto, taranto, seguiriya y  fandangos, de Carrasco. Lo traía loco porque la mayoría de las letras que me proponía se las echaba pa atrás; yo le pedía que hablaran del campo y que dieran salida a esa rebeldía que llevo dentro desde que nací y lo hizo y cada vez mejor, más ajustao a mi forma de pensar a medida que me iba conociendo.  Ahí en ese primer disco hay ya atisbos de lo que me gustaba, como esa letra “Viejo y le faltan las fuerzas, a ese hombre no hay quien lo mire a la cara, porque es viejo y le faltan las fuerzas, después del producto dao, pa ese hombre no hay clemencia, ¡tanto cómo ha trabajao!” Carrasco fue un gran amigo, uno de los mejores letristas de flamenco y alguien muy importante en mi carrera.

El disco “Así canta El Cabrero” salió en otoño y, el mismo día de la muerte de Franco,en los informativos de la tele nacional se habló del disco y salí cantando por seguiriya “Le corten la lengua”. Ahora lo escucho y veo que, en algunos momentos, iba muy a mi aire con la guitarra y tampoco me peleaba con los cantes como lo hace uno cuando ya va cogiendo confianza en sus facultades. Pero está hecho con  respeto y  afición.

Me hicieron algunas entrevistas de promoción y ni en una de las respuestas pusieron lo que yo dije. Aquí vamos a poner el primer artículo que salió, con una foto que tengo cara de asustao.  Dicen que cuido cabras “cuando lo necesito para mi equilibrio sentimental y que estoy más en el pueblo que en el campo” o sea, todo lo contrario de la realidad…

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de | 12/01/2012 · 17:43

Si aquellos dos tíos no hubieran tenido armas, no me llevan a la cárcel (El Cabrero, 1974)

Tras el concierto de Toulouse José pretendía volver inmediatamente a Aznalcóllar, no quería esperar ni los 30 días que yo tenía que dar a la empresa al despedirme: Me falta el aire, quiero ver otra vez el horizonte amplio, quiero que me huelan las manos a jara… y, al día siguiente, se fue solo, desde Toulouse, en tren, camino de su pueblo y yo volví a Ginebra y presenté a mi jefe el cese voluntario. Llevaba poco más de 6 meses en un puesto de cierta responsabilidad y tuve que alegar motivos…  ¿Trabajando en bolsa para comprarse cabras e irse a Andalucía al monte? ¿Elena, se ha vuelto loca? Mi jefe no estaba capacitado para entenderlo, era un bróker.

Pasaba el tiempo y no tenía noticias de José. Mientras, por las noches, yo hacía foulards, corbatas y pajaritas para la empresa en la que trabajaba mi madre. En francos suizos era una miseria, comparado lo que valía una hora de mi sueldo pero, calculado en pesetas, le sacaba cada noche al pedal de la Sigma lo suficiente para comer unos pocos de días en Aznalcóllar.

José llevaba más de diez días sin telefonear ni dar señales de vida en su pueblo, ni en ningún otro lugar de los que podía haber frecuentado. Llamé a los hospitales de varias ciudades en la trayectoria del tren… Era realmente angustioso y estaba pensando pedir a su madre que avisara a la policía de su desaparición cuando recibí una carta desde el penal de Figueres.

En la carta tan sólo decía que lo habían detenido en la frontera, que estaba enfermo, tosía mucho y que fuera a verlo cuanto antes y salí al momento con medicinas, víveres y ropa de abrigo. Tras algunas gestiones pude sacarlo de aquel inmundo penal donde convivían con las ratas y me contó:“¿Recuerdas que nos dijeron en Toulouse que había esbirros franquistas en la sala? ¡Anda que no los conocen bien!

Nada más llegar el tren a la frontera, dos de paisano lo habían esposado y metido en un coche diciéndole que había una causa pendiente contra él por una pelea en su pueblo. Pero, durante todo el trayecto, lo que le preguntaron insistentemente y de mil maneras, era quién había organizado el recital y con quiénes había tratado en Toulouse. Y él les decía que era un cabrero medio analfabeto, que cantaba y no entendía de nada más que de eso… ¿Que dónde se había alojado? Él no sabía nada de nada y así una y otra vez “…hasta que, ya dándome por imposible, uno de los polis me dijo: “Pero las tabernas de tu pueblo sí que las conoces bien eh” Se rieron como hienas y a mí me entró la del tigre, de impotencia; si aquellos dos tíos no hubieran tenido armas, no me llevan a la cárcel. Salí pa vomitar muchas veces al arcén y,  por aquellos barrancos, no me cogían a mí esos dos por pies. Por un momento pensé en pegar dos brincos y huir aprovechando la noche pero, claro, iban armados.

Juntos en Aznalcóllar de nuevo, nos hicimos de una piara de cabras y volvimos a nuestra antigua rutina. Feliz con el pastoreo y en su entorno, José aseguraba que no quería saber nada de la vida de artista. Pero llegó la convocatoria para el Concurso Nacional de Córdoba, al que lo había inscrito desde Ginebra por iniciativa de Pablo, el presidente de la Peña Fosforito, y le entró curiosidad por saber cómo era aquello.

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El Cabrero, a mediados de los 70, en nuestra casa

Nos habíamos gastado hasta el último céntimo en las cabras, los viajes internacionales y adecentar un mínimo aquella casa y tuvimos que pedir el dinero prestado para el viaje en tren Sevilla-Córdoba, en tercera clase, asientos de madera, hacinados y con un calor infernal. O sea, que lo que entonces contó el crítico cordobés, Agustín Gómez, sobre un suntuoso mercedes aparcado a la entrada de Córdoba, supuestamente de mi propiedad, es una mentira entre otras, menos inocentes, con que éste y otros “flamencólogos” lo han obsequiado a lo largo de su trayectoria.

La gala de selección se celebró en un recinto abarrotado. Nadie lo conocía y, al salir al escenario, se oyeron comentarios jocosos entre el público, algunas bromas de mal gusto y hasta un ¿dónde te has dejao el caballo? José, como si no fuera con él y, cuando empezó a cantar, se hizo el silencio. La ovación cerrada del público, al primer cante, me tranquilizó.

Apenas nos acordábamos ya del Concurso cuando supimos que había sido seleccionado para la final. Se quedó sin premio y, a mi juicio, con toda razón porque concurrían grandes artistas, con carreras asentadas, como El Lebrijano, Pansequito, Luis de Córdoba, el Chano y José sólo había protagonizado cuatro conciertos en su vida y estaba verde. Volvería a participar en 1977 y en 1980 y en ambos, pese a haber obtenido los premios por soleá y malagueña, sí que lo trataron injustamente según la opinión de aficionados de tanta relevancia como Paco Vallecillo, miembro del jurado en esa ocasión, y algunos presidentes de peñas flamencas, entre otros. [1]



[1]Hablaremos de ello en próximas entradas. Intentamos contar de manera cronológica esta trayectoria de 40 años

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Mis primeros recitales en solitario (El Cabrero 1974)

Me dice Elena que debía de colaborar más en esto y que por qué no cuento lo que recuerdo de los cuatro primeros recitales de mi carrera.

De Ginebra, donde fue el debut, me sorprendió eso de ver aquel teatro abarrotao, porque sólo había estao allí con La Cuadra, uno más del grupo que hacía tres cantes y el meollo estaba en la obra y en lo que se decía. Pero esa noche, ahora me doy cuenta que arriesgué lo mío porque me abarqué con catorce o quince cantes y algunos sólo los había cantao un par de veces… ahora, los conocía (si no, no los hubiera hecho). Los cantes que yo tenía más trillaos eran los que hacía en Quejío (seguiriya, tonás y cantes de trilla) y ya por mi cuenta la soleá, los fandangos, la malagueña

Digo que arriesgué porque yo estaba hecho a la guitarra de Joaquín y no había medios pa traerse un guitarrista de Andalucía. Los de la peña Fosforito me recomendaron a Manolo de Córdoba que era emigrante y después de su trabajo podía ensayar. Manolo era mu buena gente y tocaba bien. Yo no recuerdo que tuviéramos problemas durante el concierto y eso que no fueron cuatro cantes: hice soleá, seguiriya, malagueña, la caña, serrana, fandangos, taranto, cartagenera, tonás, cantes de trilla… qué sé yo. Me dijeron que tenía que hacer, como mínimo, hora y media y la gente pedía más así que canté to lo que sabía.

Luego, en Lausanne, recuerdo que nos taparon los carteles y hubo poca gente pero vinieron los de la Peña Fosforito, de Ginebra, y me dieron calor. Ya en Suiza nos quedaba por hacer Friburgo y aquello fue otra vez un llenazo. Fue en un club de jazz muy famoso allí pero lo tuvimos que hacer todo Elena y yo ¡hasta pegar los carteles! Y lo hicimos a pie: yo llevaba los afiches y el cubo con la cola y Elena embadurnaba y pegaba. Así pasamos un par de noches, por aquellas calles de Friburgo hasta bien alta la madrugá. La verdad es que la pegada fue a conciencia. ¡Dejamos las calles del centro sembrás de carteles! Pero valió la pena, se llenó; Elena se puso en la taquilla porque lo de las entradas era para nosotros y, a la media hora, ya no cabía la gente ni de pie. ¡Yo no me esperaba eso!

Esta es la imagen que sirvió de base. Ponía, además, El Cabrero - Cante flamenco

Primer cartel de El Cabrero (1974)

Ese fue el último en Suiza ya ahora me quedaba Toulouse. Allí fui muy motivao por encontrarme con mi amigo Navarro, el zapatero. Lo conocí cuando estuvimos con La Cuadra y lo quería y lo admiraba. Navarro era un tío con grandes valores, un viejo luchador anarquista y le tenía mucho respeto. Nos quedamos otra vez en su casa y estaban hechos polvo, él y su compañera Blanca, y muy ocupados, porque estos criminales franquistas iban a ejecutar a Puig Antich a los pocos días. Antes de comenzar el recital, uno de los organizadores me dijo si quería leer un comunicado contra la ejecución de Puig Antich pero yo leía mu malamente, sílaba a sílaba… Me pidieron permiso para leerlo ellos: “como mañana vuelves a España, te advertimos que te puede acarrear alguna que otra molestia porque en la sala hay más de un esbirro franquista”. Se leyó el comunicado y la sala reventó en un aplauso cerrado. Luego, canté… y sí había más de un esbirro franquista en la sala como se verá más adelante

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