Mientras las piernas me aguanten, voy a ser cabrero

Cuando, a principios de los ochenta, un conocido crítico de flamenco sentenció que El Cabrero sería el cantaor de la transición, acertó: octubre 2014 y la transición aún no se ha hecho porque siguen en los puestos de poder los herederos del régimen franquista.

Pero los tiros apuntaban a otra diana: El Cabrero era una estrella fugaz, un artista de paso ya que su fulgurante popularidad se debía, según el gurú cordobés[1], a factores ajenos al arte. A saber,  su atípico atuendo e “impresionante” aspecto físico. (sic)

Mi querido Cabrero acaba de cumplir 70 años y 42 en los escenarios, con el mismo proyecto y actitud de su primer recital, y sin haber perdido nunca ese sitio de privilegio que el Cante Jondo y la afición otorgan sólo a sus elegidos.

En 1974 produje su primer recital en solitario, en el Teatro de l’Atelier, de Ginebra y, hace sólo 10 días, un concierto en el Festival de Marne, en París. Frente a la inexperiencia de entonces, la maestría de hoy pero idéntico su compromiso con el cante por derecho y con su entorno social. Y ahora, como en su debut, su figura rotunda, sin tapujos, reivindicando rabiosamente su independencia frente a los poderes, del color que sean.

Esta mañana, igual que siempre, se levantó poco antes de salir el sol para ir a ordeñar sus cabras, ahora sólo una pequeña tropa. Como se hizo el remolón cuando sonó el despertador, le pregunté si estaba cansado y me respondió que le hubiera gustado dormir un par de horas más. Le recordé que, tarde o temprano, tendría que dejar el ganado: “Ya tengo una edad pero, mientras las piernas me aguanten, voy a ser cabrero… ¡Más que las cabras me cansan los viajes y mientras me acompañe la voz y el público voy a seguir siendo cantaor! Yo soy feliz así, haciendo lo que me gusta! Y me vino al recuerdo aquella nota de Paco Vallecillo: “Los que necesitan tan poco para sentirse felices no tienen precio, porque no se ponen en venta y, si logran transmitir su mensaje y sus valores al público y éste los sigue, son muy molestos para el poder y el castigo será siempre proporcional al fervor que despierten y a la popularidad que alcancen”

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El Cabrero, agosto 2013 (Foto de Juan Pablo Pereda)

Con motivo de su 70 cumpleaños muchos le habéis escrito y ha sido emocionante para él y para quienes lo queremos. Yo tengo por costumbre regalarle una nueva canción por estas fechas. La comparto con vosotros, con mi agradecimiento, porque vuestro apoyo ha logrado vencer, a través de los años, el ostracismo al que lo condenaran los poderes políticos y mediáticos cuando se dieron cuenta de que “su propia disconformidad le servía de alimento”

(Para El Cabrero en su 70º cumpleaños)

No lo hago por capricho
al escoger, de las aguas,
para mi sed, la que escupe
el risco de la montaña
Nunca me gusto beber
en corrientes que se estancan

Y no es por casualidad
si busco, entre los caminos,
los que están mu poco andaos,
como hace el macho cabrío.
A veces pienso que lo hago
Pa protegerme mí mismo.

Tampoco por provocar
voy a cantar lo que siento
Si estoy contento lo digo
si estoy triste me lamento
si me avasallan denuncio
si me oprimen me rebelo

Porque nací de persona
con dignidad y sentimientos
¿Pa qué me sirve la voz
si no canto lo que pienso?
Si me callara algún día
será porque me haya muerto.

Elena Bermúdez

[1] Agustín Gómez

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Así será la Autobiografía de El Cabrero

“El cante de Camarón era una besana llena de flores de mil colores y el de Juan Talega, la tierra”

Definición que dejó El Cabrero, hace poco, en una reunión en casa, con Pedro Miño y Eduardo Izquierdo. Me pareció oportuna y la anoté de inmediato. Lo vengo haciendo desde el 72, tras nuestra primera conversación en Ginebra. Entonces, hablando del campesino andaluz y el habitante de las grandes ciudades como Madrid, París, Roma, que él acababa de descubrir, me soltó un par de frases que me dejaron perpleja: estaba parafraseando al Zaratustra de Nietzsche! Se lo dije…

“¿Quién es ese Niche?” Me confesó que era casi analfabeto y que sólo había leído, con dificultad, alguna novela de Lafuente Estefanía, en la mili. Hasta altas horas de la madrugada lo escuché, intrigada, preguntándome de qué madera estaba hecho aquel “analfabeto” para hablar con tanta lucidez, concisión y hondura de temas trascendentales.

Pensaba comentarlo, por la tarde, en la tertulia de Herrera Petere[1] pero, cuando intenté anotar alguna frase, al despertarme, no las recordaba con suficiente precisión. Me sentí frustrada y decidí, en el futuro, enmendarlo.

Y lo hice: durante toda nuestra convivencia, si algo en su discurso me llamó la atención, lo anoté, en cualquier circunstancia, hora y lugar. A la vez que el cuaderno se llenaba de contenido, opté por poner una pequeña grabadora en la mesita de noche y recoger nuestras larguísimas conversaciones, esas que comenzaban de madrugada, cuando se dormían los niños, y acababan, a veces, al alba. Con esto y mi diario personal, en pocos años tuve material para una biografía. Aún así, le pedí a varios amigos, en distintas épocas, que lo entrevistaran sobre temas que quedaban por tocar o no habían sido suficientemente desarrollados. Y ahora sí tenemos mimbres sobrados para hacer la canasta.

Todo esto para anunciar, a quienes la vienen reclamando desde hace tiempo, que pronto podrán tener en sus manos, una biografía de El Cabrero amplia y bien documentada. Y, como no podía ser de otra forma, contada por él mismo. Os dejo un adelanto:

(pregunta)

Eleuterio Díaz, enviado a la ocasión de Jesús Quintero, refirió, tras vuestro encuentro, que se había sentido muy identificado contigo especialmente por la definición que le hiciste de tu infancia: “Me crié a fuerza de jinchonazos y de pasar los caminos rápido”. En términos parecidos describes tu niñez, en numerosas coplas, muy especialmente en Como el Viento de Poniente. El tema ha sido una constante en tu repertorio en directo durante toda tu carrera. Hay quien opina que tu infancia no fue diferente a la de tantos niños de tu generación en la Andalucía rural de aquellos años”

El Cabrero:

Fue diferente porque yo siempre, desde que tuve un atisbo de razón, fui un rebelde. Y como mis viejos no estaban dispuestos a tolerar la menor desobediencia y menos aún que yo me tomara la justicia por mi mano, me castigaban duramente… por eso fui diferente a la mayoría de los niños de mi tiempo porque, a cambio de mi insumisión, supe lo que era la represión desde la escuela de párvulos… La maestra tenía varas de todas las dimensiones y siempre al alcance de la mano y pegaba fuerte en los dedos… pero yo tenía chinos en los bolsillos y por cada palo, una pedrá. Se quejaba a mi madre y mi madre, encima, también me pegaba. Y yo, seguro de mis razones, porque siempre era la maestra la que pegaba primero… yo sólo me defendía

Yo hacía cosas que no hacían los otros niños y por eso “siempre fui esa oveja negra”. No levantaba un palmo del suelo que me mandó mi madre a comprar pan a casa de uno que le decían Bigotes y que vendía pan y pescao frito. Entonces las mujeres andaban en el tajo, como los hombres, escardando garbanzos, rozando monte… Al anochecer, al dar de mano, venían todas con mucha prisa y Bigotes las iba complaciendo según llegaban y yo, que no alcanzaba el mostrador, media hora esgañitao, pidiéndole un kilo pan… cuando se fueron todas y me dio el pan, se lo tiré a la cabeza y cuando mi madre vio llegar a aquel Bigotes diciendo a grito limpio que yo era un criminal, otra paliza… y sin preguntarme por qué lo había hecho… Yo reaccionaba así ante la injusticia, con los medios que tenía.

Y dices tú que tengo muchas letras que hablan de esto ¿De qué voy a hablar? ¡De lo que he vivido, de lo que veo, de lo que pienso y lo que siento! Ya que mientas “Como el Viento de Poniente”, ese tema, es el que mejor me define. Es cierto que nunca me fié de aquellos libros, ni me gustaron nunca las sotanas y el día del Corpus era la ocasión para hartarme de brevas en el corral de la vecina… porque todo el pueblo estaba en la procesión… en eso, también era diferente a los otros zagales

(Pregunta)

No debía de ser corriente en aquella época, ni creo que lo sea hoy, que un niño de tan corta edad, cuestione la religión y rechace sus símbolos y tradiciones, sobre todo cuando éstas solían ir asociadas a todo tipo de festejos… ¿Se puede decir que tú te sientes ateo desde niño?

El Cabrero:

Yo, hasta hace poco, no sabía lo que quería decir la palabra ateo. Como en la política, en religión veo y escucho y luego hago lo que siento. La religión, lo mismo que ahora, iba de la mano de la fiesta y del MIEDO. ¡Ponlo con letras grandes lo del miedo¡ En Semana Santa, no tenías cojones a cantar, ni a silbar… pero, es que a mí se me ocurrió hacer sonar un cencerro un viernes santo y me dio mi padre dos guantás, porque “le iba a buscar una ruina” … Miedo, mucho miedo… porque ellos saben que la gente obedece a la jambre y al miedo ¿O no? La Iglesia, como el poder, son expertos en dosificar el hambre y el miedo para que el ganao obedezca al silbido. A mí siempre me pareció la religión una traba para la mente y un represor más. En la mili, por no ir a misa, me metían en el calabozo. Y, la primera vez que un cabo me dio una guantá, salí corriendo detrás de él y el cobarde se metió en el cuarto de armas y cogió un CETME y yo diciéndole que apuntara bien porque, como me dejara vivo, no daba un duro por su pellejo…

Apasionante, la biografía y el personaje. Pronto nos pondremos al trabajo para el que cuento con la colaboración de Eduardo Izquierdo[2], que acaba de publicar una novela basada, precisamente, en el personaje de El Cabrero. Sobre ella os hablaré en los próximos días.

 


[1] José Herrera Petere. Poeta, comunista, republicano exiliado y gran amigo.

[2] “Debo ser muy buena presa… “ Novela publicada por Lupercalia Editorial http://www.libreriaalberti.com/libros/debo-ser-muy-buena-presa-cuando-tengo-tantas-escopetas-apuntandome-cuando-tengo-tantas-escopetas-apuntandome/9788494163920/

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El blog de El Cabrero se recicla

Hace dos años iniciamos este blog con el propósito de contar la trayectoria de El Cabrero, paso a paso.  Pretendíamos reflejar lo más destacado y terminar el relato a finales de 2012, coincidiendo con el 40º aniversario de su debut. Pero yo tuve que asumir nuevas tareas profesionales y nos paramos en 1983, dejándonos en el tintero la friolera de treinta años más de una apasionante carrera.

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El blog, con treinta y seis entradas, lleva más de cien mil lecturas y aún hoy recibimos mensajes preguntando cuándo seguiremos con la narración y por qué no publicar una biografía completa.

Y eso mismo he pensado yo cada vez que he tenido que resumir en un par de páginas anécdotas dignas de un capitulo entero: por qué no publicar ya, de una puñetera vez, esa biografía que llevo fraguando desde hace décadas…

Y en eso estoy, en el intento de contar la historia de El Cabrero, la profesional, que era el tema de este blog, y la personal, desde su infancia.

Y digo “era” porque el blog lo reciclamos: seguiremos publicando, tanto El Cabrero como yo, pero el contenido será distinto. Ya se verá lo que da de sí. Os invitamos a seguirnos, como hasta ahora.

De la biografía de El Cabrero ya os informaremos en este mismo blog. Os garantizo que será apasionante.

  • Foto reciente de Juan Pablo Pereda: El Cabrero en los campos de Valencina, con “las niñas”

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Las etiquetas de El Cabrero

En sus cuarenta años de trayectoria a El Cabrero le han puesto siempre etiquetas ad hoc y, obviamente, con la intención de devaluar el producto. Todo comenzó en los 80, cuando un puñado de críticos influyentes no lograron digerir el éxito fulgurante de aquel muchacho de Aznalcóllar que no obedecía al prototipo del cantaor flamenco al uso, no venia recomendado por ninguna peña, no estaba en sus círculos de amiguetes ni parecía interesado en conseguir ese aval para su carrera y que, para colmo, en sus cantes no “dejaba títere con cabeza”. Y, cuando vieron que las etiquetas no hacían caer la venta del producto, optaron por etiquetar, con idéntica finalidad, a los compradores o sea, a los espectadores, a quienes tildaban de “masa” – y hasta “masa vociferante o enfurecida”- , eran “los que no saben de cante”, cuando ovacionaban a El Cabrero y calificaban de “aficionados”, “público”, “respetable” cuando los aplausos eran para los demás cantaores.

Un artículo en el blog “Flamencólicos”, que lleva un amigo, pone en boca de otros una etiqueta, que desconocía, y me ha dejado boquiabierta: “Canta plano”. El Cabrero canta plano… eso sólo se le puede ocurrir a uno que no entienda lo que es subir una octava, de poder a poder, cuando ya se está cantando al límite, con voz natural, de pecho, cosa habitual en sus recitales. O sea, que si una etiqueta le resbala al traje es precisamente esa y por ahí empiezo.

En el hit parade etiquetero destacan, por orden de abuso: “cantaor político”, “fandanguero”, “desafina”, aunque ésta última han dejado de colgársela cuando se dieron cuenta de que circulaban por esos “interneses” cientos de vídeos de sus conciertos y que quienes desafinaban por ahí eran ellos.

“Fandanguero”: creo que esta etiqueta la patentó Ortiz Nuevo, no estoy segura, tendría que revisar la hemeroteca y no vale la pena; lo que importa es que el término fandanguero fuera utilizado para rebajar la talla de un cantaor y eso tiene una explicación: en los años 70 el fandango estaba tácitamente prohibido en los grandes festivales tradicionales y doy fe de ello porque tuve que rechazar más de uno por ese motivo. El Cabrero sostenía que el fandango era un cante tan flamenco como cualquier otro y “donde no entraba el fandango, no entraba él”. Y, con la ayuda del respetable, que abarrotaba los recintos para escucharlo, El Cabrero le abrió las puertas de esos grandes festivales al fandango y éste defendió su sitio: poco a poco, todos los cantaores que sabían hacerlo, lo incluyeron en su repertorio. Y constataron que, como sucedía con El Cabrero, el público les aplaudía, generalmente, con más fuerza los fandangos que los demás cantes y que lo de “un fandango bien cantao, pone a la gente de pie” era una verdad como una montaña. Pero esta etiqueta, aplicada a El Cabrero y no a los demás, era excluyente: negarle su enorme talla de seguiriyero y de solearero, por quedarme ahí. Porque, si bien es uno de los grandes especialistas del fandango, no es menos cierto que, si el fandango no hubiera existido, él hubiera sido igualmente una primera figura: la fuerza de El Cabrero no está en el fandango, está en él.

Y ahora, la etiqueta del premio: “cantaor político”. Esa se la pusieron, a finales de los 70, unos cuantos “flamencólogos” franquistas, disfrazados de demócratas; ya sabemos que Franco prefería los sables a lo votos y por eso, decir “político” era mentar la bestia. Pero entre un “cantaor comprometido”, que lo es, y un “cantaor político” media un abismo. El primero, generalmente, paga un alto precio por su compromiso y el segundo, muy frecuentemente, se beneficia del apoyo, tácito o explícito, de quienes ostentan cargos políticos.

Por eso, “político” es la etiqueta menos apropiada para El Cabrero. Uno que no ha engordado su carrera con apoyos y subvenciones institucionales; que no ha recibido reconocimiento o premio alguno de manos del poder porque no los ha buscado; que ha hecho tropecientas giras internacionales sin ayudas públicas; obviado o vetado por las televisiones gestionadas por cargos políticos y que jamás ha aceptado servirse de un partido político, por afín que sea, como trampolín, es la antítesis del artista “político” porque éste, por lo general, tiene la rara virtud de no molestar al poder, ni a la derecha, ni a la izquierda, y el otro, el “comprometido”, suele incomodar al “poder”, a secas.

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Puestos a etiquetar a El Cabrero, lo suyo sería “comprometido y con todas las consecuencias”. Ser un hombre libre, que dice y canta lo que piensa sin obedecer disciplina, credo o interés partidista, no sólo es incompatible con la política: la libertad es una provocación y conlleva pagar un alto precio que El Cabrero siempre ha asumido de antemano. Por poner un ejemplo entre decenas: no canta en Málaga capital  – donde era un fijo – desde que el PP se hizo con el Ayuntamiento, en 1995. Normal. Aunque también hay que decir, en honor a la verdad, que ese mismo año entró IUCA en la alcaldía de Casabermeja – donde nuestro Cabrero cantaba un año sí y otro no – y, paradójicamente, ya no fue más… Da igual pero, obviamente, ya no es tan “normal” como lo de Málaga. Y por eso me ronda desde hace tiempo una pregunta: si al público de Casabermeja no le gustaba el cante de El Cabrero ¿Por qué repetía tantas veces en el festival antes de que IUCA gobernara? Y, en caso contrario, qué habrá podido suceder para que en los últimos 18 años, nuestro Cabrero no haya vuelto a pisar Casabermeja y tengan que ir sus vecinos a escucharlo a otros pueblos… Será que “desafina”, o que “canta plano”, o que es un “fandanguero” o un “político”… o las cuatro cosas a la vez.

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Marifé de Triana, cantaora de la copla

Despuntaba el alba del sábado 16 de febrero 2013 cuando recibí el mensaje de Anita: Marifé ha fallecido a las 5:45. Punzada en el estómago y pena profunda. Estábamos de gira. José cantaba esa noche en el Memorial Antonio Mairena de Hospitalet y nos pilló en la habitación de un hotel en Barcelona. Por lo mucho que le iba a afectar la noticia pensé ocultársela hasta que no terminara su recital pero, en algún momento, no pude acallar el llanto y se despertó. Huyó el sueño. Buscamos alivio en el recuerdo y pasamos de la lágrima a la sonrisa al hablar de ella, de su inmensidad como artista, de su voz, de su admirable manera de ser.

Confieso que la copla no es un género musical que escuche con frecuencia, más bien poco y sin embargo no pierdo ocasión de emborracharme de la voz de Marifé. Quizá porque ella es una cantaora de copla, con lo que eso significa de diferencia: quiebros y ayes flamencos, desgarro, riesgo, hondura, autenticidad. Pasa de la ternura a la pasión, de la dulzura al arrebato y quien la oye comparte todo eso naturalmente, llevado por la verdad de su cante.

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Cuando me llamó para decirme que iba a dejar los escenarios le rogué que no lo hiciera… la había escuchado días antes en un programa de tv y me hizo llorar de emoción. Su respuesta fue tan firme como lo eran sus convicciones: “Como suele decir tu marío, hay que estar a la altura de los cantes, o de las canciones y yo sé que ya no puedo hacer algunas cosas… quiero ser honesta conmigo misma y por eso me retiro”. Haría algunas apariciones esporádicas y programas de televisión y hasta el último momento estuvo a la altura, si no de sus mejores momentos, sí del sentimiento y el paladar de los aficionados.

De su grandeza como artista habla cualquiera de sus interpretaciones y de su calidad personal podemos dar fe todos los que hemos tenido el privilegio de disfrutar de su amistad o cualquiera que se haya relacionado con ella.

La conocí hace más de treinta años en una actuación inolvidable en Aznalcóllar. La saludamos al final y, como tantos allí, le expresamos nuestra admiración. Atendió a todos con la misma elegancia y cercanía. Más tarde, José ya con cierto nombre en el cante, decía en una entrevista que, para él, Marifé era la más grande, opinaba que no se podía cantar mejor que ella en su género y, a las pocas horas, nos llamó por teléfono; la admiración era mutua y nos remitió a una entrevista que le habían hecho meses antes donde elogiaba la voz de José y él, poco vulnerable a elogios y críticas, se emocionó: “Un piropo de Marifé, pa mí, es como el agua pal trigo cuando está despuntando… deja tú que combatan los malos vientos. Mientras el agua no falte,  que escriban lo que quieran los flamencólogos!”

No hay más que escuchar cómo quiebra y rompe la voz para deducir que Marifé era muy aficionada al flamenco. Hemos pasado horas al teléfono hablando sólo de cante. Coincidíamos en la preferencia por las voces naturales, de pecho y también en que todas las demás eran igualmente flamencas, haciéndolo bien. Ella sabía que no me tiraba la copla y raramente tocábamos el género. Una vez le hice un comentario jocoso sobre una famosa cantante que no me transmitía autenticidad y me respondió “No seas dura. Todos cantamos como somos, ella tiene esa personalidad y tiene sus seguidores”. Y llevaba razón Marifé: una cosa es la admiración, que la reparte una como siente, y otra el respeto, ése con el que ella siempre se refería a sus compañeras (y a cualquier otro ser).

Solía llamarla, aún emocionada, cuando la veía en algún programa de televisión e, invariablemente, respondía que para ella “ser buena persona” y tener el cariño de la gente estaba “por encima de lo artístico.” Y así era ella: una buena persona que nunca puso límites a su innata generosidad, discreta, ingeniosa, culta, coherente, cariñosa y una artista descomunal poseedora de una de las voces más hermosas y seguras que he escuchado. Fue tratada injustamente por las Instituciones Culturales Andaluzas; sufrió agravios comparativos que claman al cielo, fue omitida, ninguneada, discriminada y con ella muchos miles de seguidores que la saludamos como una de las figuras más grandes de la música andaluza.

Era una niña cuando  grabó Torre de Arena y su impacto en el público fue fulgurante. Hizo una carrera vertiginosa y, siendo  una estrella, vivió alejada del boato y los flashes,  y así se fue, discretamente.   Sus amigos y seguidores quedamos desolados y su  querida Anita, sin consuelo.

He tenido que hacerme a su ausencia para hablar de ella al pasado y me cuesta porque aún me resulta cercana su voz la última vez que me llamó. Ya luchaba contra el cáncer pero parecía llena de vida y había esperanzas de curación. Le prometí ir a almorzar con ella y no lo hice a tiempo. Nunca me lo reprocharé lo suficiente y llevaré grabada a jierro su voz y esta última conversación que quedó en un: “No te entristezcas, Elena,  porque voy a superar esto”… y yo me lo creí.

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de | 17/03/2013 · 11:53

Antonio Montoya El Farruco: cada día baila mejor

Hace tiempo que no decía nada en este blog pero hoy estuve viendo vídeos de Farruco, con Chocolate, Martín Revuelo y Luis Habichuela. De esto hace un buen rato y todavía sigo emocionao. Ya os hablé del Toronjo y de Camarón, y me quedé corto porque me canso pronto de escribir. Hoy quiero dejar aquí mi recuerdo a Farruco.

farruco  paco manzano

Se dice, entre los aficionaos al tango, que Gardel cada día canta mejor. Y es cierto. Hay grandes cantores pero no nació el que se arrime al Zorzal. Y, para mí, pa mi forma de entender el baile de hombre, Farruco sigue siendo el mejor, aunque ya no esté. Hay grandes bailaores, y los ha habido, pero él cada día baila mejor.

Ya se le han echao tos los piropos habidos y por haber, con justicia, porque Farruco encarnaba to lo que el baile de hombre tiene de seriedad, jondura, pasión, elegancia, fuerza, transmisión, técnica y arte a espuertas. Y ya he dicho que el flamenco ha dado grandísimos artistas del baile, algunos en su propia familia pero, pa mí, Farruco es quien más representa la esencia del baile.

Una personalidad que te impactaba aunque estuviera parao, o haciendo cualquier cosa. Hasta vendiendo en el mercaíllo atraía todas las miradas. Porque él, que era un artista descomunal, anduvo vendiendo por esos pueblos de la provincia. El y su familia de artistas. Venía a mi pueblo y, cuando podía, iba a saludarlo. Una vez, cuando ya me marchaba, uno que estaba cerca me dijo, “vaya tenderete con más arte, nosepueaguantá”. Era cierto, pero lo que yo pensé y respondí es que vaya vergüenza para una tierra, Andalucía, que sus mejores artistas tuvieran que ir de pueblo en pueblo vendiendo, por digno que eso sea.

Farruco tenía que haber bailao en esos pueblos donde iba vendiendo. En esas noches serenas de los veranos andaluces, con buen suelo, buena iluminación y buen sonido. Eso es lo que Farruco sabía hacer mejor que nadie en el mundo… Vergüenza me da escribir esto siendo andaluz. Se le reconoció, bueno… – no tanto como merece- pero no se hizo lo necesario para que artistas como él pudieran vivir dignamente de su arte, sobre todo cuando han nacido para eso: hay flamencos de academia y los hay que nacen con tos los avíos que requiere el Arte y esos son los Maestros, son el manantial, la fuente de inspiración pa los que vengan después. Farruco nació con el baile bien puesto. Él no decidió ser bailaor, tuvo que serlo porque fue el Arte quien decidió por él cuando aún estaba en el vientre de su madre.

Fuimos amigos más allá de lo profesional. Lo conocí hace muchos años, casi cuarenta. Pasé grandes momentos con él en tiempos en que los artistas que teníamos cosas en común nos hablábamos mirándonos firme a los ojos, sin prisa, como en el campo o en una choza. Y casi siempre hablábamos de cosas importantes para los dos: el cante y la familia. Tuve el privilegio de que me acompañara en alguna presentación de discos, él que no era mu aficionao a los actos de sociedad, como me pasa a mí.

Se decía que era altivo, orgulloso… Yo creo que todos los artistas, cuando estamos en el escenario, tenemos eso que se puede llamar orgullo en lo que hacemos allí y en el arte que representamos. Farruco sabía el alcance de su arte y ese orgullo se tiene pero en el trato personal era de dulce y era un Señor. Hace unos días Elena se encontró una invitación a la inauguración de su Peña… Debajo me escribía, de su puño y letra: “Si tu no vienes mi corazón llorará gotas de sangre”. Así era Antonio El Farruco, tan natural y humilde como inmenso.

Parece ser que, en lo tocante a la escritura, estaba de magisterio más o menos como yo, que junto las sílabas como me parece, pero, en lo suyo, Farruco cada día baila mejor.

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de | 01/02/2013 · 9:14

“…Pa que el pueblo sepa bien quién lo engaña y quién lo explota” Blog El Cabrero

En mi diario se entremezclan anotaciones sobre los discos Dale Alas y Que corra de boca en boca y es que se publicaron los dos en 1983… no sé cómo pudimos hacerlo y al mismo tiempo una gira de más de cien conciertos de febrero a noviembre.

Tuvo mucho éxito el primero pero Que corra de boca en boca gustó tanto que recibimos, vía Pulpón, oferta millonaria de Hispavox para un LP sólo de copla y canciones por bulería. Previsible la respuesta de El Cabrero: “No me gusta que me impongan lo que tengo que cantar. Si quieren un disco, el repertorio lo elijo yo”. Y no se hizo. No recuerdo un solo momento en estos cuarenta años de convivencia y relación profesional en que José haya antepuesto el interés económico a su independencia y siempre han sido innegociables la elección del repertorio y su negativa a participar en campañas de promoción al uso, otra exigencia de la discográfica: “Yo no voy a dejar el ganao para ir, como una marioneta, de la mano de la discográfica a tos los programas populares, aunque mi cante ahí no pegue ni con cola”.

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Escuchar el fandango que da título al disco: Que corra de boca en boca

Alguna vez nos confundimos – o nos engañaron, ya se verá cuando toque – y aceptamos participar en algún programa que prometía y que acabó como el rosario de la aurora.

Promocionando Que corra de boca, en Televisión Española, intervino, cantando, en un programa donde los entrevistados eran Santiago Carrillo y Jorge Verstrynge. Carrillo le habló del campo. “Ah, el campo, esa paz, un buen libro…” y no lo dejó terminar: “¿Un libro? ¡Andando o a pie firme nos comemos los cabreros el almuerzo la mayoría de las veces! ¿No sabe Usted que en el campo no hay más que lindes? ¿Que las vereas están usurpadas y que ya no queda ni un descansadero ni un abrevadero para el ganao? ¿Que tiene uno los dedos de las manos gastaos de tirar piedras para que el ganao no se coma lo que está sembrao en terreno público, porque luego viene la guardia civil y encima te multa en vez de multar al que usurpa la verea? ¡Un buen libro! Y ahí se quedó la conversación.

“Entre lo mejor del año: el encuentro con Alberto Cortez” escribí el 30 de diciembre 83 en mi diario; hoy digo que fue lo mejor.

Versión íntima de Amor mío en la Peña de Vva de Algaidas, con Rafael Rodríguez

A la Hispavox, y al público, lo que le más le había impactado de disco eran las dos versiones por bulería, composiciones de Alberto Cortez, que abrían las dos caras del LP: Amor mío y La lluvia, ese magnífico soneto de Jorge L. Borges, con música de Alberto, que sigue en su repertorio tantos años después, siempre joven para El Cabrero y para la afición.

La lluvia, soneto de J.L.Borges y música de Alberto Cortez

El productor de Surcosur[i] nos dijo que no era preciso pedirle autorización para las versiones, bastaba con registrar los temas en la SGAE, pero eso no nos pareció correcto y le telefonee a Puerto Rico, donde estaba de gira. Nunca antes habíamos hablado y se sorprendió; por la llamada y por la elección de los temas aunque, esto último, sólo lo supimos años más tarde, charlando con él. Y llevaba razón porque las canciones no estaban entre las populares de su repertorio.

Pero, de Alberto Cortez, grandes amigos él y su mujer Renata, os hablará el propio Cabrero un día de estos. Sólo decir que comparto la admiración, el respeto y el cariño que José siente por el inmenso cantor argentino, que su voz y su obra me parecen monumentales y que tiene innumerables canciones insuperables, sea en el contenido literario o musical, sea en su interpretación, sólo a la altura de los más grandes.

 

Os ofrezco, como ilustración las versiones de El Cabrero de Amor mío y de La lluvia pero no encontré en youtube vídeos con la  inconmensurable interpretación de Alberto Cortez de los originales. Os remito a su página y os dejo algo de él igualmente grandioso: El amor desolado con letra de J. F. Dicenta. Lo estoy escuchando por enésima vez y me estremezco, enorme: no hay quién cante así. Os lo recomiendo vivamente


[i] Discográfica sevillana que publicó Dale Alas y Que corra de boca en boca

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de | 21/12/2012 · 11:26

Yo no soy el animal que se calla por un pienso

Cuesta escribir sobre hechos acaecidos en 1983 en momentos tan dramáticos como los que estamos viviendo en 2012. Entonces nos estábamos “liberando” del miedo al franquismo, había sed de emancipación, confianza en el poder del pueblo y la caverna, aplastada por el triunfo arrollador del PSOE en el 82, se disfrazaba de demócrata porque no podían jugar a lo suyo, que estaba mal visto y era garantía de rechazo social. Hoy tenemos un gobierno y un partido en el poder con maneras calcadas del franquismo, que está desahuciando al pueblo y enriqueciendo a los poderosos, que aplica la fuerza como argumento, que legisla sin la menor sensibilidad social, amparado en una mayoría absoluta ilegítima (porque la consiguió con falsas promesas) y que se puede convertir en una amenaza para la democracia que, en 1983, nos parecía inviolable.

Esto se veía venir: se empieza por hacer de los nietos del dictador figuras amables de los programas de entretenimiento televisivo y se acaba por convencer, a aquellos que no conocieron cómo las gastaba el de El Ferrol, de que el abuelo, quizá, no había sido tan mala persona. A buenos observadores, pocas sorpresas: éste es un regreso al despotismo anunciado y, lo que es peor, tolerado tácitamente por buena parte de la clase política y por millones de ciudadanos que, con sus votos, lo han avalado.

1983-1

Y no quiero decir que en 1983 el panorama patrio no fuera manifiestamente mejorable o, al menos, a José se lo parecía: “Ya veremos qué hacen con tantos votos y con la esperanza que la gente ha puesto en ellos.. pero a mí, mientras no pongan en marcha una reforma agraria y acaben con el protagonismo de la iglesia, no me van a convencer”. Y fue, con Paco Ibáñez, Javier Krahe y un buen puñado de cantautores lúcidos y rebeldes, una voz discordante entre los artistas e intelectuales de la izquierda cuando la mayoría de ellos optaron por arrimarse al partido con más poder y apoyo ciudadano conocido hasta ahora.

No critiques a mi copla
y apréndela tú también.
Que corra de boca en boca
y el pueblo se entere bien
quién lo engaña y quién lo explota.

Que lo van a arreglar to
van diciendo por ahí.
Y se inventan un sermón
que te tienes que reír
de lo embusteros que son.

Estos dos fandangos, grabados en 1983, no dejaban dudas sobre la postura de El Cabrero que compartían muchos aficionados:

“…Después de aquello parecía imposible que las dos mil personas tuviesen más capacidad de entusiasmarse. Era realmente difícil el papel de cantar tras el torrente de Juan el Lebrijano. Y salió José‚ – el hombre que ama la libertad, en palabras del presentador – y armó el taco: ­ Qué barbaridad! ­qué‚ poderío! tan sólo plantar sus botas en las tablas y ya todo el mundo metido en el pañuelo. El Cabrero, reclamado como ningún otro por los amantes del autógrafo, rodeado siempre por la admiración de quienes adoran sus maneras y cuando canta le vitorean sin desmayo. La multitud entera, allí en Lebrija, cuna de cantes, alborotando ovación para El Cabrero”(J.L. Ortiz Nuevo, Diario 16, La Caracolá de Lebrija, Julio 1983)

“Serían las cinco de la madrugada y el público quería más y más “­Otra, José‚!” y otra les daba El Cabrero, puesto ya en figura cerrando el espectáculo en ese puesto que nadie quiere para sí, manque sea el destinado al principal, porque una de dos, o no te escucha nadie o la gente, no se cansa de pedir más cante. Y todo lo que pudo se lo dio José, El Cabrero, ese mito del flamenco contemporáneo que nada más salir electriza al personal en masa y los vuelve locos, vamos completamente locos”(J. L. Ortiz Nuevo, Diario 16, Festival de Torreblanca del Sol, 1983)

1983-fest

“.. La Torre del Cante es uno de los festivales que convoca más alta concurrencia. De seis mil pasaban la otra noche, unos a escuchar otros por ir, bullendo por toda la madrugada en atención del arte… Pasaban ya las seis de la madrugada y en toda nuestra tierra, por gracia de las ondas de Radiocadena, se podían oír los vertiginosos fandangos de El Cabrero, en olor de gloria, Cabrero y Sousa, una pareja insólita: la fuerza salvaje de la sierra y el primor de un enamorado de Paco del Gastor, cosas que pasan en el Flamenco. (J. L. Ortiz Nuevo, Diario 16, Festival La Torre del Cante, 1983)

No pasó desapercibida la disconformidad de El Cabrero ni para los poderes ni para los medios afines, como se verá más adelante, y a José no lo pilló de sorpresa el precio que pagaría por no cantar a coro porque siempre sospechó que la factura sería proporcional al apoyo del respetable: cuanto más lo demandara la afición, más amplio sería el veto a su figura… y acertó de lleno.

Yo no soy el animal
que se calla por un pienso
yo no soy ese animal
porque tengo en mis adentros
una disconformidad
que me sirve de alimento

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de | 13/10/2012 · 18:16

Dale alas y volará, al pueblo de Andalucía

Han llovido e-mails por los parones en el blog. Os pido disculpas, agradezco vuestro interés y os debo una explicación: tras la gira de verano y la producción del CD Poesía en resistencia, de Zapata, acabé agotada. Hoy, al consultar mi diario para seguir contando la trayectoria de El Cabrero, concluyo que la edad pesa, que me he hecho mayor y no puedo ni con la mitad de lo que llevaba a principios de 1983, donde dejé aparcada esta historia.[i]

Tras su puesta en libertad José compró más cabras, “por si me tengo que retirar del cante tener otros recursos”, y reunió unas 500 cabezas. Pero tenía cerrados más de cien conciertos y eso suponía dejar “las niñas”[ii] a cargo de otros buena parte del año. Se trajo dos cabreros de Aznalcóllar y uno, ya mayor, de Vélez-Málaga y a mí me pareció excesivo: “este piarón, sin estar yo, no lo pueden llevar sólo dos cabreros porque no van a tener tiempo ni de respirar y yo no quiero esclavos”. Tenía razón: ni estando los cuatro daban a basto, de sol a sol. Yo ayudaba en lo que podía: llevar el Land Rover cargado de cántaras de leche cada mañana a la central de Los Palacios o Dos Hermanas pueblo y atender a los tres cabreros, que almorzaban en el campo y cenaban en casa. Con tres niños de 3, 6 y 8 años no sé de dónde sacaba tiempo y energía para llevar la carrera de José y, sobre todo, para montar los discos que se hicieron entre 1980 y 1984.

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Foto de la época, publicada por Área Crítica,  con nuestro hijo Emiliano – hoy Zapata de nombre de guerra

Todas las grabaciones, hasta ahora, han seguido el mismo proceso: José decide el guitarrista y los estilos de cante, yo hago una primera selección de letras inéditas, con temática y métrica compatibles con los cantes elegidos, y él hace la trilla final. Todo lo demás, títulos y contenido de la carpeta lo decidimos entre los dos y yo le doy cuerpo. A primera vista no supone gran dificultad pero, como José es extremadamente quisquilloso con los textos, resulta ser la parte más complicada de toda la producción. A veces hemos paralizado una grabación por un “no me acaba de gustar esta letra… hasta que no hagamos una que encaje bien, quieto parao”!

Pepe Carrasco[iii] se quejaba de eso en una entrevista a pie de festival: las letras que le gustan al Cabrero no las querría ningún cantaor y a él no le gustan las que me cantan tos los demás. No quiere que hablen de mujeres, ni de toros, ni de ferias, ni de santos… Los animales, el campo y su forma de pensar, su rebeldía… esas son las que le gustan.

Dale alas

Fueron Antonio Fortes [iv] y Sousa quienes lo animaron a grabar una antología del fandango de Huelva y creo que fue la producción más complicada en lo que a selección de letras se refiere. Las tradicionales eran tan buenas y auténticas que no encontrábamos las adecuadas para reemplazarlas. Carrasco le propuso más de cien y en nuestros archivos había otros tantos fandangos inéditos: “me suenan forasteras toas” nos repetía José, siempre acentuando ese toas que no dejaba lugar a dudas: Dale Alas tendría que ser escrito ad hoc y así se hizo.

Al pueblo de Andalucía, dale alas y volará. Que es un ave doloría, buscando la libertad que le han negao toa su vía…

Motivados por la variedad de matices y belleza de los cantes, en un par de semanas conseguimos los veinticuatro fandangos para 12 estilos diferentes y José y Sousa cuajaron un gran disco con el asesoramiento artístico de Fortes.

Varias veces, a lo largo de su carrera, le han propuesto grabar una antología del cante. Siempre se ha negado y yo sé por qué desde que comenzamos los ensayos de Dale alas: al enfrentarse a fandangos de carácter más liviano o cercanos al folklore que otros, como el de los Montes de San Benito, surgía siempre el mismo debate y paréntesis en la producción: “esto de las antologías no va conmigo porque, si la haces, tiene que entrar el fandango que te llama y el que no va con tu personalidad…” Luego sucedió como con el de Calañas que, a fuerza de cantarlo, lo adoptó. Por el contrario, el fandango de Mª la Conejilla, inédito hasta entonces, como el de Los Mtes de San Benito, lo atrajo desde el primer momento por su fuerte sabor alosnero.

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Magnífica portada de Emilio Sáenz y presentación de Onofre López, querido amigo recientemente fallecido:

“… El Cabrero es un cantaor recio; a veces dulce, a veces dramático, poseedor de una fibra sensitiva que raya en la más ortodoxa de las honduras, su cante “duele” como duele todo lo que traspasa la piel.

En su amplia gama discográfica se va notando el progreso de los que estudian. De los que van ganándole terreno a esa difícil amalgama musical que contiene el arte flamenco.

Siempre se ha dicho que para cantar “por Huelva” es absolutamente necesario haber nacido en el terruño. El “aire de Huelva” hay que beberlo en la tierra misma. Pero el aire se mueve de una parte a otra y llega, tierra adentro, hasta un pueblecito de la provincia de Sevilla llamado Aznalcóllar, tierra natal de El Cabrero. Y allí, entre minas y jarales, entre surcos y arboledas, entre riscos y olivares se va gestando estos Aires de Huelva que ustedes tienen en sus manos.

En un puro y noble desafío, la voz de El Cabrero, recorre desde la marisma a la sierra haciendo un alto en el Andévalo, con una autenticidad musical, con una pureza tan exquisita, que colma, en grado sumo, al más exigente de los aficionados.

Con los fandangos por estilos de Huelva, Montes de San Benito – muy poco oídos – como los alosneros de María la Conejilla, Antonio Abad, José Ramírez Correa, así como los del moguereño Pepe Rebollo y los representativos de los pueblos de Cabezas Rubias, Almonaster, Valverde, Encinasola, El Cerro Andévalo y Calañas, con la extraordinaria música y compás de Antonio Sousa, se inicia aquí una Antología de los Cantes de Huelva donde, con personal estilo y el debido respeto a la “Cuna del fandango”, José El Cabrero dice: Estos son mis poderes”.


[i] ¿Sabes que no había ningún rico entre los presos?

[ii]Así llama cariñosamente a sus cabras

[iii]José Carrasco escribía para prácticamente todos los cantaores flamencos en activo

[iv] Fortes, gran amigo, era un enorme aficionado y un verdadero erudito en los estilos onubenses y alosneros.

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de | 02/10/2012 · 10:29

Camarón fue un cantaor viejo desde niño (blog El Cabrero 40 aniversario)

Me paso poco por este blog pero me ha recordao Elena que se cumplen 20 años que nos dejó Camarón.

Era un día de mucho calor. Yo estaba sesteando con las cabras a 17 Km. del pueblo, cerca de la finca que tiene Diego Puerta en Sanlúcar la Mayor. Vino Elena a darme la mala noticia y, menos mal que no se le ocurrió esperar a la noche pa decírmelo, porque me encontró dormido, entre las cabras, a pleno sol. Me había tendido a la sombra de un eucalipto contando dar una cabezá pero había estado cantando la noche antes y me venció el sueño. La sombra siguió su curso natural y me estaba achicharrando allí pero podía más el cansancio que la calor.

Ya estábamos enterados de lo malito que estaba Camarón pero siempre había esperanzas porque era joven y fue un mazazo.

Él y yo nos movíamos en ambientes diferentes en nuestra vida diaria pero fue con el cantaor que coincidí más veces y hasta nos organizaron algún “mano a mano”. En los años ochenta hasta en los pueblos más pequeños se podía disfrutar de las figuras del cante, del baile y de la guitarra. Recuerdo una noche con La Paquera, El Sordera, Lebrijano, Aurora Vargas, Camarón y yo y, al baile, Manuela Carrasco. Y carteles de ese tipo había muchos por esos pueblos hasta que la Agencia del Flamenco se metió a agente artístico y se cargó los festivales de los pueblos de Andalucía para llevar el flamenco a Nueva York, a París y a esas grandes ciudades donde el flamenco no es más que un espectáculo porque no forma parte de su cultura.

Camarón fue un cantaor viejo desde niño. Yo lo apreciaba y lo admiraba. Me gustaba cantar con él y siempre que podía escuchaba su recital. Era diferente a tos, tenía un grave muy hermoso y arriesgaba siempre. Transmitía, tenía carisma y conocimiento de los cantes y creó un estilo inconfundible que tiene muchos seguidores, todos a años luz de él.

En camerinos andaba muy a su aire pero siempre nos saludábamos y, si había tiempo y buen ambiente, charlábamos un momento. Más de una vez, cuando me decía que estaba “regulá”, le dije: Vente conmigo al campo. Allí tengo una casa vacía pa ti y pa tu gente. Tú y yo salimos con las cabras, al paso de ellas, yo llevaré el agua y la comida pa que tú no tengas que aguantar peso. Vamos despacio y cuando te canses paramos. Si haces eso, al mes, estás fuerte como un roble. El y Carapalo se reían y él siempre me decía “José, yo sé que tú me lo dices de corazón” Y estoy convencido de que le hubiera sentado muy bien cambiar a una vida natural un tiempo por su salud y porque encontraría otros alicientes.

Pero Camarón vivió como quiso sabiendo lo que arriesgaba y yo no sé lo intensa que fue su vida pero sé lo mucho que sembró su voz y lo profunda que es su huella. Puede que nazcan figuras de tanta personalidad y garra como él pero creo que yo no las voy a conocer.

José El Cabrero

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de | 02/07/2012 · 12:27