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Informaciones rererentes a los primeros años de carrera

El “sí pero no”: una forma sutil de veto

No damos abasto a responder mensajes de aficionados quejosos de haberse enterado del recital que va a dar El Cabrero, el 16 de diciembre en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, cuando las entradas ya estaban agotadas.  Un buen número de seguidores, que esperaban verlo anunciado para invitar,  como regalo de Navidad, a familiares o amigos, nos piden que les consigamos entradas a cualquier precio. Nos reprochan no haber publicado la puesta en venta de las butacas cuando se produjo. ¿Cómo lo íbamos a publicar si nosotros también nos enteramos cuando ya habían puesto el “no hay billetes”?

El concierto de El Cabrero está incluido en la programación Andalucía Flamenca que produce la Junta de Andalucía a través del Instituto Andaluz del Flamenco. Quienes conocen su trayectoria saben que El Cabrero no es precisamente un artista que se prodigue en los eventos de la Junta de Andalucía o patrocinados por ella. Más bien se podría decir que es el gran ausente; en parte porque nunca solicitó subvención para sus giras nacionales o internacionales, ni proyecto artístico alguno y, sobre todo, porque la Junta de Andalucía lo ha venido excluyendo, por sistema, de sus programaciones habituales y de las puntuales también.  Eso sí, de tarde en tarde cuentan con él y, mira por dónde, justifican que vetado no está.

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Años 80 El Cabrero bailando a petición del público en el Festival Torre del Cante de Alhaurín de la Torre

Pero hay que leer entre líneas porque se dan varias formas de veto: explícito, sin matices; tácito, con matices; “sí pero no”, por derecho y de costao

Todos sabemos que lo que más se lee de las noticias son los titulares. Muy poca gente se enteró de que El Cabrero cantaba en el Auditorio Nacional y del inicio de la venta, porque así lo quiso el responsable de la Nota de Prensa que el Instituto Andaluz del Flamenco envió a las Agencias para anunciar el Ciclo Andalucía Flamenca y que, a su vez, difundieron los medios, titular incluido.

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Resumen temporada Flamenca 1983

Aficionados que vieron esta noticia comentan que no la relacionaron con El Cabrero. Considerando que se trata de una de las grandes figuras del Flamenco, una leyenda viva del Cante Jondo,  al no verlo en titulares pasaron página. Por eso, sólo aquellos que leyeron íntegro el artículo pudieron hacerse con las entradas porque, estar,  sí que está anunciado El Cabrero, en alguna parte del texto lo mencionan, pero no en su sitio: ése es el veto tipo “Sí pero No”, con tos sus avíos.

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Nota de prensa del Instituto Andaluz del Flamenco anunciando el ciclo y el concierto de El Cabrero

Cuarenta y cuatro años en los escenarios dan para mucho y nuestro Cabrero puede presumir de haber sido distinguido con vetos de todos los estilos conocidos hasta hoy. Pero eso lo dejamos para otra ocasión

Cumplió 72 años hace unos días y, por suerte, la madre naturaleza le está conservando la salud, la voz y las ganas de cantar. Las hemerotecas dicen que lleva en primerísima figura del cante jondo, sin baches, desde inicios de los 80. Que es el cantaor que más festivales flamencos tradicionales ha hecho de la historia. Que sigue abarrotando los recintos y que ha conseguido atraer al Flamenco a los jóvenes sin haber renunciado a expresar el cante en su forma más ortodoxa. Que ha llevado el Arte Jondo a recintos internacionales donde sólo con él ha entrado y, subrayo, sin subvenciones oficiales. Que ha sido tal su capacidad de convocatoria a lo largo de los últimos 36 años para ser saludado por la prensa especializada como un fenómeno social.

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Foto en Benalmádena Suena 2015

Todo eso, a pesar de los vetos oficiales, del nulo apoyo televisivo o mediático en general y  gracias, exclusivamente, a esos aficionados que, a lo largo de los años, siguen apoyándolo con su presencia en los conciertos.

Por eso, lamentamos que tantos amigos se queden sin poder asistir al recital del 16 de diciembre. Intentaremos producir algún concierto en Madrid o alrededores en 2017 y prometemos anunciarlo con tiempo y con los medios que manejamos las productoras independientes.

Aprovechamos para informar de los conciertos pendientes en 2016, que son todos en diciembre: Voces en resistencia, con El Cabrero y Zapata, el viernes 2 en Escenario Santander y sábado 3 en el Miguel Delibes de Valladolid. 16 en el Auditorio Nacional de Madrid (agotado) y el 17 El Cabrero recital en el Festival Flamenco de Vélez-Málaga.

Atípicos Utópicos (www.atipicosutopicos.com)

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El blog de El Cabrero se recicla

Hace dos años iniciamos este blog con el propósito de contar la trayectoria de El Cabrero, paso a paso.  Pretendíamos reflejar lo más destacado y terminar el relato a finales de 2012, coincidiendo con el 40º aniversario de su debut. Pero yo tuve que asumir nuevas tareas profesionales y nos paramos en 1983, dejándonos en el tintero la friolera de treinta años más de una apasionante carrera.

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El blog, con treinta y seis entradas, lleva más de cien mil lecturas y aún hoy recibimos mensajes preguntando cuándo seguiremos con la narración y por qué no publicar una biografía completa.

Y eso mismo he pensado yo cada vez que he tenido que resumir en un par de páginas anécdotas dignas de un capitulo entero: por qué no publicar ya, de una puñetera vez, esa biografía que llevo fraguando desde hace décadas…

Y en eso estoy, en el intento de contar la historia de El Cabrero, la profesional, que era el tema de este blog, y la personal, desde su infancia.

Y digo “era” porque el blog lo reciclamos: seguiremos publicando, tanto El Cabrero como yo, pero el contenido será distinto. Ya se verá lo que da de sí. Os invitamos a seguirnos, como hasta ahora.

De la biografía de El Cabrero ya os informaremos en este mismo blog. Os garantizo que será apasionante.

  • Foto reciente de Juan Pablo Pereda: El Cabrero en los campos de Valencina, con “las niñas”

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Camarón fue un cantaor viejo desde niño (blog El Cabrero 40 aniversario)

Me paso poco por este blog pero me ha recordao Elena que se cumplen 20 años que nos dejó Camarón.

Era un día de mucho calor. Yo estaba sesteando con las cabras a 17 Km. del pueblo, cerca de la finca que tiene Diego Puerta en Sanlúcar la Mayor. Vino Elena a darme la mala noticia y, menos mal que no se le ocurrió esperar a la noche pa decírmelo, porque me encontró dormido, entre las cabras, a pleno sol. Me había tendido a la sombra de un eucalipto contando dar una cabezá pero había estado cantando la noche antes y me venció el sueño. La sombra siguió su curso natural y me estaba achicharrando allí pero podía más el cansancio que la calor.

Ya estábamos enterados de lo malito que estaba Camarón pero siempre había esperanzas porque era joven y fue un mazazo.

Él y yo nos movíamos en ambientes diferentes en nuestra vida diaria pero fue con el cantaor que coincidí más veces y hasta nos organizaron algún “mano a mano”. En los años ochenta hasta en los pueblos más pequeños se podía disfrutar de las figuras del cante, del baile y de la guitarra. Recuerdo una noche con La Paquera, El Sordera, Lebrijano, Aurora Vargas, Camarón y yo y, al baile, Manuela Carrasco. Y carteles de ese tipo había muchos por esos pueblos hasta que la Agencia del Flamenco se metió a agente artístico y se cargó los festivales de los pueblos de Andalucía para llevar el flamenco a Nueva York, a París y a esas grandes ciudades donde el flamenco no es más que un espectáculo porque no forma parte de su cultura.

Camarón fue un cantaor viejo desde niño. Yo lo apreciaba y lo admiraba. Me gustaba cantar con él y siempre que podía escuchaba su recital. Era diferente a tos, tenía un grave muy hermoso y arriesgaba siempre. Transmitía, tenía carisma y conocimiento de los cantes y creó un estilo inconfundible que tiene muchos seguidores, todos a años luz de él.

En camerinos andaba muy a su aire pero siempre nos saludábamos y, si había tiempo y buen ambiente, charlábamos un momento. Más de una vez, cuando me decía que estaba “regulá”, le dije: Vente conmigo al campo. Allí tengo una casa vacía pa ti y pa tu gente. Tú y yo salimos con las cabras, al paso de ellas, yo llevaré el agua y la comida pa que tú no tengas que aguantar peso. Vamos despacio y cuando te canses paramos. Si haces eso, al mes, estás fuerte como un roble. El y Carapalo se reían y él siempre me decía “José, yo sé que tú me lo dices de corazón” Y estoy convencido de que le hubiera sentado muy bien cambiar a una vida natural un tiempo por su salud y porque encontraría otros alicientes.

Pero Camarón vivió como quiso sabiendo lo que arriesgaba y yo no sé lo intensa que fue su vida pero sé lo mucho que sembró su voz y lo profunda que es su huella. Puede que nazcan figuras de tanta personalidad y garra como él pero creo que yo no las voy a conocer.

José El Cabrero

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de | 02/07/2012 · 12:27

¿Sabes que no había ningún rico entre los presos? Tos hijos de pobre (El Cabrero Blog 40 Aniversario)

Había periodistas y amigos en la puerta de la cárcel, los atendió a todos y, al quedarnos solos, lo primero que me dijo fue: Ahí dentro hay un tío, más noble y fuerte que un olivo, preso por robar hiscales. Me he jartao de palpar la injusticia entre esas paredes… me han tratado bien, los presos y los funcionarios, pero muchos me han contado su historia y cada una era una tragedia: miseria, incomprensión, abandono y soledad de desayuno, almuerzo y cena y ¿sabes que no había ningún rico entre los presos? Tos hijos de pobre.

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Estaba libre y, sin embargo, sombrío. Decía sentirse más rebelde aún que cuando lo llevaron preso pero también inseguro entre la gente: Los que van a la cárcel es porque le han hecho un daño a la sociedad ¿No dicen eso? Pues yo creo que esta sociedad es un peligro pa mí y no yo pa ella. Lo mejor va a ser irse a vivir a la sierra, con el ganao, y dejar  de lado el cante y las multitudes. Porque ¿Y si se me vuelve a ocurrir otro mecagoendios y me meten otra vez preso? A la cárcel no quiero volver como no sea que yo decida arriesgarme a entrar. Mejor dejo el cante. Y me pidió que cancelara todos los conciertos firmados.

No anoté en mi diario la fecha pero recuerdo que teníamos pendiente una intervención en TV y festivales en Barcelona y Sevilla. Sin dudarlo, opté por mantener ese compromiso y todos los demás porque era obvio, conociéndolo, que José no dejaría el cante mientras no lo obligara la naturaleza o el desdén del público. Volvió a su añorada rutina de pastor y pronto me confesó que lamentaba haber cancelado los conciertos así que se alegró de mi decisión y acudió a Barcelona y Sevilla más motivado, si cabe.

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A José no le gustan las entrevistas y menos aún romper el ritmo que impone el ganado pero en esos días aceptó muchas porque entendía que los medios habían sido solidarios con él y era su forma de agradecérselo. Hasta que Interviu le dedicó un reportaje a cuatro páginas y no concedió ninguna más durante un tiempo.

Vino Pilar Eyre, no la conocíamos, y estuvo casi todo el día con nosotros, primero charla informal y luego larga entrevista a José. Cuando Pulpón[1], exaltado, me presentó la revista con un titular a dos páginas, entrecomillado, “Vi a El Cabrero y me volví loca por él” seguido de un solemne Elena abandonó la banca de Nueva York para vivir en un corral, me entró la del tigre. Debajo una extraordinaria fotografía, firmada Jaime F. Garbi, de José con las cabras y otra de los dos. El primer impulso fue acudir a un abogado: yo no le había concedido entrevista alguna; las fotos conmigo eran supuestamente sólo para regalármelas; nunca trabajé en la banca de Nueva York y eso de volverse loca por alguien, con sólo mirarlo, me parece tan complicado como estúpido.

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Llamé a Pilar Eyre y se sorprendió mucho: lo había hecho con todo el cariño y se ve que había malinterpretado algunas de sus anotaciones… Lo lamentaba porque ella había intentado hacerlo lo mejor posible… Y todo eso se notaba pero se había inventado una historia de prensa rosa, nutriéndose de todo lo insustancial de la charla y relegando lo sustancial de la entrevista casi a puro testimonio. Mezcló la realidad con la ficción y consiguió un reportaje impactante y de juzgado de guardia. Pero no se barruntaba mala intención, me habían caído simpáticos y José no secundó la propuesta de Pulpón de presentar demanda judicial: “Estoy harto de juicios, jueces y lo que arrastra eso. Esa gente, lo que pasa es que no me han entendido y me han pintao como creen que soy. Que digan lo que quieran que yo por eso no voy a cambiar” El grupo Zeta había apoyado con fuerza la campaña a favor del indulto y les estaba agradecida. Opté por escribir al director. Enumeré todo lo que no se correspondía con la verdad y me salía una carta tan extensa que tuve que elegir entre tumbarle el reportaje o centrarme en lo más grave y había una perla que no podía quedar sin respuesta y no quería que la omitieran: Yo me acuesto con otras pero si mi mujer hiciera lo mismo la mataría (sic). La cosa fue así: a la “inteligente” pregunta de Eyre ¿Tú te habrás acostado más de una vez con otras… y qué harías si Elena te pusiera los cuernos? José respondió: “Creo que no lo admitiría… porque ésa es la universidad que he tenío” y la “periodista”, que no lo tenía muy claro en sus notas, entre admitiría y mataría optó por lo más truculento y morboso. En fin: al lector de este blog que haya leído aquel reportaje, le aconsejo que no se crea ni la mitad y acertará.

Ya habíamos rumiado el cabreo y me llaman de la revista Hola! Querían venir a hacernos un reportaje en Navidades en familia (¡!)… Lógico: la Eyre había hecho de nosotros dos personajes de tertulia rosa. Como se supone, les agradecí el detalle y les dije que no. Insistieron, me propusieron pagarnos y eso me molestó, entendieron que no era cuestión de dinero y no llamaron más.

Pulpón estaba disgustado: pensaba que un reportaje de esa índole en Hola supondría una enorme promoción y que podría subir mucho su caché… a lo que José respondió: Antonio, yo me avío con dos sardinas arenques y una naranja pero de mi no hace nadie un muñeco. A los pocos días volvió con nuevas propuestas y, si hubiéramos aceptado todas las entrevistas, reportajes, programas tv y radio que traía en la agenda, es probable que, tal como aseguraba, El Cabrero se convirtiera en un personaje muy popular y cotizado pero esa no era su meta: “¿Tú no te quieres creer que aunque fuera más rico que Rothschild yo seguiría saliendo al campo todos los días con las cabras? Pues créetelo, Antonio, porque eso es lo que me gusta además de cantar. A mí no me volvéis loco con la promoción porque ya tengo más seguidores de los que nunca soñé y cuando dejen de venir a verme, me retiraré y me dedicaré sólo a las cabras”



[1] Manager de El Cabrero en aquella época

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de | 30/06/2012 · 10:29

Vuelve el Santo Oficio, Blog El Cabrero 40 Aniversario (dossier prensa)

Como prometido, os propongo una selección de artículos de prensa relacionados con las dos entradas anteriores. Fueron cientos, en los 22 días en que tardó en tramitarse el indulto, pero sólo pudimos recuperar una parte de lo publicado y aquí lo más significativo

Vuelve el Santo Oficio (Editorial de Diario 16)

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Opinión compartida: la blasfemia en sí no es condenable (José Guzmán, El Correo de Andalucía)

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El delito de blasfemia debiera desaparecer, según Rico Lara (El Correo de Andalucía)

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Monseñor Amigo pidió el indulto para El Cabrero (El Correo de Andalucía)

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La blasfemia es un problema de cultura (El Correo de Andalucía)

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Buenas noches, buen cabrero (Federico Jiménez Losantos en Diario 16)

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El Cabrero (Felix Grande, El  Socialista)

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El Cabrero: toda Andalucía pide que le den ya la libertad (José  Martí, El  Periódico, entrevista)

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El Cabrero podría salir hoy de la cárcel (El Correo de Andalucía)

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Completaremos este dossier próximamente en una página de hemeroteca en este mismo blog

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de | 16/06/2012 · 11:41

El Cabrero “Soy como esos elefantes que caminan sin inmutarse junto a las autopistas que abren en la selva” (Cárcel de Sevilla 1982)

Los aficionados que llaman para felicitar a José por su 38º cumpleaños ignoran que no tenemos ganas de fiesta porque mañana ingresa en prisión para cumplir dos meses de arresto mayor[i]. No he conseguido que los niños lo entiendan y lo peor de todo es cómo se lo está tomando él: “… No tengo más cojones que dejarme llevar a la cárcel pero me revienta que sea en nombre de su dios, en el que no creo. [ii]Estos inquisidores me han condenao por lo que canto y lo que soy, no por lo que dije en Alcolea. (19 de octubre 1982, de mi diario)

Esa noche de su cumpleaños la pasamos hablando. “Ya tendré tiempo de dormir en la cárcel porque eso es lo que haré. No quiero ni una visita; no he hecho daño a nadie y no tengo por qué hablar detrás de una reja”. Preocupante su estado de ánimo mezcla de tristeza y de rebeldía incontenible: “Cuando reivindicas algo como la vereas o cualquier otra cosa y te llevan a la cárcel, es injusto, pero uno lo toma de otra forma porque es parte de la lucha. Ahora ¿Por decir un mecagoendios, en un momento de impotencia, tengo yo que estar dos meses sin ver a mis hijos y a ti y sin más horizonte que una pared… sin cantar, sin salir al campo? Si pudiera era capaz de huir… de irme ahora mismo de aquí y que me detengan, si dan conmigo; se me están quitando las ganas hasta de cantar… me da asco de esta sociedad que castiga al que se sale del redil de su democracia de cuento… ¿No decían que el estado era laico o cómo se llame? Ese fue su discurso hasta que despuntó el alba y se levantó para ir a darle una vuelta a las cabras.

Luego lo acompañé al cuartelillo y los municipales, solidarios, me dejaron estar un buen rato con él dentro del calabozo para que no se le hiciera tan largo el día. Creo que nunca lo había visto tan rebelde y entristecido como en el momento en que nos despedimos: “No me he sentido más impotente en mi vida y no me encuentro bien; estoy que doy bocaos de rabia… Cuida mucho de los niños y de ti”. Pocas horas después lo llevarían a la cárcel de Sevilla.

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(Fotografía de Miguel Ángel León)

Desde que nos anunciaran su inminente ingreso en la cárcel, tomé la decisión de solicitar indulto extraordinario. José Antonio Guiote Ordóñez, que llevaba el caso, no lo veía oportuno dada la brevedad de la condena: “No se puede presentar la solicitud mientras José no esté en prisión y, por mucho que agilicemos los trámites, seguro que estará en libertad antes de que esto llegue al Consejo de Ministros”.

Nuestro abogado y amigo José Mª Rubio opinaba igual cuando le anuncié que, pese a todo, iba a pedir el indulto porque no me resignaba a quedarme de brazos cruzados y quería que se supiera lo injusto de la condena. “Elena, los recelos del compañero cordobés son fundados. El Indulto extraordinario es una medida de gracia en virtud de la cual el Gobierno puede otorgar la libertad por considerar que la sentencia ha sido injusta. De cada mil solicitudes se concede una pero, si lo tramitas, hay que tener esperanza y, sobre todo, darse mucha prisa…“ En su opinión, la popularidad de José y lo escandaloso de la condena serían claves y me recomendó alertar a los medios y recabar adhesiones.

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(Fotografías de Miguel Ángel León)

Al día siguiente de su detención los principales medios de comunicación destacaban la noticia en portada con fotografías tomadas en el calabozo de Dos Hermanas:

Organismos internacionales gestionan la libertad de El Cabrero“… El caso, por insólito, ha saltado a la actualidad sevillana… ha llegado a oídos de Amnistía Internacional, a Ginebra, a Italia… Asombro y solidaridad han sido las manifestaciones más frecuentes…” (Nueva Andalucía, Teresa Adán)

El Cabrero ingresa en prisión para cumplir condena por blasfemia “Se da la circunstancia de que El Cabrero fue requerido por la misma empresa, en el mismo pueblo y que al iniciar su actuación quiso disculparse por lo sucedido, siendo interrumpido por los aplausos del público. Su defensor cree, en consecuencia, que no se produjo escándalo público en el caso juzgado” (El País, José Aguilar)

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Opinión compartida: la blasfemia en sí no es condenable “…El Correo, al filo de la proyección que la razón de este encarcelamiento merece, se ha puesto en contacto con personas allegadas al tema solicitando su opinión. La abogada Pilar Troncoso estima que la blasfemia perdió su primitivo sentido, con independencia la intención del que la dice… si todo el que blasfema comete delito, el noventa por ciento de los españoles pasaría media vida en la cárcel…” (El Correo de Andalucía, José Guzmán)

Aún recuerdo con calor la solidaridad que encontré en los medios de comunicación, especialmente los sevillanos, que se involucraron en la campaña y nos apoyaron hasta el final. Pero lo más sorprendente fue la movilización popular: recogida de firmas en las empresas, peñas flamencas, sindicatos, asociaciones profesionales, ayuntamientos y una legión de aficionados que se movilizaron por su cuenta y recabaron más de diez mil firmas en pocos días. Lo más emocionante: la huelga que llevaron a cabo los colegios de Las Portadas donde estudiaban nuestros hijos.

Mientras, en prisión, José se negaba a recibir visitas en señal de protesta por su situación. Algunos medios de comunicación me informaron de su intención de solicitar permiso para ir entrevistarlo y no aceptó. Sólo lo consiguió Paco Correal, amigo que escribía en Diario 16 y tenía previsto un reportaje sobre Ranilla[iii], coincidiendo precisamente con la llegada de José..

Angustia

En este departamento celular de reciente creación pasea su angustia y su correspondiente cerveza José Domínguez, El Cabrero, con la barba desaliñada y un rictus de predicador religioso encerrado en un campo de concentración “No me perdonan que sea de campo, y es que yo soy como esos elefantes que caminan sin inmutarse junto a las autopistas que abren en la selva” (22-10-82, Francisco Correal – Diario 16)

A seguir…



[i] Ver “Señora, con la Iglesia hemos topao ¡Ni que el Cabrero fuera el estrangulador de Boston!” (El Cabrero 1981)

[ii] Ver En cualquier otro sitio que no sea Aznalcóllar siempre voy a serle extraño al paisaje y él a mí

[iii] La prisión de Sevilla

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de | 03/04/2012 · 12:55

Sin la iniciativa y el esfuerzo de las peñas pocos festivales se hubieran podido realizar (El Cabrero 1982)

“Me lo decía un compañero gallego: en Andalucía es donde se da más importancia, de todos los lugares de España, a la música autóctona. Y pienso que, en parte, lleva razón. Sólo en parte porque el andaluz de a pie sí tiene en cuenta nuestra riqueza musical, pero no así quienes pueden y deben – al menos lo proclaman reiteradamente en los periodos electorales – elevar el acervo cultural de este trozo de país”

Así arrancaba un artículo de Miguel Acal[i] de junio 1982. Si ese año se celebraron más de 100 festivales, casi todos subvencionados por los ayuntamientos ¿Por qué esa denuncia? Porque Miguel, muy vinculado a las Peñas, sabía que eran ellas quienes habían propiciado el milagro festivalero; que las ayudas municipales al flamenco eran muy inferiores a las destinadas a otras músicas y que, en definitiva, sin la iniciativa y el esfuerzo de las peñas pocos festivales se hubieran podido realizar.

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Pulpón gestionaba la agenda: como él era quien representaba al 98% de los artistas en activo, su famoso “cuadrante” era fiel reflejo de lo que acontecía en la programación flamenca urbi et orbe. Se decía que ponía y quitaba a quién le daba la gana y es que nunca llueve a gusto de todos; aquellos artistas que trabajaban menos que otros compañeros se lo achacaban siempre al representante. Yo pasé muchas mañanas en aquella oficina, porque así lo requería la abultadísima agenda de José, y asistía en directo a las conversaciones de Antonio con los organizadores, generalmente peñas flamencas: éstos le pedían determinados artistas y Pulpón le preguntaba a Mari Valle, su secretaria, si estaban libres tal día… siempre la misma dinámica. Y es lógico; las peñas estaban gestionadas por aficionados con criterio y libertad para decidir su programación y afirmar lo contrario me parece hasta ofensivo.

El funcionamiento era el siguiente: Pulpón publicaba a principios de año un listado de precios donde figuraban la inmensa mayoría de los artistas en activo (Siempre al terminar la temporada negociaba los cachés de la siguiente aconsejando, invariablemente, no subir y el artista decidía). Una vez publicada la lista y enviada a las Peñas y Ayuntamientos se iban formando los festivales en función de las preferencias de los organizadores, de la disponibilidad de los artistas y del presupuesto. No había otro misterio.

Y los Festivales crecieron, a principios de los 80[ii], con un vigor sólo comparable a la extraordinaria calidad de los artistas en activo, a la masiva respuesta del público y al entusiasmo y esfuerzo de las Peñas Flamencas. Sin embargo quienes sabían cómo confeccionar un cartel atractivo y jondo ignoraban hasta el propio significado de la palabra “producción”. Pulpón, que generalmente se limitaba a contratar los artistas solicitados, tampoco entraba en esos pormenores y cuando le trasladaba las quejas de José sobre el sonido o cualquier otro inconveniente su respuesta era siempre la misma: Señora, El Cabrero ha triunfado, lo demás no tiene importancia. Pero la tenía porque, con una producción correcta se hubieran evitado problemas, achacables tanto a Pulpón como a los propios artistas y organizadores, que mermaban la calidad del espectáculo.

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La desproporción entre lo que se invertía en la contratación de artistas y lo que se presupuestaba para el sonido o las infraestructuras era chocante y sólo algunos grandes festivales cuidaban ya estos aspectos. Pero se daban a veces carteles plagados de figuras con sonidos de tómbola; camerinos infradotados, insuficientes o inexistentes; barras revientaconciertos y dobletes imposibles. Poco a poco fueron mejorando y hoy se cuida más el sonido y no es concebible producir un festival sin contar con uno o varios camerinos para los artistas pero, en aquel tiempo, he visto bailaoras cambiarse detrás del escenario o un solo camerino para una docena de artistas (ellos volvían la cabeza cuando las señoras se vestían, y viceversa); camerinos sin espejo, sin agua y sin wc que obligaban a los artistas a utilizar los mismos lavabos que el respetable o dirigirse al bar más próximo y barras ruidosas funcionando, cerca del público, toda la noche (las barras abiertas durante las intervenciones musicales siempre me parecieron intolerables, salvo si están suficientemente alejadas del público y del escenario porque, entre miles de personas en silencio, basta con media docena bebiendo y charlando a voz en grito en la barra, para cargarse el festival).

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Luego estaban los famosos dobletes, de los que José no quería ni hablar pese a que Pulpón le proponía, cada año, un buen puñado: “en uno de los dos sitios no voy a estar a mi altura porque las cuerdas vocales no son de plástico; no aceptes ni un doblete”. Así rechacé sistemáticamente todos salvo cuatro o cinco en toda su carrera y siempre por idéntico motivo: a petición de los dos organizadores que se habían puesto de acuerdo para que El Cabrero abriera o cerrara sus respectivos festivales. Recuerdo un Jerez/Alhaurín de la Torre la misma noche y, sobre todo, Paterna de Rivera/Festival Juan Talega de Dos Hermanas 1981 donde José estaba programado para cerrar. Chiquetete, que le precedía, tuvo que prolongar su actuación más de media hora porque se les estropeó el coche y tuvo que ir Pulpón a recogerlos.  Llegó a casa consternado: cuando hizo su aparición en el recinto se había formado un auténtico revuelo interrumpiendo los aplausos la actuación de Chiquetete, comportamiento que a José no le gustó nada: “Lo pida quien lo pida no vuelvas a firmarme un doblete más; una cosa es llegar tarde por un problema de tráfico o de salud pero ¿por culpa de un doblete? Sentí bochorno cuando me recibieron con aplausos y se olvidaron de Chiquetete que me estaba haciendo el favor de aguantarlos allí hasta las tantas. A mí me tenían que haber reprochado llegar tarde y los aplausos para Antonio. Ni yo ni el público estuvimos a la altura de las circunstancias pero yo menos que nadie y no quiero verme de nuevo en ese trance.

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En muchas ocasiones fue José quien tuvo que prolongar su actuación para darle tiempo a llegar a algún compañero con doblete, circunstancia que siempre aprovechaba Pulpón para pintarle la cosa como normal – que lo hacen todos, Cabrero y hoy por ti mañana por mí – y pedirle que reconsiderara su postura. “Dile a Pulpón que mí no me molesta cantar el doble de tiempo si es preciso por echar una mano a quien sea y, como no conozco los problemas de cada casa, no juzgo a nadie pero no voy a hacer lo que creo que no está bien: no la hagas, no la temas”

Hace poco me pidieron que definiera, en una sola palabra, a El Cabrero. Me pareció superficial y castrante la pregunta pero no dudé ni un momento al responder: la coherencia.


[i] Ver en este blog “Un grito solo, desnudo, trágico… se modula solemnemente o se quiebra en mil pequeñas fiestas: el Flamenco (1981)

[ii] Ver en este blog: Creció el Flamenco y también el sentimiento de pertenecer a una tierra con grandes valores culturales que había que preservar (El Cabrero 1980)

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de | 18/03/2012 · 12:04

“Un grito solo, desnudo, trágico… se modula solemnemente o se quiebra en mil pequeñas fiestas: el Flamenco (1981)

Que yo recuerde, sólo dos veces, en 40 años de carrera, José se negó a cantar estando anunciado y con el público ya en sus asientos; una fue en Marbella a mediados de los 80 y la otra el 8 de septiembre de 1981 en Moguer (Huelva). En esta ocasión, Pulpón había suscrito un contrato con la Peña Flamenca para dar un recital en su el local social. Como el aforo era muy reducido y el espectáculo limitado a los socios y sus familias, con entrada gratis o a precio simbólico, se les hizo un precio de peña, (cincuenta mil pts. para José y veinte mil para Sousa), muy por debajo de lo que se cobraban por un festival o gala en recinto abierto al público.

Tal como indicaba el contrato, el 8 de septiembre José y Antonio Sousa se presentaron en la Peña Flamenca de Moguer pero allí no había ambiente de recital: sin previo aviso habían organizado el espectáculo en una caseta de feria y habían puesto la entrada a 400 pesetas: “Me quedé de piedra cuando uno muy exaltado me dijo que la actuación no era en la Peña que era en la feria… Tiramos el Sousa, Carrasco y yo pal recinto y lo primero que oí, al que estaba en la puerta vendiendo: ¡Qué cojones tienes: ya llevamos más de 700 vendidas!… El caso es que no me dieron una explicación que se tuviera en pie y les dije que, visto que habían tratado de engañarme, no iba a cantar en esa caseta. Me ofrecieron más dinero pero allí no cantaba ya a ningún precio porque no era cuestión de dinero si no de dignidad… me revienta que intenten engañarme con una rama de olivo, como a los borregos”. No sabemos qué explicación le darían al público para justificar la ausencia de José pero dudo mucho que les dijeran la verdad.

Pulpón opinaba que había que denunciarlos por incumplimiento de contrato pero José se negó; dijo que estaba ya harto de tanto papeleo: “Ya caerán en la cuenta de que no han ido por derecho”… Y lo dejamos ahí pensando que nos llamarían para pedir disculpas. Pero hicieron todo lo contrario al sentido común: lo demandaron ante la Magistratura de Trabajo de Huelva reclamándole daños y perjuicios… Cuando me lo comunicó Pulpón, que era quien había suscrito el contrato y era responsable subsidiario o algo por el estilo, estaba furioso: “eso no es lo peor, es que son tan miserables que han enviado un comunicado a las otras peñas para que no vuelvan a contratar a El Cabrero Y, puede ser casualidad pero, desde entonces, la relación de las peñas onubenses con José ha sido insignificante.

En Magistratura meses más tarde le darían la razón a José en sentencia que desestimaba la demanda y que los aguerridos peñistas recurrieron. También perdieron el recurso. Eso es todo lo que sucedió: un monumento a las buenas maneras y a la coherencia por parte de la directiva de la Peña Flamenca de Moguer, a mi juicio.

Como decía hace poco, no fue aburrido el año 81. Poco después de la actuación frustrada en Moguer nos comunicaron la sentencia del juicio por blasfemia: cinco meses de arresto mayor y cuarenta mil pesetas de multa. Guiote Ordóñez aconsejó recurrirla y eso hicimos. Estábamos a mediados de octubre y José a penas se había podido acercar, en meses, a las cabras. La gira de verano, de cuatro a cinco festivales por semana, fue agotadora: terminaban a altas horas de la madrugada y todos querían dejar a José para el final. Los más largos, el Castillo del Cante de Ojén, que José cerró veintitantas veces en su carrera, y el de la Parpuja de Chiclana; en ambos llegó a subirse al escenario ya con luz del día.

El Castillo del Cante de Ojén era entonces, con la Torre del Cante de Alhaurín, un festival puntero en la provincia de Málaga. Ambos patrocinados por los ayuntamientos y organizados por las peñas flamencas, en este caso “La Churruca”. Un recinto más limitado que el de Alhaurín pero con mucho encanto y un público fiel y entendido en uno de los pueblos más bonitos que conozco, rodeado de monte y a un tiro piedra del mar. Cante de poder a poder en ambos festivales y generalmente los carteles, configurados por auténticos aficionados, desde las peñas, permitían escuchar una gran variedad de estilos en la misma noche. Cierto que algunos cantes como la soleá, los fandangos, la bulería o la seguiriya se repetían a veces pero todos los aficionados sabemos que cualquiera de ellos acusan notables diferencias si son interpretados por Calixto Sánchez o por Chocolate, por poner un ejemplo con dos artistas entonces en activo. Por eso no estoy de acuerdo con quienes, desde los medios, ya a principios de los ochenta, pretendían que los festivales eran monótonos “porque siempre se escuchaban los mismos cantes”.

LUZ DE LUNA, CON PACO DEL GASTOR EN “EL ABANICO” DE CANAL SUR

La relación de los llamados flamencólogos con los festivales tiene mucho de paradoja: Cuando había casi un festival en cada pueblo y en algunos entraban miles de personas iniciaron una campaña de descalificación que, si bien no influyó demasiado en la afición, sí que hizo mella, poco a poco, en muchos alcaldes, más sensibles a las críticas de la prensa que al criterio de los ciudadanos. Y digo que es paradójico porque ahora que los festivales de verano andaluces son historia, los reivindican pero ya no sirve darle palitos a la mula moribunda.

De la campaña mediática contra los festivales hablaré más adelante y con mayor perspectiva porque me parece un tema relevante ya que al calor de la enorme popularidad del flamenco, en los 80, crecieron los flamencólogos como hongos y algunos, tan atrevidos como ignorantes, siguen en activo sin haberse superado del todo.

Ya he dicho que la opinión de los medios tenía muy poca influencia en el respetable, y lo sé por experiencia, por el mucho tiempo y esfuerzo que empeñaron en descalificar a José: primero al cantaor, luego al público que lo aplaudía y finalmente buena parte de su repertorio. A título de ejemplo, Luz de Luna, que grabó ese año con las guitarras de Antonio Sousa y Pepe Habichuela; fue machacada por la crítica y, pese a ello, se hizo imprescindible en todos sus conciertos. Treinta años después sigue siendo el cante más reclamado en los bises”.

Cuando se cumplen ya 10 años de la muerte de Miguel Acal quiero recordar una mañana en que me lo encontré a la entrada de la oficina de Pulpón y hablamos de los festivales y la opinión de la crítica. Miguel era un aficionado de pro; hecho en muchas noches de arte, sabía de flamenco y tenía el mejor programa de cante que recuerdo, Con Sabor Andaluz, en La Voz del Guadalquivir. Ponía la voz en la lectura de los textos Paco Sánchez, que entonces conducía un programa de rock en la misma emisora y es hoy un reconocido maestro de la fotografía flamenca. Soberbio programa de flamenco, con una careta insuperable: “Un grito solo, desnudo, trágico… (seguido de la queja lacerante de Chocolate, por seguiriya) Se modula solemnemente… (Juan Talega, templándose por soleá)… o se quiebra en mil pequeñas fiestas… (Lebrijano por bulerías): esta presentación, por si sola, ya ponía el vello de punta.

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Miguel Acal con Matilde Coral (foto de Paco Sánchez)

Pese a nuestras diferencias, él de derechas y nosotros todo lo contrario, Miguel nunca vetó a José y tuvimos una relación de afecto y respeto hasta su fallecimiento en 2002, que sentí mucho. Esa mañana, hablamos un rato de la incipiente tendencia de la crítica a considerar que los festivales eran demasiado largos, pesados y repetitivos. Se quedó muy pensativo cuando le apunté mi opinión y, como allí había flamencos entrando y saliendo, que se acercaban a saludarnos, quedamos en que le escribiría al respecto: “Vosotros, los que hacéis críticas de flamenco, podéis ver en un año una treintena de festivales, o más. Os tropezáis con los mismos artistas, obviamente, porque las figuras más solicitadas por su tirón popular no pasan nunca de media docena y festivales hay más de cien. Es lógico, por mucha afición que se atesore, que os resulte repetitivo pero para los aficionados locales, que esperan su festival durante todo un año, la cosa cambia y viven ese encuentro con el cante de manera muy diferente a vosotros; es la fiesta flamenca de su pueblo y no les importa dedicarle toda la noche, la prueba es que, cuando se queda para el final un artista de fuste, el público sigue en sus asientos sin medir el tiempo: es su noche flamenca, Miguel, no la tuya o la de tus compañeros de la crítica, y tampoco de los artistas. No podéis enfocar el tema desde vuestra experiencia porque está viciada por la costumbre…” Y me dio la razón.

Si me alargo hablando de Miguel, es que se lo merece porque era de los pocos flamencólogos[i] que sabían de cante y porque le tenía mucho afecto. Cierto que hubo de todo: encuentros y desencuentros, como en toda relación sincera, y no se rompió ni cuando se le ocurrió publicar que José ya no debía de dárselas de simple cabrero porque se había convertido en un gran ganadero con fincas propias, algo que no era cierto: José siempre ha sido un cabrero sin tierra y sólo una vez llegó a tener 500 cabras, no por ambición – ya que fueron casi nuestra ruina – si no por lo mucho que le gustan.

Una noche, José había cantado un fandango que, como tantos otros de su repertorio, no le gustaba a todo el mundo: “Al pobre de Jesucristo/ lo coronaron de espinas/ Por poco lo dejan tuerto/ los hijos de la gran puta/ ¿No es pa cagarse en sus muertos?” La llamada y reprimenda de Miguel, a las tantas de la madrugada, me pareció surrealista: “Elena, con este fandango José se ha pasado… es que le ha llamado hijos de puta a los judíos y sus descendientes se pueden dar por aludidos y X[ii] que me ha dicho que está pensando ir a denunciarlo al juzgado de guardia…” Lo primero que se me ocurrió fue reírme con fundamento: “Pero Miguel, corazón mío, si ese fandango se lo ha cantao Paco Toronjo hasta a la guardia civil! Además ¿desde cuándo tienen los antepasados de X algo que ver en lo de la crucifixión? ¿No es gitano por los cuatro costaos? En efecto, era una letra del Toronjo que nunca había escandalizado a nadie hasta que la cantó El Cabrero y los gitanos no tenían nada que reprocharse en la muerte del pobre de Jesucristo. “Mira Miguel, lo que faltaba ya, para darle colorido al ambiente flamenco es que X denuncie a un compañero, o a quien sea, por semejante gilipollez; aconséjale que no haga el ridículo, ya que eres su amigo”. Me aseguró que ya lo había hecho y no tengo la menor duda de que así fue.


[i]A Miguel no le gustaba nada el palabro

[ii]Omito el nombre del cantaor por respeto a la memoria de Miguel, ya que eran muy amigos y porque no tiene mayor importancia… sólo una anécdota



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de | 24/02/2012 · 13:18

Creció el Flamenco y también el sentimiento de pertenecer a una tierra con grandes valores culturales que había que preservar (El Cabrero 1980)

La década de los 80 se caracterizó, fundamentalmente, por el auge de los festivales flamencos de verano. Pocos pueblos de más de 2000 habitantes carecían de un festival anual, de mayor o menor envergadura, y raro era el alcalde andaluz que no se enorgulleciera de presentar el festival de su pueblo como prioridad en materia de cultura. Algunas cadenas de radio retransmitían cada semana varios festivales y ciertos programas dedicados al flamenco se hicieron tan populares que sus conductores eran ovacionados cuando se subían a presentar alguna de estas noches flamencas.

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VII Torre del cante – Más de 6000 personas acudieron a presenciarlo (junio 1980)

Y, sin embargo, fueron los llamados “flamencólogos” quienes iniciarían, desde sus respectivos medios, pocos años más tarde, la faena de acoso y derribo contra los festivales flamencos. Se lo advertí a Pulpón, que entonces aglutinaba el management de todos los flamencos, y no le dio importancia: “Señora, éstos de la prensa están enfadados porque no los contratan, como presentadores, todo lo que quieren y porque sus artistas amigos no son las figuras de los festivales”. (Ilustraremos esta observación en próximas entradas, con artículos de prensa sobre el particular)

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I Festival Juan Talega, en Dos Hermanas “El Cabrero sentó cátedra” (junio 1980)

Como la programación la hacían generalmente las peñas flamencas locales, sin intervencionismo de la administración, casi todos los artistas en activo participaban, en mayor o menor medida, en este circuito. Creció el Flamenco y también el sentimiento de pertenecer a una tierra con grandes valores culturales que había que preservar.

Los festivales siempre me han parecido la mejor fórmula de difusión para el flamenco. Por todo lo expuesto y porque, en definitiva, acercaban el flamenco de calidad a todas las comarcas andaluzas fomentando así la cantera en las diversas provincias. Porque propiciaban que los jóvenes valores locales compartieran escenario con los ya consagrados y se dieran a conocer del gran público y porque era en su propia tierra donde el flamenco tenía más posibilidades de desarrollo.

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Festival de Cante Grande de Puente Genil (Agosto 1980) Fosforito cantó a su pueblo

Pero, a mi juicio, lo más interesante de este circuito veraniego era que, al ser su festival el reflejo de la personalidad del pueblo organizador, se generaba una diversidad de criterios de programación muy enriquecedora y atractiva para el aficionado y para los artistas en formación. (Parecido formato tenían los festivales malagueños de Alhaurín de la Torre, de Ojén, Guaro y Ronda, por ejemplo, y sin embargo, cada uno podía presumir de tener su propio carácter)

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Cartel de 1980 en Barcelona

No hace mucho, Eva la Yerbabuena afirmaba que su vocación surgió al calor del festival de Ogíjares, a donde la llevaban sus padres de niña. Como ella, se puede decir que la mayoría de los artistas de su generación se aficionaron al flamenco gracias a los festivales de sus respectivos pueblos o comarcas y, a mi juicio, esa es una de las grandes aportaciones al futuro del arte jondo que han hecho los festivales veraniegos, hoy especie en extinción.

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de | 15/02/2012 · 16:28

En cualquier otro sitio que no sea Aznalcóllar siempre voy a serle extraño al paisaje y él a mí (El Cabrero 1980)

En febrero de 1980 José ya tenía ocupados casi todos los fines de semana del verano, algo insólito en un cantaor que llevaba apenas tres temporadas haciendo festivales. Los primeros compromisos, firmados para finales de mayo, recién puesto en libertad, lo obligaron a pasar página de lo acontecido con el guarda jurado y su estancia en prisión y centrarse en lo artístico.

Por el contrario, yo no me di ni un día de tregua: eran tantas las irregularidades cometidas por la guardia civil, la noche de su detención, que temí que el proceso se siguiera instruyendo en la misma tónica.[i] Necesitaba un buen abogado y lo encontré en José Mª Rubio López que creyó la versión de José, me prometió que pondría todo el empeño en su defensa y lo hizo sin escatimar tiempo y esfuerzo.

Cuando me informó de la petición fiscal – cuatro años, cuatro meses y un día de prisión – me vine abajo: ¡Eso, a José, lo iba a hundir!… Acordamos ocultárselo mientras Rubio lo estimara oportuno (sólo se enteraría pocas semanas antes del juicio, en 1981). Sin embargo, esto haría muy difícil convencerlo de la necesidad de evitar las vías pecuarias y posibles provocaciones, hasta que se celebrara el juicio: él estaba seguro de sí mismo y no se sentía más amenazado que de costumbre en sus reivindicaciones. Se me ocurrió que la fórmula podría ser apartarlo del campo unos meses y autoricé a Pulpón a firmar todas las galas que le propusieran ese año[ii], sin restricciones.

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Fin de fiesta en Alhaurín de la Torre, bailando (mal) a petición del respetable

El 21 de junio, mientras cantaba en la Torre del Cante, en Alhaurín de la Torre, nació nuestro tercer hijo, Emiliano, y quizás por eso sea éste uno de los festivales más queridos por nosotros. Ese año, como de costumbre, el cartel era impresionante: Fosforito, Camarón, el Sordera, José Menese, Juan Villar, Carmen Linares, Turronero, José y… más de 6.000 personas abarrotando el recinto.[iii] “La Torre” era el primer festival importante del verano malagueño y a él acudían los aficionados de toda la provincia en masa. Ocasión esperada por miles de personas para disfrutar del arte de la tierra y tomar el pulso a las principales figuras; grandioso festival en el que José participó, desde 1979 hasta mediados de los 2000, en 19 ediciones.[iv]

La gira que nos firmó Pulpón fue agobiante; una media de 22 conciertos, al mes, desde junio a finales de octubre. Acabó cansado pero acerté: apenas pudo asomarse a las cabras y tuvimos así unos meses de tregua y relativa tranquilidad, sólo enturbiada por un percance en Alcolea de Córdoba a finales de agosto.

Estaban él y Luis de Córdoba en cartel y, mientras Luis hacía la primera parte, informé a Agustín Gómez, encargado de la presentación, de que José se había quedado repentinamente sin voz y no podría cantar. “Yo no puedo salir ahí para decir eso, porque se va a liar; es mejor que suba él, para que la gente vea que ha venido, y que sea José quien lo explique”. Y se subió, pero la gente no lo dejaba marchar: ¡Haz lo que puedas! ¡Sigue ahí! ¡Canta, aunque sea por señas! Y así, hasta que José lo intentó por soleá, con la voz como un serrucho… El público se mostró respetuoso ante su impotencia, menos cuatro graciosos que se pusieron a berrear y a reírse: “¡Mecagoendios! ¿No dije que no podía cantar? “ Enfadado consigo mismo, abandonó el recinto, entre los aplausos del respetable.

Siguió una denuncia presentada ante el juzgado de Córdoba, a la que dimos poca importancia, y el inevitable Agustín Gómez arengando con virulencia al personal, desde su programa en la COPE, contra el blasfemo que les “había enviado Sevilla”… ¡Un santiño, el señor Agustín! Pero… Sevilla ¿qué tenía que ver en todo esto?

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Fotografía de Eli Reed en la sierra de Aznalcóllar

Verano de grandes emociones, satisfacciones artísticas y desplazamientos imposibles, que nos pareció interminable. Ansiábamos volver a nuestra rutina, nos habíamos ganado disfrutar de un invierno apacible pero se ve que perdimos el boleto: los pelentrines, crecidos por la detención y proceso a José, le salían al paso; la Guardia Civil le impedía circular por las vías pecuarias, y yo no respiraba tranquila hasta que no lo oía llegar, por la noche. Se lo comenté a Rubio y me recomendó que nos fuéramos a vivir a otro lado porque allí le iban a hacer la vida imposible; lo iban a provocar hasta que se peleara con alguien y, si eso sucedía, lo tendríamos mucho más complicado en el juicio. José, al principio encontró descabellado el consejo del abogado pero, a los pocos días, tuvo otro encontronazo con un pelentrín, que lo amenazó con una escopeta cuando pasaba por una verea, y decidió que era hora de marcharse de su pueblo.

Desde que en 1974 comenzara a reivindicar, en solitario, las Vías Pecuarias, ningún sacrificio fue tan duro de asumir para José: “A mí, del pueblo me da igual porque no encuentro cariño ni solidaridad en él, más bien parece que muchos están deseando verme de nuevo entre rejas… pero alejarme del paisaje donde me he criao … aquí conozco todos los caminos, las piedras, los arroyos; crecí a la par de los olivos y las encinas: soy uno más entre ellos… En cualquier otro sitio que no sea Aznalcóllar siempre voy a serle extraño al paisaje y él a mí. Me voy por ti y por estos niños, Elena: si estuviera solo, aquí dejo el pellejo, al pie de las cabras, reclamando las vereas”.



[i] Ver, en este blog “Has atentado contra la autoridad y se te va a aplicar la ley antiterrorista”

[ii] Sólo tenía autorización, hasta entonces, de firmar 3 conciertos seguidos y luego siempre un par de días de descanso.

[iii] Ver transcripción de la crítica de Gonzalo Rojo en Sur en la página de prensa, en este blog

[iv] Sólo superado por El Castillo del Cante, de Ojén, donde han contado con la presencia de El Cabrero 23 veces en su carrera.

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