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Estoy de acuerdo en que Urdangarín es la palabra menos “flamenca” del mundo

Amigos, prometí responder a vuestros mensajes en este blog y allá voy. Como muchos preguntáis lo mismo, han seleccionado 3 preguntas sobre el mismo tema y que más o menos se repiten. Hoy va sobre las letras que canto pero por lo que más me preguntáis, en los cientos de mensajes por responder, es cuándo voy a cantar en vuestro pueblo o por qué no quiero cantar allí… Pero son muchos mensajes, los tienen que agrupar por ciudad y ya responderé. Os dejo con las preguntas

  • “¿…. Alguno de los fandangos que grabaste los quitarías de tu discografía si pudieras?” #JuanAntonioRodriguez

Alguno, si pudiera, lo mejoraría. Por ejemplo, ese que dice: en lo alto de un olivo / la escopeta voy a colgar / me he llegao a convencer / que si sirve pa matar / no la volveré a coger… Porque yo nunca tuve una escopeta, ni cualquier otro tipo de arma, ni me gusta la caza. Y como letra no vale mucho… Seguramente hay más de estas pero he grabado cientos y muchas ni las recuerdo. Yo soy bastante exigente con lo que grabo pero puede uno tener un mal momento al montar un disco… Esas letras luego, nunca las canto en directo.

  • “José, tu eres de los maestros puros que nos quedan y por eso te seguimos los que nos gusta el cante por derecho pero ¿no crees que algunas palabras o algunas coplas quedan mal en el cante, no suenan muy flamencas, y hasta te perjudican porque le dan carnaza a tus enemigos?” #pacoglezgil

Y me manda, con algún error sin importancia en la letra, unos fandangos de ejemplo:“A los que hacen las guerras / les voy a decir una cosa / que se metan bajo tierra / pa que el mundo huela a rosas / porque huele mucho a mierda

Recuerdo que, hace ya un montón de años, en un festival me dijeron que, entre bastidores, me estaban escuchando algunos compañeros cantaores y que un gran maestro, al que admiro y respeto, exclamó cuando terminé el fandango: “¡Ya lo ha dicho!” Y surgieron algunos  “eso es falta de respeto al flamenco… eso sobraba… la gente se lo aplaude to…” Me parece cursi llamarle a la mierda otra cosa. Yo seré un cantaor mu raro porque, lo que no cantaría nunca, es, por ejemplo : “al que no sepa istinguir / que le corten la cabeza / y me la traigan a mí”. Pero eso sí, la letra es mu flamenca, y tiene mucho arte, según “los  cabales”… Y tampoco cantaría “A mí me pueden mandar / a servir a dios y al rey / pero dejar a tu persona / eso no lo manda la ley”… que también es mu flamenca y por eso la han cantao, con todo el derecho del  mundo, hasta algunos cantaores de los llamados “rebeldes”, porque “es flamenca”…. Pues muy bien, yo que soy republicano y también mu flamenco, con no cantarla tengo bastante y no me meto en lo que hagan otros.

El Cabrero por Toni Blanco (2015)

El Cabrero por Toni Blanco (2015)

El segundo fandango que apunta es “Algo tendrá que decir / jefe de todo el condado / porque rodan por ahí / rumores de alto calado / de tu yerno Urdangarín”  Y estoy de acuerdo en que Urdangarín es la palabra menos “flamenca” del mundo, es más, yo aún no la he aprendío a pronunciar bien y unas veces digo Undangarín, otras Undargarín… un lío, pero la gente me entiende. Algunos flamencos ignoran que el fandango, en el Alosno, es casi una crónica de la actualidad local y se presta hasta al chascarrillo y a mandarse indirectas entre vecinos… y lo ignoran porque no han profundizao en el tema y no se han parao a analizar ciertas letras ya tradicionales y otras del Toronjo: “Verraco! / Eres el mayor verraco / que entra en una zahúrda / y aquí traigo el sacatraco / pa sacudirte las pulgas / que tienes en el sobaco” y esta otra “Lo coronaron de espinas / a nuestro pare JesúCristo / lo coronaron de espinas / por poco lo dejan tuerto / los hijos de la gran puta / ¿No es pa cagarse en sus muertos?”

Estos dos fandangos son de Paco Toronjo y, el segundo lo había cantao Paco hasta delante de la “guardia siví”. Nadie se ha molestao ni nadie ha dicho que las letras de Paco no fueran flamencas. Mi repertorio es bastante denso en contenido, no es un paseo por lo frívolo y hace más bien cavilar que otra cosa. Por eso a veces, en los finales, cuando ya me he relajao algo, me gusta darle a la gente un momento diferente: una tanda de fandangos que les hagan sonreír o reír. Entre ellos, alguna vez estos dos del Toronjo y la gente se ríe pero, en mi voz, a algunos les molesta y yo de eso no me alegro pero tampoco me deshago: voy a lo mío.  Y que conste que no pretendo ser más que otros: todos los cantaores cantamos lo que nos sale de las tripas, lo que nos gusta y lo que sentimos ¡No faltaba más! Eso sí: todos no tenemos los mismos gustos ni las mismas opiniones ni el mismo sentir. Y menos mal porque lo contrario iba a ser mu aburrío.

  • Me podría decir si escribe usted las canciones o su mujer y cuáles son sus preferidas? #MARIDELVALLE

Unas las escribe Elena, mi compañera, otras yo y otras los dos. ¿Mis preferidas?… Bueno, lo que no falta en mis actuaciones es la soleá, la seguiriya, la malagueña, los fandangos, las tonás y ahí las letras las voy decidiendo sobre la marcha y se entremezclan algunas tradicionales, otras nuestras pero ya antiguas, es por lo que me dé. Luego, de lo que tengo adaptado al flamenco, el Soneto de Borges, con música de Alberto Cortez, es muy raro que no lo cante. La letra es bellísima y Alberto ha hecho una obra maestra de la composición musical. Me gusta Como el viento de poniente y Pastor de nubes, los dos letra de Elena y esas canciones por bulería, Luz de Luna o Con el viento y con el agua… que muchas veces las mezclo y me las siguen pidiendo la gente después de 30 años. Las canciones de Alberto Cortez, todas y últimamente no falta Si se calla el cantor, de Guarany y siempre El Macho Montés, con letra mía, que habla de un animal muy hermoso al que algunos matan por diversión.

Hasta la próxima, amigos. Gracias por escribir, por preguntar y por vuestro apoyo. Un abrazo

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Mi recuerdo al gran Paco Toronjo (El Cabrero)

He recibido un buen puñao de mensajes pidiéndome que escriba más aquí pero, por el momento, no puedo y os voy a decir por qué: me levanto a las 6 de la mañana todos los días. Ordeño, barro los corrales y echo el pienso. Vuelvo a casa un momento para comer algo y echar una cabezá y salgo de nuevo para el campo. Cuando encierro las cabras es noche cerrá y, la mayoría de las veces, después de cenar me duermo porque ya no tiene uno treinta años (¡quién los pillara!). Algunas noches Elena me lee lo que hay escrito y vuestras respuestas y, hasta ahí llego.

Pero, el otro día nombré a Paco Toronjo y me quedé con ganas de hablaros más de él, porque ha sido el más grande en su especialidad y porque fuimos amigos. En mi carrera, me he llevao bien con todos mis compañeros, con algunos coincidí más veces y a esos les tengo más cariño pero hay otros, como Paco Toronjo, que han sido mis amigos en los escenarios y en la vida privada.

Cuando yo era un zagalote, participó en un concurso, Lluvia de estrellas, que duró un montón de tiempo y Paco lo ganaba to, una semana y otra… nadie podía con él y yo siempre pegao al transistor: ¡no se podía cantar mejor por fandangos de Huelva! Tenía una voz que parecía hecha pa esos cantes y aquel temperamento que, en un arrebato, te metía el cante en las tripas.

La primera vez que canté con él fue en la Feria de Sevilla. Paco seguramente estaría allí contratao y yo aún no me dedicaba a esto; me echó cuenta y estuvimos cantando un montón de tiempo… Yo, aprendiendo, pero, desde el principio, cuando que me he adentrao en los cantes de Huelva, siempre me ha parecido recorrer un paisaje familiar. Mi pueblo, Aznalcóllar, es mu aficionao al fandango, está pegao a la provincia de Huelva y el paisaje es el mismo. También los dejes, los sabores, los olores y la forma de vida se parecen; las fronteras ¿quiénes serían los mandamases que las dibujaron? Fronteras, para mí, son las montañas o el mar, puestas por la naturaleza el resto sólo son barreras artificiales entre vecinos.

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Mis primeros tiempos en La Trocha de Sevilla

Fue en la Trocha[i] donde hicimos amistad porque los dos cantábamos allí muy a menudo: él como una figura del fandango y yo que, al principio, lo mismo cantaba por fandangos o por malagueña que silbaba músicas de Ennio Morricone o cantaba Las Palmeras, de otro de mis grandes amigos: Alberto Cortez. Luego, cuando grabé el primer disco y me dediqué a esto, seguí yendo a La Trocha pero ya como cantaor.

Paco, además de su gran talento cantaor tenía mucha comunicación con el público. Una vez, en Aracena, hacíamos un mano a mano. Los dos de pie; él con un vaso de güisqui y yo con una botella de agua cuando, desde las butacas, uno, con una cabeza mu grande, le dijo: Paco, no bebas más que ya estás borracho y miró pal tío, luego pa mí, como diciéndome ahora verás, se acercó al micro: ¿De dónde habrá salío el carnero éste? Y luego: Aquí, los tontos ¿A qué hora se acuestan? y, como tenía fandangos pa to, le cantó: “Zahúrda, eres el mayor berraco, que sale de una zahúrda, y aquí tengo el sacatraco, pa sacudirte las pulgas, que tienes en el sobaco”… La gente, con Paco, se emocionaba y también se reía. Con él tengo un saco de anécdotas vividas pero lo importante, para mí, es lo que Toronjo significó como cantaor.

Fue una víctima de aquella marginación contra el fandango, en la época en que él se encontraba más potente de recursos. Su obra grabada es un monumento a los cantes de Huelva y, cuando le empezaron a fallar las fuerzas, adaptó el fandango a sus facultades y siguió emocionando y transmitiendo chorros de autenticidad y de perfumes de su tierra.

Repaso a la trayectoria de Paco Toronjo con algunos momentos impagables en el Alosno: “veinte guitarras tocando/ y toas le dan el dejillo/ que se merece el fandango”.

Su cante es puro paisaje, sin contaminación; fandangos que antes sonaban folclóricos él los engrandeció y los hizo flamencos en su voz, sin desvirtuarlos ni restarles sabor. Si Paco no hubiera existido, seguro que el fandango de Huelva nunca hubiera tenido la dimensión que él le dio. Y, sin embargo, he tenido que escuchar, más de una vez, en su propia tierra, allá por los 80, a algunos aspirantes a cantaores, que se quedaron en el intento, decir que Paco había desvirtuao el fandango… que no lo hacía como era… que a veces no lo cuadraba… “Aquí, los tontos ¿a qué hora se acuestan?” … He sentido la envidia de otros en mis propias carnes y la reconozco por la pisá y, para esos envidiosos va esto, en desagravio al gran Paco Toronjo: “To aquel que no esté a tu altura/ será quien más te critique/ Y es tan ciega su andadura/ que aunque la venda le quites/ nunca verá su estatura”

Algunas veces me había dicho “Sobrino, un día de estos le vamos a decir a la Elena que organice un espectáculo para los dos, por fandangos” y un buen día se encajó por sorpresa, a media tarde, en el corral de las cabras, cuando ya vivíamos en Dos Hermanas. Venía vestido con una gabardina que le llegaba a los tobillos, unas gafas negras mu grandes y una gorra visera encasquetá hasta el mocho y se plantó en medio la puerta: “Ya te puedes disfrazar de lo que quieras, que te conozco”, recuerdo que le dije. Nos dimos un abrazo y nos fuimos pa casa y tuvo al del taxi esperando en la puerta más de tres horas. Quedamos en que Elena iba a organizar ese espectáculo para los dos y ella le puso “Dos voces para el fandango”. Hacía Paco una primera parte de fandangos él solo, luego yo la segunda con mi repertorio – soleá, seguiriya, malagueña… y al final salíamos los dos de pie a hacer fandangos a porfía, con el acompañamiento de las dos guitarras, Paco del Gastor y Segundo, que le tocaba a Paco. Era un buen espectáculo y muy encendío, con mucho contacto con el público y las ovaciones eran apoteósicas. Todavía recuerdo la emoción de Onofre López que decía: ¡esto no está pagao con na! ¡Esto no tiene precio!

A Paco le decían que yo estaba ganando mucho dinero con sus fandangos y él, que era “el creador”, no pisaba escenario. Que eso no era cierto lo sabía Paco, yo y cualquier aficionao: ni él era el creador de su repertorio (en el flamenco sólo hay recreaciones) ni yo del mío: los dos bebimos de las fuentes que nos dio la gana y, ni Paco creó el fandango de Juan Mº Blanco, de Sta Bárbara, de Bartolo, del Comía, de Valverde…  ni yo los compases de la bulería Luz de Luna o el fandango de Calaña, o Como el Viento de Poniente que son los cantes que más me han pedido en toda mi trayectoria. Nadie mejor que un cantaor conoce la dimensión de sus compañeros aunque no siempre, cuando le preguntan, dice lo que piensa. Paco les seguía la corriente y luego, cuando nos veíamos, me lo contaba sabiendo que a mí me daba igual de to eso. Alguno, como Manolo Bohórquez[ii], le había llegao a decir que yo me estaba forrando imitándolo a él. Muy inteligente, Bohórquez… y por seguiriya, por soleá, por malagueña, serrana, bulería, también imitaba al Toronjo, como si El Cabrero no existiera. Nunca me he puesto en la personalidad de otro porque mi yo, y lo que lleva dentro, necesita espacio y no cabe nadie más.

Paco, como toda montaña que se precie, tenía sus aristas pero a los amigos se los quiere como son y yo lo quería mucho y lo admiraba aún más. Trabajamos juntos, vivimos juergas, él estuvo en mi casa y yo en la suya, nos perdimos juntos por ahí hasta tres días, cantamos, bebimos, cada uno lo que nos dio la gana, nos reímos hasta de nosotros mismos, pero nunca jamás nos perdimos el respeto.

La última actuación “profesional” que le vi fue en Ayamonte y ya estaba tocao. Luego ya sería en homenajes que se le hicieron en Huelva pero tienen mucho que contar y no es el momento.



[i] Sala de fiestas, en la Ronda de Capuchinos, de Sevilla propiedad de los hermanos que formaban el grupo de sevillanas “Los de La Trocha”.

[ii] Crítico de El Correo de Andalucía

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¿Dónde estaba escrito que no se podía cantar por fandangos?

Con el fandango me pasó lo mismo que con las vereas; las leyes decían que las cabras podían entrar y la guardia civil y los terratenientes decían que estaba prohibido.

Cuando Pulpón me avisó para los primeros grandes festivales, lo primero que me dijo es que allí no se podía cantar por fandangos. Bueno, pues si no entraba el fandango en los festivales no entraba yo. Intentó convencerme diciendo que todos los cantaores aceptaban esas normas y que eran festivales muy serios… ¡Como si el fandango fuera un chiste! Y digo que me pasó con el fandango como con las vereas porque ¿Dónde estaba escrito que no se podía cantar por fandangos?

Yo no sé el motivo de esa marginación cuando ya, en esa época, casi tos los grandes maestros habían grabao fandangos hermosos como cerros y, además, es un cante básico y patrón pa otros cantes… Y que nadie piense que es fácil, porque un fandango valiente del Alosno, o el de Juan María Blanco cuadraos y por derecho, son tan difíciles de resolver como un buen tercio de seguiriya… y sin embargo, el gran Paco Toronjo no entraba en los festivales; vivía de los tablaos y de cuatro fiestas. Él, que ha sido quien mejor ha hecho los cantes de su tierra de tos los tiempos…

La cosa estaba en entrar en esos festivales de solera renegando del fandango o ir en pos de la razón, que la tenía el fandango. Al ver que lo mío era un no rotundo, Pulpón,[i] me dijo que en los contratos que había firmado no ponía nada sobre eso; que fuera y cantara lo que me diera la gana y a ver qué pasaba. Debía de ser muy importante eso pa ellos porque, en varios festivales, los de la organización me lo advertían antes de cantar y yo, callao y luego, en la silla, donde yo mandaba, hacía varias tandas de fandangos y el público quería más… o sea, que esos aficionaos habían estao privaos de escuchar un cante que les gustaba porque a los que tenían la sartén por el mango les daba la gana. ¡Qué manera de ponerle trabas al sentir de gente!

PACO TORONJO: NADIE HA CANTAO MEJOR LOS CANTES DE SU TIERRA

En algunos festivales el veto fue descarao y hasta de por vida, pero la mayoría me siguieron llevando porque la reacción de los que llenaban los recintos mandaba. Siempre, todo lo que he podido hacer en el cante, ha sido gracias al público y no he sido yo el que impuso el fandango en los festivales, como se ha escrito, fuimos muchos; yo que me puse en contra de los organizadores y los aficionados que se pusieron de mi parte.

Así fue cómo empezó a sonar el cante por fandangos en esos festivales, rompiendo las sogas que lo sujetaban y salió con la fuerza del que ha estao revolcándose en la impotencia, amarrao. Poco a poco, al ver que la gente tenía sed de fandangos y que yo seguía ahí, se decidieron otros cantaores y, al poco tiempo, raro era el que no cantaba por fandangos en esos festivales “tan serios”.

Aquellos gerifaltes del flamenco me aceptaron pero no me perdonaron la desobediencia y me colgaron sus etiquetas: fandanguero, polémico, político, va disfrazao, un bestiajo, un rebelde… Las etiquetas son eso que dice de ti uno con mando, que parece que sabe, delante de otro con un micrófono o un bolígrafo y luego lo ves repetido, a lo largo de tu carrera, setecientas mil millones de veces pares.

La etiqueta fandanguero cuajó; todavía hay mucha gente, no los aficionados, que se creen que yo sólo canto por fandangos. Polémico…unas veces he llevao razón y otras no pero, la etiqueta de político debe de ser de otra gabardina: yo, con los políticos en el poder, los que reparten, nunca me he tratao, ni fotografiao, ni han venido a mis conciertos, ni he ido a sus conmemoraciones, aunque me invitaran. Que voy disfrazado… ¡Disfrazao iría yo si me pusiera, pa cantar, un traje y una corbata! Me visto como siempre se ha hecho en el campo. En lo de bestiajo, tendrán razón, soy más basto que un serón y muy torpe: llevo cientos de viajes y conciertos en el lomo y no sabría desenvolverme sin alguien al lado. ¡No sé ni el número de teléfono de mi casa! Digo yo que por esas cosas dirán lo de bestiajo y aciertan.

02 personal

Segundo por la izda. El Cabrero con su madre, dos de sus hermanos y vecinos

Rebelde, lo reconozco que nací así y desde niño me he rebelao contra lo que me parecía injusto: Tendría unos 8 años y me mandó mi madre a casa de uno que le decían Bigotes que, al sol puesto, vendía pan y pescao frito. Las mujeres andaban rozando monte y, al dar de mano, muchas iban allí a llevarse la cena y estaba siempre aquello mu concurrío y todas venían con prisa. Cuando llegó mi turno le grité: “¡Dame un kilo pan!” y el tío hizo que no me oyó, siguió despachándolas a ellas y yo venga a pedirle el pan a gritos. Al rato largo, cuando las atendió a todas, me miró y me dijo: Tú ¿Qué querías? Y, cuando me dio la telera, se la tiré a la cabeza; era mi forma de defenderme contra lo que, pa mí, era una injusticia. Cuando llegué a casa, sin el pan, y Bigotes detrás diciendo que yo era un criminal, me dieron una paliza. O sea, que desde niño me rebelaba y desde niño sé que eso tiene un precio. De todas las etiquetas que me han puesto, creo que ésa es la que mejor me pega.


[i] Antonio Pulpón era el manager de todos los flamencos de la época

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de | 19/01/2012 · 13:21